ORDEN Y DESORDEN

Probablemente el hecho histórico más importante en la vida de tipos como yo, que rozamos los 60 años, haya sido la caída del muro de Berlín. Con ella cambió no sólo un modo de vida, sino también un modo de concebir la política, es decir el contrato entre Individuo y Estado. Hasta entonces el capitalismo había sido cauto, prefiriendo el bien colectivo y la redistribución social del dinero y de las oportunidades a una fractura que nos pusiera a todos del lado de allá. Sin muro, el capitalismo salvaje tomó la calle y asaltó todas las bastillas posibles. Se lo ha llamado eufemísticamente globalización, pero no, lo verdaderamente significativo de ese nuevo capitalismo ha sido la preponderancia del dinero -del mercado- sobre el bienestar social. Para ello el capitalismo ha desarmado a los Estados, ha urdido una trampa en torno a ellos, que en estos momentos son meros rehenes de las fuerzas económicas, que son las que rigen los destinos del mundo. Es evidente que tal cosa ha conducido al descrédito de la política por ser ésta cómplice de todo el proceso de desmantelación del espacio social o por no haber sabido defenderse del mercado. Los populismos nacen cuando a una sociedad no le queda esperar nada de los políticos rehenes y cómplices necesarios del status quo, cuando esa sociedad entiende que estos políticos están más pendientes de la bolsa y los indicadores económicos que de las necesidades y expectativas de futuro de sus ciudadanos. La sociedad entonces busca con desesperación offsiders, gentes que no hayan caído en manos del capital o que estén tan dentro de él que hayan sabido sacarle tajada. Es, por ejemplo, el caso de Macron en Francia. Pero Macrón no es sino más, mucho más capitalismo, como lo son Trump, Macri o Bolsonaro (por no hablar aquí de Rivera), que no sólo no pueden revertir la situación, sino que la hacen aún más invivible para la ciudadanía quien tratan de arañar el poco poder que les queda. Y ya se sabe, cuando no hay esperanza posible en el orden, las esperanzas huyen como ratas hacia el desorden.

ANDALUCIA SIN IR MÁS LEJOS

ANDALUCÍA SIN IR MÁS LEJOS



Cuando los políticos viven una realidad paralela que ignora y soslaya los verdaderos problemas ciudadanos, cuando no solucionan el día a día de los ciudadanos en cuestiones como salud, trabajo, dignidad personal y educación, los ciudadanos acaban por dejar solos a los políticos y o bien buscan en otros caladeros o les hacen la pirula. Es lo que ha pasado.
 
No se puede estar al mismo tiempo con las grandes corporaciones, con los intereses de una determinada clase social a la que eufemísticamente llamamos mercado, y con los ciudadanos de a pie, mayormente trabajadores, a quienes no se le acaban de revertir los recortes sociales, económicos y democráticos, que tan rápido se le quitaron con la coartada de la recesión. 
 
En su día los ciudadanos aceptaron la crisis y sufrieron estoicamente los recortes y los esfuerzos extras que conllevaba. Todo o casi todo el peso recayó sobre ellos, sobre nosotros. Muchos perdieron sus empleos o la calidad de sus empleos, llegando a extremos de convertir el empleo en una especie de esclavitud encubierta, con horas que nos se pagan o cotizan, condiciones paupérrimas y sueldos de miseria, sin que nadie dijera, hasta aquí llega la linde.
Por si esto no era suficiente, vieron cómo recortaban las becas a sus hijos, las prestaciones de salud y educación y se ponía en tela de juicio el fondo que habían construido para la jubilación y éste parecía como una gracia o dádiva de los comendadores políticos a la mesnada. 
 
Cuando desde sus altos y coloridos atriles, unos y otros cacareaban la inminencia de la recuperación o la recuperación misma, esos castigados ciudadanos siguieron con los mismos sueldos y condiciones esclavistas implantados durante la recesión, siguieron viendo que no había futuro para la clase trabajadora, siguieron sufriendo cómo los chavales, sus chavales, tenían que seguir marchándose en busca de lugares donde SÍ había condiciones y salarios dignos, y que lo del trabajo precario, los sueldos y las condiciones laborales neo-esclavistas y los recortes educativos y sanitarios no sería la excepción sino la regla, entonces, digo, esos ciudadanos eligieron romper el contrato que los unía de manera simbólica con los partidos políticos, mayormente con los de izquierda, que son quienes tienen su base electoral en los zarandeados trabajadores y mientras durante el día de las elecciones unos se quedaron en casa, conscientes de que los de los atriles y la flor en el ojal jamás mirarían por ellos, otros se dedicaron a romper cristales, por donde, todos tememos que durante cuatro añitos vamos a pasar mucho frío. 
 
