BANDERAS, BANDEROLAS, BANDERETAS

UNA DE NOSTALGIA
¿Recordáis esos domingos antiguos en los que uno bajaba a la plaza a mercarse El País y luego aprovechaba para tomarse un cafetico leyendo por encima El Mundo o la Razón para ver qué decían esos cachondos de la acera de enfrente?



 OLA DE INCENDIOS EN GALICIA

(OLEADA DE INCENDIOS EN GALICIA, ASTURIAS Y PORTUGAL)

 Ondead, ahora sí, banderas patrias y galegas, nos queman Galicia.

VEÑEZUELA AGAIN
(DETENCIÓN DE DOS LÍDERES POLÍTICOS CATALANES)

qué les parece si hoy discutimos sobre las últimas detenciones políticas en Venezuela.

POESÍA REVISITADA I (EFECTO PANORÁMICO)

POESÍA REVISITADA


Hoy tengo al ánimo vintage. Voy a tratar de recorrer mis libros de poesía con un poema (si son muy breves, dos) en lo que no es una antología, sino más bien un recorrido panorámico.

Comienzo por La casa del talud (La noche extranjera). 1993. Torredonjimeno. el libro narra mis experiencias en el desierto almeriense y la Alpujarra granadina. Esas experiencias habían ido tomando forma en mí con el pasar de los años, sin que tal vez fuera muy consciente de ellas, hasta que un día, casi diez años después brotaron casi sin que yo me diera cuenta, en una combustión espontánea. Durante meses trabajé y trabajé cada uno de los poemas, obsesivamente. Lo envié a varios concursos y siempre tuvo opciones de ganar, pero fue gracias al G. Celaya, de Torredonjimeno (1993) que el libro por fin vio la luz. En concreto el poema es una visión completamente real. El talud y la casa existen no lejos de Playa de los Genoveses, hacia el interior, en una de esas ramblas perdidas e inaccesibles. Andaba yo fastidiado, pero la visión de esa casa, la sola visión de esa casa, me aclaró algunas cosas. Creo que desde entonces sigo en esa suspendida casa del talud, en lo que tiene de precariedad, en lo que tiene de incertidumbre, en lo que tiene de símbolo.

LA CASA DEL TALUD

Esta es la casa del talud,
a su lado una chumbera, el huerto
en el que bulle, milagroso, un limonero.
Un camino asciende, entre recodos,
la tierra calcinada, allá donde litigan
el viento y los espartos.

Tiene la casa una mínima ventana
de añil desva­necido,
que brota como un lirio hacia el talud.
Estoy lejos. No acierto a distinguir
el rostro del alféizar.
Espero en vano el brillo de unos ojos,
cualquier pequeño movimiento,
la levedad de un tacto o de una sombra,
la verde arboladura de unos pasos en la tierra.
Hastiado de vergeles y de fuentes,
de andamios, cruces y alamedas,
de pérgolas y aljibes
que sirven en la noche
de cerrado fortín a los amantes...
he vuelto a los caminos,
pero sabed, sabed
que es la casa colgada en el talud,
el huerto donde bulle, milagroso, el limonero,
la huida estrecha del camino,
el rostro y las manos que no vi
observándome desde el alféizar,
lo que me sigue como un río o un dolor
a todas partes.

*
 
EL DESHABITADO

I

Exiges a la obra un argumento,
un menester, la vieja deuda.

Pero no aguardes un final
ni en todo aceptes su artificio.

Te quema el polvo y vas con él,
no sabes cómo.


II

De niño te amparaban esos muros
que tal vez los de tu sangre concibiesen.
En el orden intuido de sus piedras,
macerabas la razón y en ella hervías.

Escrito estaba todo y tú, tigre de amnesia,
higuera en la borrasca, buscabas en los muros
protección y no... ya no la había.


III

Hay noches cuando el río.
Lo sientes como sientes que eres joven.
Preparas un café y el río sigue y sigue
voraz como una rosa.
La noche fragua en la ladera
y abajo prende un fuego de peces imposibles.


IV

DE las nubes que pasan derruidas,
de los sueños, del propio caminar
doliente y solo, de la hierba
que sigue a la batalla, de la casa,
de la hoja que aguardaba su sazón,

no quedas sino tú, el Deshabitado.





