DIENTES DE PERRO



Os dejo hoy con una selección de diez micros de mi autoría de DIENTES DE PERRO, editado por Baile del Sol (Sta. Cruz de Tenerife, 2020).


CURSO DE LECTURA DE MICRORRELATOS

Comience exigiendo una frase contundente, germinadora. Sopese el ritmo interno de esa primera frase y, si le agrada, sígala. Dedique ahora su atención al proceso evolutivo de la pieza y no se deje impresionar por un cabo a medio atar o un silencio donde quepa la Enciclopedia Británica. Lea en el vacío con la precisión y naturalidad con la que una simple golondrina construye su nido en el alero. Dude del texto y del autor siempre y cada vez. Piense que de cada diez microrrelatos que caigan en sus manos, sólo uno será en verdad aceptable. Al llegar a la última frase, discurra sobre esta sencilla exigencia: “¿igualaría esta breve pieza al crujido que el caminante produce sobre la escarcha?”.



SÍSIFO

Esta es mi vida: por la mañana bajo al Mercadona y cargo con las bolsas hasta el cuarto piso; por la noche bajo con las bolsas hasta el contenedor.



CARCAJ

Entonces mi nuevo señor me pedía que le abriese las puertas del Sinaí donde era fama que habían sucumbido las tropas del Gran Jerjes, y él entonces, desde su bajel de almagre y plata (así decía), se internaba en la costa hasta caer exhausto, con un hilo de baba entre los labios y los ojos incendiados de placer, al tiempo que yo moría de rabia contenida, mientras en otras ocasiones me instaba a que absorbiera en él las grandes cataratas de El Ourit, en cuyas orillas, decía, nacen los más bellos corceles que jamás nadie haya cabalgado... pero las más me pedía que fuese yo quien cabalgase sobre su alazán por la dura tierra de la hammada, donde desde la eternidad deambulan las caravanas de las mujeres azules, mis descendientes, a quienes, tras sus palabras, he aprendido a despreciar tanto como a mí misma, pero ante la esperanza de volver con mi amado esposo, que Alá guarde entre los suyos, yo todo lo aceptaba, hasta aquella tarde en la que vi a mi nuevo señor inclinarse sobre su caballo favorito y llevarse las manos al vientre mientras se suponía que corríamos en socorro de la ciudad de Tombuctú, y entonces acerté a creer que la flecha que tantas veces en sueños le había implorado a Alá y que debía lanzar mi amado esposo, encerrado en el penal de Tbriz, por fin había abandonado su carcaj y encontrado en mi nuevo señor su destino.



DESAPARECIDOS, 4



Descubrimos unos huesos y nos dijimos “es aquí, éstos son”. En uno de ellos apareció una sortija y en la sortija un nombre. Un nombre. La guardé en un bolsillo de mi pantalón y al llegar a casa la puse sobre el escritorio, porque quería indagar en aquel nombre, pero enseguida, cuando ya había apuntado suficientes datos, el nombre saltó del papel y se fue haciendo hombre, de modo que observó la sortija, se la puso en un dedo y, jugando con ella, se asomó a la ventana; de espaldas me preguntó que qué día era, si no sentía calor, si había llegado su mujer. Yo lo miraba sin saber qué contestarle porque no me cabía ninguna duda de que el hombre que tenía ante mí estaba muerto y atribuí todo aquello a una experiencia alucinatoria, algo de naturaleza onírica, pero como no deseaba dejarme llevar por la emoción ni engañarme con su “apariencia”, le fui contestando vaguedades. Al cabo se giró y me mostró unas manos ásperas y unas uñas rotas. Se sentó y le miré a los ojos sabiendo que no podía ser, que estaba muerto pero con una voz serena y lenta me contó que la sortija era un regalo de su mujer y que ella le estuvo esperando durante años junto a su hijo pequeño hasta que ambos tuvieron que aceptar que lo habían matado y huyeron hacia el Norte, donde nadie los conocía. No quise replicarle porque tenía sus datos ante mí. Para qué. Aun así, todo aquello no podía ser real y, en efecto, al momento se restregó los ojos, se alzó de la silla y se marchó, quitándose la sortija del dedo y dejándola sobre la mesa, en la misma posición que yo la dejara. Seguía convencido de que todo aquello eran imaginaciones y sueños míos y así me fui incorporando a la realidad, pero al asomarme a la ventana volví a verlo -¡lo estaba viendo!- de la mano de un niño, y al girar su cara supe que quien se alejaba era yo y que el niño que entonces iba a mi lado era mi hijo.



