DE ANTOLOGÍAS Y OTROS ANTOJOS

Creo que ya lo he comentado alguna que otra vez. No me molan las antologías. Todas ellas subrayan más al antólogo que al "fabro". Cada cual tiene en su cabeza una selección nacional de poetas o de futbolistas, tanto monta, y no es necesario acreditar saber de poesía contemporánea o de fútbol. En los 90 del siglo anterior se daba el caso de que lo verdaderamente sustantivo del género poético eran los críticos y antólogos. Ellos dirimían la suerte poética, repartían el urbi et urbis. Tal vez lo sigan haciendo. Los poetas eran/ éramos el plumón de relleno. Desde Castellet -incluso diría que desde Dámaso Alonso- las antologías sirven un poco para calentar los partidos, pero el partido lo siguen jugando los poetas, mal que le pese a los antólogos. Tomo prestados unos versos de Violeta c. Rangel, del 97, que hablan, cómo, de todo esto: 


EL tema era Madrid,
Madrid, toda esa peña
dispuesta a socorrerte, a descubrirte,
a envenenarte, a darte cal, a darte arena.
Aquel viejo podrido en el andén,
capaz de encalamarte, si se tercia,
hasta sus piños
por dos copas de ginebra.
Los camareros desmochados del Gijón,
las chinches de Carretas,
el rey, chaval, toda su recua.
Oye, nena, aquí hay que mamar o, en fin,
date por muerta.
Madrid, Madrid, qué flipe de ciudad,
cuántas porteras.



Ahora añadiría:



Avecillas de corral,
se abre la veda.