 *
El segundo de mis libros, titulado Las horas expropiadas (Talavera de la Reina, 1995), era un libro de extrañezas, de curiosidades existenciales y de cierta búsqueda formal. Tal vez un libro inmaduro, pero que refleja sin duda, mi obsesión formal, pro dominar los ritmos internos, por crear atmósferas, como señala el poema Albaricoques negros, incurso en una serie de "sonetos", donde creo buscaba formas, texturas poéticas, llevado por las corrientes de la experiencia, que entonces era la hegemónica en España. La corriente, que seguía los dictados de la poesía clara de Biedma, pretendía rebajar la solemnidad lírica y acabar con los poemas  herméticos, cosa que a mí me interesaba pro entonces. Violeta, años más tarde, supuso para mí, una superación de esa poética.
El siguiente poema, Autorretratos, lo escribí con dieciocho años y se quedó ahí, retratándome sin saber exactamente que lo hacía. Yo creía que esto que me pasaba a mí (lo de la vida especular y múltiple) le pasaba a todo el mundo. Pero no, como la homosexualidad, el gusto por la papiroflexia, o cierta tendencia a la certidumbre o a la hipérbole, es algo que sólo le ocurre a quien le ocurre y adiós gracias. Vivir como un escindido no difiere mucho de vivir como un forofo de la Real Sociedad, hay que admitirlo, pero tiene su aquél, como dicen en mi pueblo. Este poema habla de eso. Luego de escribirlo conocí a Pessoa, Paz, el Machado de los complementarios y me dije, tate, uno nunca está completamente solo. Apareció en


ALBARICOQUES NEGROS


Despierto con albaricoques negros,

con una gota de yodo cubriéndome el costado,

con un rumor de semen metido entre las ingles,

con un engrudo que no deja pasar la dicha



que he intuido siempre como lago interior,

como palmera sola que cuelga del barranco

cuyo fruto recogen sólo aquéllos

que se juegan su vida y la malpierden.



Despierto con albaricoques negros,

con un pulmón de sangre entre las manos

que va logrando textura y consistencia



con las horas. Que se va alzando como

línea férrea a través de este desierto

que cruzo, que narro, que cavo y que defiendo.



AUTORRETRATOS 

Este soy,
quien ahora se empeña en habitarme,
quien inútilmente me abraza acá en el sueño
por calles que dan a mi propia geología,
donde todo finge y todo se completa,
tan convicto de mí como yo mismo.
Y es esa mano que me sigue
como un muerto a todas partes,
que a mi lado lucha
que a mi través camina
sin plazos ni objeciones,
sin sumas sin sombra y sin respuestas
como si alguna vez -quién lo supiera-
la hubiese arrebatado
de otro cuerpo, de otra herida, de otra forma.


Este soy,
tan cerca de ese otro
que transcribo con heridas,
que palpo allá en lo oscuro
como una carne tan dentro dentro de la mía.
Idéntica piel la que nos goza,
idéntica piel la que nos sufre
nos narra y nos derriba,
tan quietos, tan fundidos,
que basta una sola voz para alejarnos.

Este soy,
testigo inseparable
de ese otro que coincide conmigo en la vigilia,
que me obliga a dudar de eso que afirmo,
ungidos ambos por sombras similares.
El uno vela
mientras el otro acecha y desconfía,
mientras el uno me huye
el otro me persigue,
y ya no sé de cierto
si perseguidor o perseguido soy
y no sé quién arroja
un pie sobre otro pie
un labio sobre el otro
y ambos sobre quién.

* * *













El tercer libro de poemas se tituló Salario (1997) y lo publicó en Rute, José María Molina Caballero, en la colección Ánfora Nova. Fue finalista en el Adonais. Es un libro que luego, como le ha pasado a tantos otros he ido reescribiendo, porque al menos en mí el hecho de publicar un libro no implica su abandono. Cada libro responde a su propia lógica y la de éste es seguir metamorfoseándose, cambiando de piel, alejándose y acercándose a sí mismo, en un movimiento similar al de las mareas. Y yo, qué puedo hacer, sino dejarlo a su arbitrio, en su ir y venir, como las mareas, mismamente. Salario habla de todos esos mundos identitarios sobre los cuales uno es como es. Un homenaje a las tradiciones.


RÍO DE PIEDRA

Y viví unos meses dentro de una piedra
          Oliverio Girondo


Renegué de la piedra
y ahora estoy
dentro de una piedra,
inmóvil. ¿Es que puedo
comprender? ¿Existe algo
que me arrastre? Si las yeguas
pasan en la noche, dime,
¿estaré viendo yeguas?
Si escucho el golpe de una rana
hundiéndose en el limo
¿alcanzaré a explicarlo?,
¿por qué circunstancia
se me dicta y lo conozco?,
¿cómo puedo decir la noche,
el cielo, el todavía,
siendo piedra, río de piedra
que por mí fluye hacia el abismo?

*


SALARIO


A cada hombre su luna y su salario,

su tanto de sal, su pobre mano

abrasada y hueca. Yo fui

con esos hombres y como uno de ellos

he vuelto a casa con la luna en los ojos.

Como cualquiera de ellos

he visto sucederse la lluvia en los plantíos

y el sol en los últimos jaguarzos de la tarde,

cuando es la luna todavía un ojo helado.



Cada hombre tiene su luna y su prodigio,

su tormenta y su hora de estar viendo llover

impasible a la lluvia. Yo vi a los hombres,

a muchos de esos hombres llegar ante mi puerta,

llamarme por mi nombre y pues he sido

uno de esos hombres, y con ellos

dormido en el barbecho

y grabado en este tronco mi memoria

y su sazón, me vuelvo ahora,

aterido y débil en pos de mi salario.