EXAMEN DE REPRODUCCIÓN SEXUAL


La reproducción sexual es la manera de que los padres puedan tener niños. Hay otras maneras pero entonces hay que irse a una farmacia o a un sitio de ésos donde todos salen muy requeteserios y con batas blancas. Un laboratorio, me dice Merchi. Pues eso, un laboratorio. En muchas pelis se ve muy clarito. Digo lo de los papás y todo eso. Yo vi una que se metían en un coche y papá me miró y me dijo, ¿ves?, se están queriendo. Queriendo qué, pensé yo, pero me callé porque papá es muy suyo para sus cosas. Bueno, eso, que se tienen que querer y no darle asco de nada. Los papás de Lucía lo hicieron un día en la cama y ella vino y nos lo contó y, la verdad, todo era muy raro y le puede preguntar a ella, que todavía se acuerda. Pero, bueno, si lo que quieres es un bebé, tienes que encontrar un pene grande con todos los espermatozoides que puedas. Si no es grande no vale, porque tienes que meterlo bien metidito en el ombligo para que así los espermatozoides lleguen antes a la barriga donde unos óvulos ya los están esperando, pero esa parte no me ha quedado clara. Porque de dónde salen los óvulos. A lo mejor se compran en la farmacia y es por eso que los padres de Carlos, que son tan pobres, no podrían tener más hijos aunque quisieran. Si en vez del ombligo lo haces por la boca a lo mejor ni te quedas embarazada ni nada, pero Lucía dice que sus padres también lo intentaron por ahí, así que debe ser lo mismo, aunque tarden más o lo que sea.


MIGAS DE PAN

Acababa de soltar el cuento de Pulgarcito sobre la colcha cuando su padre entró. “Hija de puta, a ti te voy a arreglar yo”, lo oyó gritar y ya no paró. Él corrió a esconderse bajo la cama, pero escuchaba los golpes, de modo que se juró que esa misma noche escaparía. Aguardó a que la luna saliera por la morera para hacerlo y, tal como leyó en el último cuento, fue arrojando migas de pan camino adelante, porque un día, cuando fuera mayor, tendría que volver a por su madre. Dejó atrás el bosque, rodeó una laguna, atravesó tres cordilleras y cruzó un gran río. Cuando no le quedaban más migas, se detuvo. Su madre lo encontró veinte años después en una ciudad del Norte. Él le preguntó cómo había logrado dar con él y ella le contestó que siguiendo aquellas miguitas, su único alimento durante la búsqueda.



SUFRIMIENTO

a mi padre

Mi padre perdió a su hijo de sólo once años. Jamás mostró su sufrimiento. Se hizo cargo del nuestro en absoluto silencio. Veinte años más tarde, mi hijo tuvo un severo brote epiléptico. Mi padre fue testigo de sus últimos espasmos, y de la extrema lasitud que deviene más tarde. Fue entonces cuando mi padre se sentó en una silla, se tapó la cara con las manos y sin dejar de estremecerse clamó entre sollozos: ¡OTRA VEZ NO, OTRA VEZ NO, OTRA VEZ NO! Sólo entonces entendí la magnitud de su sufrimiento.




DESAPARECIDOS, 3 (el mar)



Era el mar. Nunca antes había visto el mar. Mi compañero de banco decía que en unos pocos minutos nos arrojarían. Aún no podía creérmelo, pero tampoco me creí lo de la picana, lo de que nos arrancarían las uñas, lo de que nos robarían los hijos y todo lo demás. Era el mar. Se abrieron las escotillas… y fuimos cayendo como piedras, como decenas de piedras… y yo me debatía entre lo injusto que es ver así el mar y el alivio de estar dejando atrás a los torturadores.



