ROMA
ROMA
error más frecuente del viajero apresurado que pisa Roma consiste en creer que Roma es lo q
ROMA
En esta guía portátil de las ciudades imaginadas, no podría faltar Roma. Alguien que alguna vez se haya visto atrapado por el inverosimilitud de Roma no puede sino imaginarla, imaginarla hasta quedar desfallecido de tanto y tanto imaginarla. Porque el error más frecuente del viajero apresurado que pisa Roma consiste en creer que Roma es lo que aparece ante su vista, lo que está donde tiene que estar: ese arco ahí, esas rotas columnas allá, la iglesia barroca un poco más allá, la fuente, el panteón, la estatua fustigada, el acueducto, la inscripción, los ángeles anclados en el puente...
¡Pero, no, de ninguna manera! En Roma vemos sólo lo que de ella imaginamos, sólo lo que columbramos que fue o cómo tendría que haber sido, porque realmente es y fue muy distinta a lo que creemos que es. Debemos advertir a nuestros sagaces lectores que aparentemente observan Roma, que la Roma vista, la Roma que se alza ante nuestros ojos, es, por decirlo así, la anti-Roma, la ciudad que nos escamotea Roma, entregándonos la ciudad que en apariencia -y sólo en apariencia- tenemos delante de nosotros. Ésa que durante décadas hemos imaginado e incluso soñado mirando álbumes, repasando enciclopedias, e incluso adquiriendo grabados de Piranesi, y que a poco que no nos dejemos engañar por las apariencias, parece estar ahí, a nuestro alcance, a nuestra espera, de nuestra parte, pero no, es una mera y a veces confiada ilusión. Hoy, como siempre, la verdadera ciudad sigue abriendo sus puertas a la tentadora imaginación de quien desde su primer espejismo la reconoce como la más sutil y acabada forma de la ausencia.
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