***

Tras Salario apareció el libro Las islas sumergidas (1997), que estaba compuesto en realidad por tres cuadernillos que luego, contra lo que cabía esperar, se fueron ampliando hasta hacerse libros. El primero, que daba título al conjunto, se convirtió en Interior con Islas (Pre-textos, 2006), el segundo, Malevo, formó parte de Taller de Máscaras (Premio Leonor, 2001) y el tercero fue el germen de Pese al combate (premio Ciudad de las Palmas, 2000). El libro, que obtuvo un accésit en el premio Surcos,  lo publicó Qüasyeditorial, pero como quiera que se trató de una edición "apócrifa" me vi en la tesitura de sacar una segunda edición ampliada con Luis Felipe Comendador y su Sornabique, en Béjar. Y mira que era bonita la potada de Qüasyeditorial. Creo que en el tono de "El patrón Vasques" ya se atisba a Violeta, que se comenzaría a escribir por estas fechas, precisamente en Hervás, en el camping El Pinajarro. Djami... es un poema de textura distinta que preanuncia la rama "culturalista", por
así decir.



EL PATRÓN VASQUES RETRATA A FERNANDO PESSOA
a cris

Hombre atento aunque asustado
el tal Fernando.
Lo pierde el vino
y esos versos que, dicen,
le ocupan largas horas.
Pero, claro, un hombre solo
qué va a hacer.
Para echarse a los tranvías hace falta
decisión y a él no le sobra. En fin,
cada cual tiene su alcohol:
a qué darle más vueltas.


*
 
DJAMI RETRATA A ARTURO RIMBAUD, TRATANTE DE ESCLAVOS


Bocazas, nocturnal, presunto comunero.

Aquí pasó las horas contando una fortuna

que nunca disfrutara .

A tiempo comprendió que el negocio de las armas

es mejor que aquel de la poesía,

aunque ambos se ejerciten en la muerte.

Lo vi una tarde beber a bofetadas, amenazando

con matar a sus esclavos antes de admitir

que aquella pierna lo arrastraba

de nuevo hacia el infierno.

Cuando ya zarpaba hacia la muerte

compré todos sus bienes

por menos de la mitad de cuanto valen:

gracias a él paso las horas extasiado en la ciudad,

ardiendo en sus muchachos,

yo que nací para purgar el ocio

y la dicha de los otros.



A punto de dar fin a este poema

me llega una noticia sin duda extravagante:

aquellos versos que escribió de adolescente

el pobre Arturo y que hablan, según dicen,

del Desorden y de Dios han sido últimamente

publicados en París por sus dilectos.

* * *



Y llegó Violeta c. Rangel, con su Posesión del humo (Hiperión, 1997) en el costado. Era el año 1997. Se podría escribir un libro sólo con sus anécdotas. Fue como una cornada en el entonces algo achacoso pulmón de la poesía en España. A nadie dejó indiferente. Unos la amaban y otros la desspreciaban. No admitía término medio. Desde su publicación ya siempre fui considerado un tipo sospechoso y poco de fiar. Creo que lo sigo siendo. Muchos están de acuerdo en que es mi mejor obra. Puede ser. En todo caso me compensa como peta el que muchos años más tarde he ido encontrando por ahí a muchos poetas jóvenes que nacieron a la poesía a través de sus versos ácidos y crueles. Significó sin duda alguna un revulsivo. Sus libros fueron llevados a las piras en 3 ocasiones, récord absoluto desde la llegada de la democracia. La crítica no supo entenderlo. Lo situaron como una impostura, cuando claramente era una postura, la postura más ácida de la poesía española en décadas, hasta el punto que fue tildada de "terrorista". A pesar de sus críticos, nunca se ha apagado su llama y en estos años de crisis su lectura se ha reavivado y es más viva aún su lectura. Ha envejecido bastante bien. No importa decirlo una vez más: Violeta no es una impostura, sino una postura clara y distinta, que diría Descartes. Pos-tu-ra ante la poesía y ante la vida. "Quienes ante ella vean  un jueguecito verbal, mejor que se dediquen a leer botes de champoo, no śe si me explico" (Violeta dixit). Sus dos libros La posesión del humo y Cosecha roja se han reeditado algunas veces y traducido a distintos idiomas. Es posible que en breve caminen por México y Uruguay. No para.



Un poema es una sepultura
y tú, cielo, debes caber dentro.

*
VIOLETA. Violeta la del Born,
oficio sus labores,
carrer de Regomir, antes Comerç, antes Aldana
(así hasta doce), antecedentes tiene,
estado civil charnega (aunque no es cierto
y puedo hasta probarlo), valor tres mil,
pensión aparte.