POSTAL DESDE LA HABANA, 3 (nuestra mujer en la Habana)

a Ángeles para quien, efectivamente, compramos las cubanitas

Mira, tonta, te he comprado las cubanitas que aquí llaman coquitos. Ni te imaginas lo que me ha costado encontrarlas. Al final, como no las había por ninguna parte, me he hecho de ellas en el mercado negro a través de un joyero que no se fiaba ni un pelo de mí. Echa cuenta. Entre labios me dice que el material empleado es el acero quirúrgico que la gente se roba de los quirófanos, ya ves el plan, y que si me pillaran tendría que decir que si patatín que si patatán... de modo que en cuantito me veo en la calle, me entra un cosquilleo por todo el cuerpo que ríete tú, y me pongo como un campanillo, así que quiero salir del barrio aquel cuanto antes, pero imposible, niña, los taxis llenitos a rebosar, así que mientras volvía al hotel en el bici-taxi, veía impresos sobre mí todos los ojos de La Habana y yo, te lo juro, creía que no llegaba al Sevilla, reina, sin que me trincaran -tú me conoces- y con un bisturí me arrancaran los pezones y me entregaran a la KGB. Todo, todito el rato al borde del infarto y total por unos zarcillos que cuestan cuatro Cucs. Ya en el patio del Hotel Sevilla, con los bongoseros y la limonada frappé, chica, le cogí gusto al asunto porque así me figuraba yo que debía ser la vida de los espías y los gánsters, pues las cubanitas no eran más que los detonadores de los misiles rusos que miraban hacia NYC y en mi bolsillo, niña, descansaba la tranquilidad del mundo. Y ahora para que me digas que no te gustan, que las hubieras preferido doradas.

 


 

BUZOS

En no recuerdo qué libro del cubano Virgilio Piñera se afirma que los buzos de Nianin (Senegal) consiguen atravesar el océano en muy poco más que una vida.





REHÉN

Ahorita no más escucho dentro de mí su corazoncito y siento miedo, mucho miedo, porque primero escucho su golpe seco en el interior del pozo, y aún antes, pero al mismo tiempo, como si las cosas estuviesen ocurriendo ahorita hacia detrás, sus gritos cuando mis hombres le abrieron el pecho y le sacaron el corazón y vuelvo a escuchar mi voz dos minutos antes cuando dije: déjense de vainas y agárrenme a esa pisca, a ver si su corazón me vale. Y ahora, ya pasado el trasplante, siento miedo de que ella, la pisca, digo, ahoritita que sabe que me tiene bien agarradito por las güevas, me diga que va a detener su corazón, para que usted lo sepa nomás, hijueputa, me voy a detener, me voy a detener, porque ahoritita, pendejo, vos estás en mis manos.




DESAPARECIDOS, 2 (flores)

No estaban. De pronto los había absorbido la tierra. Pasaron años pero al cabo del tiempo brotaron unos tímidos dedos muy parecidos a los espárragos, pero dedos, y tras los dedos unos tallos y tras los tallos unas flores carmesíes que sabían a sangre. Un biólogo estudió el caso pero al poco ciertos desconocidos le partieron las piernas. Vino un forense y le extrañó lo de los tallos, pero enseguida lo destinaron a otra plaza. Vino un juez y después de algunas indagaciones, percances y visitas decidió archivar el asunto. Vinieron luego unas vacas que no quisieron comer de aquellas plantas con apariencia de dedos y olor a sangre. Araron la tierra, la quemaron, la rociaron de complicadísimos productos químicos y jurídicos pero los dedos, ya cientos, miles de dedos, siguieron brotando de la tierra áspera y tras ellos los tallos y las flores, hasta que, por otro prodigio de la biología, comenzaron a salir manos, cientos de manos, y, tras ellas, antebrazos, brazos completos… y entonces, prodigio entre prodigios, muchos se taparon los ojos, los oídos y caminaban entre las plantas sin decir esta boca es mía.






Dientes de perro, Manuel Moya (ed. Baile del Sol, 2020).









BAUDELAIRE, EL GRAN ALBATROS

Tal día como hoy, en 1867, lejos aún el siglo XX moría en Honfleur, Carlos Baudelaire, albatro mayor de estos reinos, padre político de todos nuestros imaginarios. Inventor de la crítica moderna, del poema en prosa -con el permiso de Aloysius Bertrandt-, de la poesía moderna y reinventor de Poe. Larga vida a su nombre y a su obra.
Dejo el poema El albatros, un poema de juventud que escribió tras su frustrante viaje a las islas Mascareñas y que le hizo afianzarse a sí mismo. Hace años revisité su tumba -lo hago cada vez que el destino me lleva a París- compartida con su padrastro, ay, al que tanto abominaba.
 
 

L'Albatros

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

À peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d'eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu'il est comique et laid!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.
 