 
Y en esto, me temo, está la explicación a tantas cosas en esta tierra nuestra, primera productora mundial de señoritos, unos con rancio -y pestilente- pedigrí y otros, ay, empoderados bajo el pedigrí de unas siglas que taparon durante lustros su inoperancia, su endogamia partidista y, lo que es casi peor, su sentido de clase. 
 
 
Diremos, para finalizar, como aquella última reina mora, al ver cómo se perdía su Granada y delante no quedaba sino la tierra del exilio: No llores como un niño lo que no has sabido defender como hombre (ella utilizaba otros supuestos, pero no está el horno para bollos ni yo para coscorrones). Y sí, hará frío, nos vamos a arrecer de frío.
 
Todo será bueno, si la izquierda de la flor en el ojal, consigue saber dónde y con quiénes está y comienza a construir para todos -para todos- algo parecido a un futuro.

FRANCIS VAZ, PIEDRA Y CIELO

En Almonaster, en la presentación de Confesiones  y Periplo me entero por Antón de la muerte de Francis Vaz. Acaba de saltar el facebook, esa chivata contemporánea. La noticia me deja perplejo aunque en cierto sentido la esperaba y la temía desde hacía mucho tiempo. El  último gancho a la mandíbula de Francis. Francis llevaba conviviendo con los infartos más de diez años. En una ocasión se largó del hospital en medio de una de las crisis. Sabía que en cualquier momento todo se acabaría. Él era consciente, todos éramos conscientes de eso. Porque tampoco él se escondía. Seguía bebiendo, seguía con su vida de apegos difíciles. Dos días antes le había nacido el primer nieto y eso acaso puso su corazón a galopar. Y galopó tanto que...