*


HOLLY, LA DE LAS HORAS NEGRAS



Hoy, querido, me rozan los tacones


y la luz se va en lo mejor del polvo.


La lluvia muerde un corazón.


Mi coño admite tus tarjetas.






*
No era fácil publicar tras La posesión del humo. Yo era ya el autor de ese libro maldito y tan mal leído (el único lector certero ha sido Ismael Cabezas). Pese al combate (2001) es uno de mis libros más queridos. Obtuvo una de las últimas becas del Ministerio de Cultura, una de sus secciones el Premio Ciudad de Zaragoza, otra el Espronceda y por fin todo el libro el Ciudad de las Palmas, que recogí de manos del tristemente célebre ministro Soria. Recuerdo que venía de coger cerezas en mi huerto cuando me dieron la noticia de este premio y a los pocos días fui a Las Palmas. Era la primera vez que visitaba las islas y me pasé una semana viajando por esa maravillosa isla que es Gran Canaria, todo lo cual avivó en mí el germen insular. Todos los poemas de este libro hablan de la lucha y los espejismos de la existencia. Mientras los escribía, Violeta me observaba irónica. Hoy creo que La posesión del humo y Pese al combate son en realidad el mismo libro, contados desde posiciones estéticas distintas. Pero nadie se percató dela salida de Pese al combate. Suele ocurrir. 


 
DUDAR, dudar hasta caer rendido,

muerto de vida, intacto. 
Dudar hasta quedarme

sin sitio, ni argumentos.

Dudar hasta que sangren 
las uñas y el estómago,

hasta que ya la noche se me rompa

con su armazón de plomo y dexedrina.

Dudar sobre la arena hollada.

Dudar ante el granizo o el rubor, 
ante tus manos,

dudar, dudar, al fin,

desde el principio.


***

FUEGOS ARTIFICIALES

Los ves subir y de repente
el cielo es una luz que nombra el cielo.
Ni la voz ni el aplauso de los niños,
ni la música locuaz de las cornetas,
ni esos lirios que aguardan en la ermita,
su momento
consiguen impedir
(y aún no acaba el artificio)
el certero temblor de su caída.

*
MARCHAN al combate. Los oigo una vez más,
absortos, sabiéndose invencibles,
muertos ya: oliendo a humo, a greda, a barro.
Marchan al combate, hierro sobre hierro,
ansiosamente otros: afirmados
en la nada, idénticos.
Avanzan en pos de un adversario
al que rendirse, pedir cuentas,
quizás reconocerse.

***





Lección de sombras apareció en 2001 en Renacimiento tras obtener el premio Surcos. Es en realidad un remake, cuando no una continuación de Las horas expropiadas, publicado 6 años antes. En ambos libros se combina lo reflexivo y lo autobiográfico, en poemas largos, con un cierto tono "casual", sin envaramientos. El escepticismo, cuando no el nihilismo que recorría Pese al Combate, se afronta aquí desde una distinta perspectiva, mucho más discursiva. He elegido dos poemas que hablan de mi experiencia sevillana, justo en lo que podríamos llamar el periodo de la transición, hoy puesta tan en entredicho) en el que España, que venía de una feroz dictadura, se abrió no sólo a otra realidad política sino a una realidad social y cultural diametralmente opuesta a la del tardofranquisimo. El libro y estos dos poemas en particular abordan esa nueva ilusión que por entonces -ay- desbordaba las calles. Añado los que acaso sen los mejores poema del libro Fe de vida y Rapporto d'ombre.




Y PARÍS ERA UNA FIESTA (Sevilla)

Corríamos juntos por los parques
mientras los gatos maullaban a su sueño
(que es eterno) en el art decó de las farolas;
subíamos luego la escalera
cargados con aquellos inútiles despojos
que cobraba amor en sus tranvías.
A veces escoltábamos a muertos memorables,
otras veces eran muertos de arpillera
que desde los peldaños auguraban paraísos
de fugaz y estúpida hojalata;
muertos, muertos de opereta,
noctámbulos, princesas o tartufos
que robaban al vino unos destellos
para luego desplomarse en nuestro andén,
como si nada.

Corríamos juntos por los parques
cegados por el sol, ya sus pavesas.

*
ABRIL (Sevilla, 1975-1982)


Aunque no quieras, habrás de recordar
a ese muchacho que huía de los grises
por las calles más bellas de La Tierra,
que esperaba con desdén la bala reaccionaria,
la oscura contraseña de un madero
ahogado en su muñón, hendido en su demencia.

Quemamos juntos estandartes enemigos,
juntos impartimos consignas libertarias
porque aquello era del todo intolerable
y los muertos, ¡nuestros muertos!
no se olvidan en las zanjas. Ninguno de los dos
habría vivido, con un peso como aquél en la conciencia.