 
EL ALBATROS
versión Manuel Moya
 
Por distraerse, a veces, suele el marinero
cazar el albatro, gran ave del mar,
que indolente sigue, buen compañero de viaje,
al barco que se adentra en amargos abismos.
 
Apenas lo echan sobre cubierta,
este rey celeste, torpe y avergonzado,
deja penosamente sus blancas alas,
semejantes a remos, caer a sus costados.
 
¡Qué inútil y qué débil, este alado viajero!
Antes tan hermoso, ¡qué feo y grotesco ahora!
¡Uno quema su pico con la pipa,
otro imita renqueando al planeador inválido!
 
Es el Poeta igual a este señor de las alturas,
Que ríe de la flecha y afronta la tormenta.
Desterrado en la tierra, sufriendo el griterío,
sus alas de gigante le impiden caminar.
 
 

 

CUÁNDO SE JODIÓ MARIO VARGAS LLOSA

MARIO VARGAS LLOSA, ENEMIGO DE SI MISMO


Beso 

 

Llevo varias semanas siguiendo la actualidad política del Perú, tras las elecciones que ganó Pedro Castillo por un margen estrecho y limpio de votos y que Keyko Fujimori se niega empecinada e infantilmente a aceptar, acaso porque de no ganar las elecciones lo que le espera sean las rejas, de donde, por otra parte, acaso no debiera haber salido. Rumores de sables y de golpes de estado contra lo salido democrática y limpiamente en las urnas se escuchan estos días en Lima, todo ello edulcorado con el supuesto de un fraude electoral que no reconoce ni la OEA, ni Estados Unidos, ni Canadá, ni Europa ni ningún otro país o organismo internacional del mundo. Lo que ocurre en Lima -que no en el resto de Perú-, es que la oligarquía -esa que tanto atacó Llosa en sus prometedores principios- no está dispuesta a que la provincia, los cholitos, les quiten sus prebendas, sus coimas, sus cositas. Y en medio de todo esto, ¡Mario Vargas Llosa!, dando pábulo a estos sables que pueden llenar al país de sangre y de negruras, una vez más. La deriva personal y política de Vargas Llosa es algo que asusta. Desde posiciones iniciales de izquierda, refrendadas en sus primeras obras, a la ensaladilla mental que ahora tiene en su cabeza, apoyando al golpismo militar, dando pábulo y refrendo moral a una maniobra antidemocrática y por ende antipopular, que entre otras cosas quiere seguir poniendo de lado al mundo indígena, al mundo rural y campesino de su país, abocados a la pobreza y a la exclusión en las decisiones políticas del país. Llosa, el Llosa de Conversación en la catedral, el de La ciudad y los perros, el de La casa verde o incluso el de La fiesta del chivo y El sueño del celta, toma ahora el papel de conspirador contra la decisión democrática de su propio pueblo, alistándose con la oligarquía, con los contrapoderes que él mismo en estas obras denunció.