Pero en conciencia no ha pasado tanto tiempo
y, sin embargo, ya ves con qué desdén
el tiempo saldó nuestra conciencia,
y así como se fueron para siempre
aquellos besos torpes, aquellas claras tardes
de miedo y esperan­za,
así también, el tiempo ignominioso
nos hizo doctos en el fraude,
sublimes papagayos de la amnesia,
trenes arrumbados bajo el puente
de espaldas a no se sabe bien qué cielo
qué gesto o qué conciencia.

*
 
RAPPORTO D'OMBRA 1



Pero tú, cariño, vives bien,

te afeitas cada día, subes, bajas, te reúnes

en el bar con la ralea. Hablas con todos de ti,

de tus versitos. Subes a tu coche

y te proteges del sol, de esos canallas;

ya en tu casa, desguazado, te aguarda el frigorífico

repuesto de tus gulas y tus humos,

el café (con poca leche) a cualquier hora

y un bote de aspirinas por si acaso; si abres al correo

compruebas que hay gente que te estima de verdad

que quiere saber de tus caídas,

si te has repuesto de tan turbia enfermedad

(por favor, borra estos versos).

Un día sabes que los puerros han subido,

que unos tipos se matan por ahí

por una raya que en el fondo nadie sabe

qué, ni dónde o por qué no,

o, ¡dios!, y esto es el colmo:

te multan por aparcar en doble fila

y tienes que ir cargado calle Ruhr,

más de cien metros.

Prefieres el coñac a la cerveza,

las películas francesas al porno tailandés

(es lo que se infiere al menos de tus versos),

y vas y vienes y te quedas

muy próximo al lugar donde un bocado,

lo imprevisto y falso de un bocado

te haga pensar que también tú eres de hierba,

como la navaja o el tatuaje del macarra

o las frases rumbosas de ese cuervo,

que el sol sólo existe en los folletos

y no siempre en los domingos tienes ángel que guardar,

que la chica que llevabas al piso de tus viejos,

resulta que está -cómo es posible- de tres meses,

y de pronto -cuestiones de guión- es tu mujer,

una mujer a quien te unía

el gusto por las camas, las cuestas de Lisboa

y acaso alguna marca nobiliaria de coñac,

la voz como distinta que poníais

en los asuntos fisiológicos,

of course la novelita de un tal Erre Radiguet.

Pero un tipo como tú, mi vida,

cae en un pis-pas,

un tipo como tú murió con dos semanas:

una bomba, un cristo, acaso una papilla en mal estado

fueron más que suficientes;

ahora, sin embargo, vas que cortas

porque un tipo sucio y demediado,

antiguo combatiente en la legión,

cierra el negocio: el periódico está bien,

eso te salva, al menos las secciones

de las justas literarias, las erratas, las esquelas,

los anuncios de paisanas que piden copa y charla

y prometen bula, infierno y discreción.



Porque, cielo, a pesar de tus historias

y esas cosas que das en tus versitos, vives bien.

No sé de qué te quejas. Sin ir más lejos yo

me pongo los bodis

que me compras y nunca te devuelvo

las rosas que me envías,

soy discreta, finjo a ratos,

no me pierdo jamás con tus amigos,

pongo jazz -y sabes que lo odio-,

soporto tus placeres y tus versos

(odiosos, odiosos de verdad).

Ya ves, amor, de qué te quejas,

si ni siquiera te tomas la molestia

o el coraje de mirarme y de fingir,

fingir, fingir, maldita sea.


 

*


FE DE VIDA

No, de la vida no. Hablemos de la noche

que cuaja en la alameda, del maquinista azul

sobre la grúa; hablemos del sol timbrado de la tarde,

de esa sombra que nos sueña y que soñamos a la vez.

De la vida no: del corazón que estalla a cada abrazo,

del perro del hotel y los turistas

a quien el sol despoja de sus dólares,

hablemos del botín y de las manchas

que has visto crecer en la pared,

de aquella juventud

al amparo del miedo y de los cuerpos.

De la vida no. La vida es sólo un tema

de sablistas, jacinto corrompido en boca de copleros.

Desechad la vida en los poemas,

pues qué importa la vida, el vértigo, la náusea,

el precipicio,

la bizca certidumbre que vuelca nuestras copas,

la voz, el rayo, las cosas que nos ladran,

la muerte de los dioses, la suerte de papá,

la sombra y los esteros, el pánico, la niebla,

la mecha esa que enciende cada tarde el corazón.

Qué importa, pues, la vida, y os comprendo,

si mañana una bala, un naipe, una cirrosis

nos alcanza en pleno rostro

y el autobús no cambia al cabo,

ni su horario ni sus niños,

ni sus baches, ni su mugre, aun menos sus paradas.





***




Los sitios del agua (2001) fue un libro distinto. Concebido a la limón con el pintor José Mª Franco es ante todo un libro de caminos y corrientes. Yo sólo debía acompañar las acuarelas del maestro y así hice, con absoluta libertad, trazando el círculo interior del agua. En el libro se mezclaban, pues, prosas, recuerdos del tiempo mítico de la niñez, canciones de agua, poemas, homenajes, etc... Era el agua el centro de todo y uno podía divagar, y eso estaba muy bien. Hoy he sacado tres poemas. El pozo, una canción, que dedico desde aquí a Juan Carrasco, pues no hace más de un mes al encontrarnos después de 20 años me recordó este poema que, con franqueza, casi no recordaba y no me parecía de los más logrados, pero al releerlo observé que había en en él algo telúrico, un cierto sentido trágico absorbido por la aparente sencillez del poema; el segundo es un poema autobiográfico: en mi pueblo es costumbre que los niños, todos los niños de todas las generaciones busquen el tesoro de Tinoco. Cuando escribí este poema y ahora pienso (no se lo digan a los niños de mi pueblo, por favor) que el verdadero tesoro estaba en sus ojos, en la inocencia, en todo esa pureza que fluía en sus miradas. El tercero habla de la lluvia y es uno de mis más queridos poemas de siempre.





EL POZO


El pozo era una boca
redonda entre las brasas.

Erguido como un lobo
caído ya en la trampa,

el pozo por las ingles nos subía
y nos aullaba.

Crecía en nuestra sangre
la luna de la aulaga,

el diente de la bicha,
la soga de las parvas.

Mas luego, quedábase dormido,
ahogado por sus aguas.


***
EL TESORO DE TINOCO
(MOLINO DE CANDELARIA)


Sobre los muros ebrios de yedra y abandono
sabíamos el molino y dentro su diamante.
Buscábamos tesoros de tiniebla
en tanto el agua, abajo,
seguía su trajín de lenta muerte.
Nada sospechábamos entonces
y fue inútil buscar, pues nada había,
salvo las balas dejadas por la guerra
y un silencio ruin, ya amortajado.
Pero el río, si lo es, todo lo revuelve,
lo olvida todo.

En nuestros ojos, sin embargo,
dejaba ese licor voraz como el rubidio.

Allí estaba el tesoro y es tarde ya para encontrarlo.


***
TIENEN sed los campos. Ha llovido poco últimamente.
Pasaron las tormentas que no dejaron nada.
Sacaron a los ídolos y no vino la lluvia.

La lluvia viene cuando quiere. No tiene su sazón
hora fijada. Mucha o poca, la lluvia jamás mide
cuanto otorga, ni prevé dónde será bien recibida.

Llueve con simpleza, simplemente.
Se deja llover por puro gusto.
No castiga la lluvia, no condena.

Es un don la lluvia, y no lo sabe.



***


Taller de Máscaras (2002) fue premio Leonor en Soria, todo un honor. La estancia en Soria fue magnífica. Qué ciudad más bella y acogedora. En realidad Taller es un libro que comienza en Salario y culmina, por ahora, en Apuntes al Natural-. Se trata de una de mis líneas de escritura versal. Su acento está en cierto culturalismo y en realidad es una conversación abierta con la tradición o con las tradiciones que se han ido sumando para que yo finalmente hiciera lo que hago y fuera como soy. Un crítico zoquete y entonces joven poeta con ínfulas que luego se ha quedado en nada, se extrañaba muchísimo de cómo la mano que estaba detrás de Violeta pudiera hacer estos poemas. Pues, haciéndolos. Ambos parten de tradiciones que conozco porque soy un lector voraz, abierto y sensible. Nadie inventa nada. Si un poeta por muy joven que sea no entiende eso es que no ha entendido nada de nada y es mejor que dedique su vida a la docencia de los verbos irregulares y los transitivos. Un lector de la "antología", puede ser al mismo tiempo lector de Celan y de Frost, de Basho, de Rimbaud y de Fray Luis o Bai Juyi o Tao Quian. El primer poema es un recuerdo de mi padre cuando, siendo yo niño, lo esperaba en el balcón a que apareciera por la calle, con sus mulas y su cabra, sus campanillos... Para mí escucharlo venía a ser lo que para un romano, asistir al regreso del emperador tras haber ganado alguna importante victoria. Una simpática curiosidad: en el acto de entrega de premios estaba presente el obispo soriano, un anciano muy simpático y campechano. Lo tenía muy cerca de mí y por un segundo dudé si leer el poema dedicado a mi padre porque hacía alguna alusión al "hebreo" y tal vez pudiera incomodarlo, pero algo en mí dijo, nada, lees ese poema y eso hice. En el catering el obispo vino a saludarme y me esperé lo peor, pero en vez de eso el hombre me preguntó pro mi padre, estuvimos charlando todo el rato y al final me dijo que él era hijo de campesino y subiéndose el faldón, comenzó a simular que cortaba centeno con una hoz. Yo alucinaba.