Soy -he sido, quiero decir- un asiduo lector de Mario Vargas Llosa desde que, muy joven, cayó en mis manos Los cachorros, una novela excepcional, que habla de una sociedad victimaria, machista y ficcional que puede llegar a destruir -y de hecho destruye- a los más débiles o a los más inadaptados. Y todo desde un lenguaje, desde una fórmula que se convierte en adictiva, de manera que apenas das inicio a la novelita, ya no puedes soltarla, cosa que me ha sucedido casi siempre en la primera época del autor. Seguí con su primera novela, La ciudad y los perros, que con una narración deslumbrante, seguía hablando del machismo y de una sociedad injusta y despreciable en una institución, la militar, que parece encarnar en sí mismo la garantía de orden y los valores de una sociedad, pero que está corrompida hasta la médula. Seguí con La casa verde, acaso su mejor novela, que habla de los mundos indígenas del Amazonas peruano, de esos otros, los inexistentes, abocados a una existencia residual y que tan poco espacio habían tenido en la literatura peruana hasta entonces. Una novela caudal y plural, como el propio río. Conversación en la catedral, su siguiente obra, es una novela mayúscula, prodigiosa, que indaga sobre los elementos sociales que llevan a una sociedad a su abyección. Según la crítica, Conversación es el punto de mayor altura creativa de MVLL y ciertamente se trata de una de las mejores novelas de nuestro tiempo. Vinieron luego Tía Julia, una sátira autobiográfica que interpreté como un descanso creativo, una boutade bien escrita y poco más, para de inmediato seguir con Pantaleón y las visitadoras, donde su indiscutido virtuosismo no logra sacar adelante una novela intrascendente apta para las siestas estivales: trabajos de esgrima y poco más. Su siguiente entrega, La guerra del fin del mundo (1981) es un fresco latinoamericano -la novela se escenifica en Cañudos, Brasil-, que leí en una noche en una pensión sevillana y que es un derroche de tensión dramática y literatura imperecedera, donde el autor regresa a sus temas favoritos, la opresión del estado sobre el individuo, frente a su necesidad de liberación. Y es que son, más allá de la magnífica e innata habilidad literaria del escritor y su profundo conocimiento de los procedimientos narrativos, la libertad y la opresión los protagonistas absolutos de las primeras y mejores novelas de un deslumbrante MVLL. Aquí, en La guerra del fin del mundo, que en nada tiene que envidiar a Guerra y paz, de Tolstoi, acaba su primera y esplendorosa época. Luego vino su aventura y derrota política contra el fujimorismo y su conversión al primero al liberalismo y luego al reaccionarismo a ultranza que rompe con su visión social del mundo. Reaparece diez años más tarde, tras varias obras fallidas, con La fiesta del chivo, una novela sobre el dictador dominicano Trujillo, que pese a estar a años luz de las grandes novelas de su primera y gloriosa etapa, conserva su interés y retoma los elementos de crítica política que habían caracterizado a sus primeras y exitosas obras. Pero éste de hace exactamente cuarenta años era ya, sin saberlo, su canto de cisne, su despedida de la excelencia, su deflagración como escritor. Desde entonces no ha escrito sino obras olvidables y decepcionantes que no han conseguido entre sus lectores -entre los que me encuentro- más que cansancio, acaso con la excepción de Travesuras de la niña mala, obra menor entre las suyas, pero que al menos consigue echar a andar un personaje de cierta entidad literaria. El paraíso en la otra esquina está escrito sin entusiasmo -el entusiasmo: una marca de sus primeras novelas- y no consigue elevar el vuelo, no consigue hacernos atractivos a los personajes ni la realidad que cuenta, así como El sueño del Celta, obra fallida en la que vuelve a sus primeros temas pero ya carente de ángel, de tensión dramática, tal vez fruto de la impostura que supone no creer en la historia que el escribidor anda contando. Como dije, desde hace 40 años  MVLL sólo ha escrito dos obras más o menos reseñables, Travesuras y La fiesta del chivo, ambas muy por debajo de su talento, todo sea dicho.

10 libros imprescindibles de Mario Vargas Llosa 


En estos días Vargas Llosa está llegando a su deflagración más absoluta. Me pregunto qué es lo que le hace derivar contra sus principios éticos y políticos, los mismos que le ayudaron a alcanzar una literatura y un estatus de escritor universal del que hoy goza y que dilapida por momentos. Su apoyo en la actuales circunstancias a Keyko Fujimori, hija del político que, tras derrotarlo en las urnas, acabó convirtiendo el Perú en una dictadura que terminó como el rosario de la aurora, con Fujimori y su compinche Montesinos encarcelados por apropiaciones indebidas, corrupciones, al margen de delitos de lesa humanidad, parece impropio de un hombre de su entidad y de su pasado. ¿Mario Vargas reaccionario, pro-golpista? Ni en las peores pesadillas lo hubiera creído posible, aunque su cercanía a vox, sus aires de duque de Inglaterra, y sus peligrosas amistades, ya me hacían presagiar esta deriva que califico como autofagocitadora. Me pregunto si esta reconversión tan disparatada y tan contraria a sí mismo, no será una venganza del actual Vargas Llosa contra el Vargas Llosa que le dio lustre y que ha desaparecido; me pregunto si esto no es más que una forma de auto-venganza, de auto-aniquilación, una manera de fagocitar a ese escritor al que se lo debe todo y, esto es importante, al que viéndose incapaz de superar, mata? Que alguien le diga algo, por favor, ante de autodestruirse por completo.