NO LOS HOMBRES


No los hombres
que vuelven de Hispania o de Cartago
cegados por el mirto o por el oro,
no aquéllos, cuyos torsos
perturban los jardines,
no los estrelleros, los escribas
ni el vencedor de Farsalia;
desde luego no los príncipes
ni el gladiador
que volvió a eludir la muerte,
no el impúdico tribuno, ni el hebreo
tonante, inexpresivo,
al que temí menos por su sangre
que por su misterio,
no ninguno de los dioses
que dicen verdaderos
a quienes en su temor y en su codicia
tantos se encomiendan,

sino ver a mi padre
entrando solo en la ciudad
herido y sin escudo,
deslumbrante.



***

PAUSANIAS EN PLATEA


No deis crédito a las nuevas
que hace circular el enemigo.
No llorad el desastre todavía,
pues aún se lucha ante Platea
y con firmeza
se baten nuestros hombres.
En ellos conste el ánimo de Atenas,
mas si vuelven victoriosos
temed, temed a quien les manda.

*
EL DESTERRADO

            Para Teresa Bergamín
 

Desde aquí partiste.

Ten listos los ojos, el corazón dispuesto.

Si duros fueron los discursos
que contra ti dictaron,
si engañosos y no siempre
firmes los amigos, si otros te ofendieron
(¿y qué razones hubo?),
si en la plaza se burlaron de tu nombre y de tu casta
y colgaron, a modo de desprecio,
tu cráneo sobre un palo,

dime,

¿qué causa te obliga a regresar,
por qué tiemblan tus pies
a la vista de esas torres
hermosas como tigres,
escombros alzados sobre escombros?

 * * *

Hoy toca en este repaso lírico, Jerruje, un cuaderno que publicó en 2006 Rafael Inglada, un tipo genial y un editor de la vieja escuela malagueña, que es casi como decir de la mejor y más elegante tradición impresora española. Jerruje es un cuaderno de apenas siete poemas, publicado en la colección la Generación donde figuran maestros como Vicente Molina Foix, Fernando Merlo, Jesús Aguado, Juana Castro, Justo Navarro, Isabel Pérez Montalbán o Josép Maria Rodríguez. Entre otros honores, es un lujo compartir la misma tipografía que utilizaron algunas de las obras señeras de la Generación del 27. Me quedan ejemplares. Puedo regalar alguno.


CANCIÓN DEL TAJO


Me quiero navegable como el Tajo
y que un hato de lucios o de tencas
salten por mi vientre.
En invierno quiero dar calor a una comarca
y en verano arrancar el escalofrío de un niño.

Me quiero navegable y que los barcos
crujan en mis huesos
y bailen las muchachas
al compás de una orquesta,
que los viejos lleguen a mi orilla
y al arenero no falte su jornal, su vaso de alma.

Me quiero navegable y ser por un momento
reflejo de esos pájaros
que cruzan volando el continente,
nubes a quienes nada importa
quedarse en el camino
o deshacerse como uva en el lagar del cielo.

Me quiero navegable y estar pasando a veces
y cantar a mi modo
canciones muy sencillas y tristes.


***

SORTIJAS


Como sortijas blancas o alimoches
que vienen a dormirse en nuestras cejas,
así fuisteis.
Restallaban en mis ojos los racimos
y volvía el emisario
con la cara helada y una flor de cerveza
sangrando en el estómago.

Qué truenos primerizos, qué bestias de luz,
qué cálices de arena
despertaban la pólvora en mis brazos.

¿Pregunté siquiera dónde estaba?
¿Alguna vez os di a probar mi fermentada harina?

Tomasteis sin embargo lo que nunca fuera mío,
pero en mis entrañas visteis la cal de una pared,
la estremecida avena, un lento escarabajo,
un puñado de mirto floreciendo.

Como sortijas blancas, así os tuve.
Recordaros, ¿de qué vale?
Cuanto os entregué, por mil me devolvisteis.

A buscaros vuelvo.
¿Es que me he ido?


*
MI RÍO


No me creeréis,
pero, de cuando en cuando,
un río viene a visitarme.
Un río tan pequeño que apenas pesa nada.
Cruza por mi puerta y un poco sorprendido
mira el zócalo, las rejas, el alero.
Ni siquiera sabe que es un río.
Recuerda apenas que otras veces pasó ya por aquí,
bajó esta calle y se perdió, humilde, por el caño.
Eso le basta.

Tiene, como el vencejo, sus días convenidos
y guarda memoria inquebrantable
de un mar que no conoce.

Pero mi río es tan pequeño que se olvida con frecuencia
de nacer y, ya nacido, se olvida de morir.

Lo he visto correr seco, olvidado de sí mismo,
mas como el pájaro que ignora
que es calandria o golondrina,
pero sabe del Sur y del Estrecho,
mi río se presenta cada invierno
modesto como un dios.

Mirad, no está. Corre en mí mismo.


* * *

Resultado de imagen de "interior con islas"
Interior con islas. Es curioso que este libro que nació como idea en Valencia (1996), acabara publicándose tantos años después en Valencia (Pre-textos, 2006). Seguramente se trate de mi libro más querido y acaso el más personal. Las islas que pueblan ese libro y también Islas de sutura, que es una continuación de éste, son textos impresionistas, manchas donde refulge una idea, un pequeño temblor, paisajes del alma si esto no resultara demasiado cursi. Son poemas muy suaves, muy líricos, casi ensoñados. ¿Las antípodas de Violeta c. Rangel? Puede que sí, pero en el fondo hablo de lo mismo. En realidad Violeta se constituye como isla, como parte extraña y extramuros no sólo de la sociedad, sino de la dicción lírica al uso, como pequeño ser ajeno (e isleño) al continente. Las islas coinciden con Violeta en esto. Se constituyen como realidades ajenas, ni siquiera paralelas, desconectadas de la realidad, pero en el fondo poniendo en tela de juicio la realidad. Siempre me he considerado poeta de la conciencia, de la conciencia de existir al menos, pero también de la conciencia social y es por eso que a veces necesito alejarme para mejor fotografiar lo real. Estas islas, aparentemente escapistas, tienen mucho de temblor de conciencia o al menos es así como me gustaría que se leyeran.



SOBRE LOS PIRATAS QUE SE LANZAN
A LAS AVENTURAS DE LAS ISLAS


En mi agenda habitan piratas misteriosos,
a veces me llaman o les llamo, son cordiales,
parecen divertirse con mis cosas y envían largas cartas
que obligo a descifrar a mi señora. Por ella sé
que son piratas que buscan un tesoro (el que yo busco),
que esperan que yo les dé una pista, cualquier pista,
las mismas que entre líneas les imploro.



*


LAS ISLAS DEL MEDIODÍA


Aquí hallarás resguardo en la tormenta,
fruto en sus vaguadas y alivio a tu dolor.

Sin embargo échate al mar
apenas la calma lo permita.
Aléjate.
Que la tierra que una vez te cobijó
no vuelva al cabo su brazo contra ti.

*




HELMINTIA


Cuando llegues procura no olvidar
de dónde vienes,
a quién debes tu viaje
y a qué causa lo dedicas.

Si decides quedarte, quédate
y si partir, ahí tienes la nave.

Ahora bien, cualquiera que sea tu decisión,
el resto de tus días te sabrás equivocado
y a la vista de esos muros
tentados por el óxido,
gustarás envanecerte en el Dorado
que dejaste tantas veces escapar.

Por eso, cuando llegues
a la isla procura responder
a qué timón te debes, qué viento te empuja,
por qué, por qué viniste,

acaso así te atrevas a salvar
esa distancia entre fracaso y dignidad,
entre el águila y la presa.

*
 
AÑILAIRE

para Abelardo Rodríguez, in memoriam

Demos a la isla un corazón
y ojos y manos y estatura,
démosle un camino
que conduzca a un pozo,
un sol tapado por inesperadas nubes.
Demos a la isla nuestras sombras
y en ellas nos vertamos
como esas flores que nacen en peladas piedras.
En ellas dejemos nuestros nombres
y zarpemos luego, que nos aguarda el mundo.



*
 
NIHILIA


Aunque no llueva ni haga frío
y las estatuas distraigan al turista
o diviertan a los niños con discursos,
aunque el aire de su aire se envanezca
o inflame de luz a los tucanes
y nunca cambie el viento y la semilla
alcance su dorada fatuidad...

Aunque así fuera (y no lo es)
debes creerme.
Ten por adversarios a aquellos que te dicen:

descansa, quédate, el mar es turbulento”.

*
 
ISLAS DE SUTURA


Te basta verlas
para saber que no existen,
que eres tú
quien las traza y las concluye.
Todos simulan en sus cartas
sus perímetros de espejo
y no faltan quienes sueñan
que sus rostros se trazan y confunden
en las islas.

Yo todo desconozco. Nada sé.
Si alguna vez creí,
ya he muerto,
si alguna vez me eché a la mar
no he regresado.

No pregunten. No simulen.
Pase lo que pase, no se compadezcan.

*
ISLA DE MANUEL


Minúscula como grano de arroz
se hincha,
forastera, al paso del navío.
Las olas con frecuencia pasan sobre ella,
la menuda, la innombrable.

Y anoto en el cuaderno:

Nada crece en su rigor de roca.
Ni pájaros ni arbustos.
Es solo un guijarro pulido por las aguas”.

Y fijo su forma en el papel
que ya es ninguna,
mas si alguien detuviera su dedo tembloroso
en esta tierra,
sepa que le di mi nombre.
Por precisión, no por soberbia.



*


ISLAS DE LA EDAD


He vuelto
y ya no queda de esas islas
sino un lagarto vivo en un tatuaje,
decrépitas palmeras,
pecios en el muelle,
cornisas, una tarde...
la saña que la vida
pone en destruirnos.