COLOMBIA PARO GENERAL 2021

Paro Nacional hoy 26 de mayoPoco se cuenta en las redes o en la prensa de lo que durante estos días ocurre en Colombia, que lleva un mes en la calle, que es exactamente lo mismo que ocurrió antes de la pandemia en Chile, que es lo mismo que lo que ocurrió en Honduras, etc..., es decir la ruptura del contrato ciudadano-estado, con la reformulación que de este contrato hace el neoliberalismo siempre con la mediación sicaria del Estado. Poco se cuenta y es, según advierto, uno de los elementos políticos más relevantes y decisivos de nuestra hora: la cesión del estado ante los grandes intereses económicos del momento. Aquellas cesiones que pueden desestabilizar la pacífica convivencia de los pueblos, ya de por sí zarandeados. El papel impositivo (y coercitivo) de los Estados, abocados a deudas y gastos cada vez más insufribles para la ciudadanía, debidos en gran parte a una discrecionalidad impositiva que siempre aprieta las tuercas de los más necesitados para a la vez liberar las cargas de quienes más se benefician del sistema, es cada vez más arbitrario, empobreciendo lentamente a la base social y haciendo que cada más y más capas de la sociedad se vean abocadas a la pobreza, a la marginalidad y al desamparo. Y muy en especial los jóvenes, que soportan un presente precario, pero que ven el futuro sin ninguna esperanza, y una juventud sin esperanza, una juventud sin expectativas, es un fósforo encendido en un pajar. Este sarpullido que viene recorriendo América de parte a parte y que en estos días se ceba con las calles de Colombia, no debe parecernos un elemento exótico a nosotros, los ciudadanos europeos, sometidos a parecidas tensiones, sino algo a tener muy en cuenta porque cada vez se hace más apremiantes, más difíciles de soportar. El neoliberalismo salido de la caída del muro berlinés, allá en el 89, nos está enseñando en estos días su cara más infame en Colombia, y de alguna forma se está acercando paso a paso a su propio abismo. Los ciudadanos no pueden (no podemos) ya seguir soportando más presión, expresada con precariedad, bajadas de salarios y subidas abusivas de impuestos y precios. Ayer, sin ir más lejos, eran las empresas energéticas (la electricidad), y los bancos (con sus abusivas comisiones) las que daban una vuelta de tuerca más a nuestra cada vez más precaria economía, y mañana serán la subida del iva de determinados productos, el pago de peajes en autovías... Yo me pregunto, hasta cuándo podrá aguantar el maltrecho sistema estos abusos perpetrados por las instituciones, verdadero perros del neocapitalismo más destructivo, autista y obtuso. Hasta cuándo tendrán que pinchar y extorsionar a la población para que ésta tome medidas que reformulen un nuevo y esperanzador contrato social, como está sucediendo ahora mismo en Colombia.

PAVESE, TRES POEMAS

 Vuelvo con Cesare Pavese, ahora con un par de poemas de Lavorare stanca (Trabajar cansa), una de los obras maestras de la lírica italiana del novecientos y que ando acabando de traducir en estos días. Pavese ensaya aquí lo que él llama el poema-relato y que tiene precedentes en la lírica inglesa del XIX, pero que él lleva a sus últimas consecuencias, no sin antes pasar por Walt Whitman. En este libro, donde se combinan las puestas en escena rurales con las turinesas, Pavese intenta crear una atmósfera donde los elementos primordiales de la naturaleza, los que luego, a partir de Vacaciones de agosto transformará en mitos que culminarán en su libro postrero, La luna y las fogatas, se combinen con la dura existencia de los obreros, de las prostitutas, de los chavales, de las mujeres de la calle, de los viejos... que son los sujetos protagonistas de estos poemas de corte existencial. Estos poemas escritos entre 1930 y 1940 ya contienen todos los elementos de la obra pavesiana. Lo que Pavese hará a partir de entonces será  profundizar en la grieta que abrió - y que dejaba ver- con este primer proyecto.

Os dejo con tres traducciones mías (Manuel Moya):



GENTE SIN ARRAIGO


Demasiado mar. Ya habíamos visto demasiado mar.

Por la tarde, cuando el agua lavada se extiende

y se difumina en la nada, el amigo la mira

y yo miro al amigo y ambos callamos.

Al atardecer acabamos en el rincón de una tasca,

aislados por el humo, bebiendo. El amigo tiene sus propios sueños

(son un poco monótonos los sueños en comparación con el fragor del mar)

donde el agua no es más que un espejo, entre una isla y otra,

de montañas, estampadas de flores salvajes y cascadas.

Su vino es así. Se observa, mirando al vaso,

subiendo las verdes montañas sobre la llanura del mar.

Me gustan las montañas, y lo dejo hablar sobre el mar

porque el agua es muy clara, y hasta las piedras se ven.


Veo sólo montañas y me llenan cielo y tierra

con las líneas firmes de sus siluetas, lejanas o cercanas.

Sólo las mías son escabrosas y jalonadas de viñas

desfallecidas sobre la tierra curtida. El amigo las acepta

y quisiera cubrirlas de flores y de frutas salvajes

para descubrir riendo a chicas más desnudas aún que las frutas.

No hace falta: en mis sueños más escabrosos no les falta una sonrisa.

Si mañana temprano nos ponemos en marcha

hacia las colinas, podremos encontrarnos por los viñedos

con alguna chavala morena, tostada por el sol,

y, dándole conversación, probar algunas de sus uvas.


                                                                                            [1933]



PENSAMIENTOS DE DEOLA


Deola se pasa la mañana en el café

y ninguno la mira. A esta hora todos en la ciudad

corren bajo el sol aún fresco del alba. No busca a nadie

Deola, sino que fuma tranquila y respira la mañana.

Mientras vivió en el burdel tuvo que dormir a estas horas

para reponer fuerzas: la colcha de la cama

la ensuciaban con sus zapatones soldados y obreros,

los clientes la dejaban molida. Pero por cuenta propia es distinto:

se puede hacer un trabajo más fino, sin cansarse.

El señor de ayer, la despertó temprano,

la besó e hizo que lo acompañara (querida, si pudiera, me quedaría

contigo en Turín) a la estación

para que le deseara buen viaje.

Está atontada, pero fresca, esta vez,

y le gusta ser libre y beber su leche

y comer sus bollos. Esta mañana Deola es una medio señora

y mira al que pasa tan sólo por no aburrirse.

A esta hora se duerme en el burdel y hay un olor a cerrado

-la patrona se da una vuelta-, es estúpido permanecer dentro.

Para darse una vuelta por la noche a los locales hay que tener buen tipo

y en el burdel, con treinta tacos, lo poco que queda se ha perdido.


Deola se sienta mostrando su perfil al espejo

y se mira en el frescor del azogue. Un poco pálida de cara:

no es que el humo la empañe. Frunce las cejas.

Necesitaría de las ganas de Marí para continuar

en el burdel (porque, querida mía, los hombres

vienen a darse caprichos que no obtienen

ni de la mujer ni de la novia) y Marí trabajaba

sin cansarse, briosa y rebosante de salud.

Quienes pasan ante el café no distraen a Deola

que sólo trabaja de noche, con lentas conquistas

bajo la música de su local. Echando una ojeada

a un cliente o buscándole la vuelta, le gustan las orquestas

que la hacen parecer una actriz en una escena amorosa

con un joven ricachón. Con un cliente tiene más que bastante

cada noche para ir tirando. (A lo mejor es verdad que el señor de ayer

quiere llevarme). Permanecer sola por la mañana

y sentarse en el café. Sin buscar a nadie.


                                                                                   [5-12 de noviembre de 1932]

 

 unesco_shutterstock


LUCERO DEL ALBA



El hombre sólo se levanta cuando aún el mar está oscuro

y vacilan las estrellas. Una tibieza de brisa

sube de la orilla, donde está el lecho del mar,

y endulza el aliento. Es la hora en la que nada

habrá de suceder. Incluso la pipa cuelga apagada

entre los dientes. Nocturno es el sumiso chapoteo.

El hombre solitario ha encendido con ramas una gran fogata

y mira cómo se enciende el terreno. También el mar

dentro de poco será como el fuego, inflamado.


No hay nada tan amargo como el alba de un día

en el que nada ha de ocurrir. Nada hay tan amargo

como la inutilidad. Pende cansada del cielo

una estrella verdosa, por el alba sorprendida.

Mira el mar aún oscuro y la mancha del fuego

en la que el hombre, por hacer algo, se calienta;

mira y cae en el sueño entre las sombrías montañas

donde hay un lecho de nieve. Es despiadada la lentitud

de la hora para quien ya nada espera.


¿Vale la pena que el sol se eleve sobre el mar

y dé comienzo la larga jornada? Mañana

con la diáfana luz volverá el alba tibia

y será como ayer y nada nuevo ocurrirá.

El hombre solitario pretende sólo dormir.

Cuando la última estrella se apague en el cielo

el hombre preparará la pipa y, despacio, la encenderá.


                                                                   [9-12 de junio de 1936]