Ahora, justo ahora, que podía entrar en la ternura más clara, ante su yo más necesario. Ya digo, galopando.
Desde hace casi diez años compartíamos una pésima relación. Hoy me importa muy poco el origen y los efectos de esta relación truncada. Antes de eso fuimos muy amigos y hoy quisiera escribir unas notas lo más justas posibles hacia él. Nadie espere el vituperio ni el halago fáciles. Tampoco él me lo hubiera consentido. Recuerdo que nos conocimos hace como veinticinco años. Yo lo confundí con Uberto Stabile, a quien no conocía, en el 1900 y me dirigí a él y me acogió como quien acoge a un guerrero desahuciado. Porque era acogedor en cierto sentido. Francis era un tipo directo y sincero, acaso demasiado seguro de sí mismo y de sus opiniones, lo cual le trajo más de un problema. Una especie de personaje áspero y gruñón al que le era literalmente imposible callar una opinión por injusta que fuese. Cuántos jóvenes poetas no se habrán torturado escuchando una y otra vez sus opiniones donde quedaban reducidos al infierno de los diletantes y los tontos de capirote. No se cortaba un pelo Francis. No se cortaba incluso cuando sabía que se iba de madre, lo cual pasaba con frecuencia. Yo entiendo que cada cual acaba por cultivar la máscara que quiere cultivar y él cultivó la de barbero del diablo y pirómano del mundo. Lo pasó muy mal en su niñez, como refleja un libro de poemas titulado Libro de familia -conservo copia- y que siempre me pareció un libro de una gran verdad interior, de una verdad sangrante, valga decir. Francis era hosco, injusto y precipitado en sus juicios, pero su hosquedad quizás fuera una manera de defenderse de un mundo oscuro y arbitrario que había comenzado vapuleándolo y exigiéndole triunfar en la vida por encima de todo y de todos. Su padre, un ignorante y rudo pescadero, había querido hacerse rico con el pescado a costa de lo que fuera y de quien fuera. Consideraba el mundo como una jaula de fieras donde sólo los más audaces, los más valientes, los menos empáticos triunfarían. Al padre de Francis su familia le importaba un carajo. Menos que un carajo. Nunca un gesto de ternura, de complicidad. Eso a FV lo atormentaba y a la vez lo sacaba de quicio, como lo sacaba de quicio la sumisión casi suicida de su madre. Tal vez no fueran su culpa esos arrebatos a lo Savonarola. Como todos los hoscos y todos los apaleados, Francis guardaba en su interior una ternura infinita y unas infinitas ganas de remisión. Sólo quería que lo quisieran. Su ternura, con todo, con demasiada frecuencia tomaba el vericueto del improperio y de la descalificación desafortunada, como ocurre con los niños solitarios  y con demasiada frecuencia abrasaba con ella a sus mejores amigos. Enseguida su imaginación le hacía ver cosas que jamás habían sucedido y ya no podía parar. Literalmente no podía.
Nuestra relación se rompió así. Me dieron un premio de novela en Cádiz. No aceptó que yo, su amigo del alma, triunfara y lo dejara atrás. Temió que, como le había pasado con el padre, también yo lo abandonara. No soportó que eligiera a mi amigo Paco Huelva para que me presentara en Cádiz en el acto de recogida del premio. No lo elegí a él, porque Francis podía liarla y no dudaba de que a la más mínima lo haría. Era un tipo más imprevisible que leal y los demonios solían ir tres pasos delante de él. Hoy sé que hice lo que tenía que hacer. A partir de entonces y durante meses tanto a mí como a Paco nos zurró de lo lindo. A cualquiera que se encontrara por la calle, me conociera o no, despotricaba contra de mí. Llamaba a los amigos comunes sólo para ponerme a parir. Mis amigos me llamaban alarmados. No tuvo la menor compasión con Paco ni conmigo, a pesar de que nosotros nos lo tomamos deportivamente y no entramos a su trapo. Al cabo de dos años de tortura, claro, harto ya de sus improperios, corté por lo sano y ante otro de sus ataques espontáneos, decidí cortarle las alas en un escrito injusto en el que venía a decirle que se dejara de gaitas y escribiera de una puta vez lo que tenía que escribir y no esas tonterías que escribía, que aburrían hasta las ovejas. Supe que entre todas las cosas, esa le haría muchísimo daño y aun así lo hice. Tuve que hacerlo. Lo hice conscientemente, lo admito, pero lo hice porque sabía con certeza que la única manera de quitarme aquel incordio de encima era empleándome con su misma dureza y pasando de una vez por todas al ataque. Mano de santo. Su ira disminuyó completamente  y al fin pudo dejarme tranquilo. Imagino el dolor que le supusieron mis palabras injustas. Hoy toda su inquina salvaje la interpreto como el miedo que sintió a que alguien como yo lo abandonara. Y lo abandoné, claro, pero lo abandoné porque hubiera sido imposible no hacerlo, dado que su animadversión hacia mí estaba tomando visos paranoides y persecutorios. Él mismo creía a pie juntillas sus propias invectivas. Estoy completamente convencido de que rumiaba historias y complots en su magín que luego aceptaba como verdaderos. Tengo muchas anécdotas acerca de eso. De ahí a la guillotina personal sólo había un paso.
Francis buscaba la pureza, él, que había nacido en el fango y que conocía cada matiz del fango. Se atrincheró ahí como podría haberse atrincherado en cualquier otra parte. Se consideraba el único puro del universo. Pensó que el mundo era espúreo por naturaleza y él su salvador. Le entristecía un mundo que pasaba sobre él como pasa sobre todos nosotros, sin necesitarnos. Yo solía decirle que no diera importancia a esa dicotomía banal del éxito o del fracaso y que se centrara en lo importante, en la escritura. Era un escritor de conflicto, con conflicto, y era ahí donde él había de ahondar. Tenía una mina de diamantes a su disposición y se enfrascaba en justas de chichinabo. Tenía sobre su piel y sobre su hígado el conflicto con un padre cruel y avasallador que no lo dejaba respirar y que hizo de su niñez un calvario y se vengaba poniendo a parir a los nuevos poetas. El conflicto con una madre atolondrada que se colocó a la funesta sombra de su marido y soportó vejaciones sin cuento. Un día, sin poder soportarlo más, salió por pies y abandonó a su madre y a sus hermanos. Eso creo que lo reconcomía por dentro, pero no tuvo otra solución. Seguir allí lo hubiera convertido en un asesino. Porque nacer con un padre chungo es como nacer ya mutilado, como nacer con un ojo de menos o con un brazo de más. Como nacer a medias. Y eso lo corroía por dentro como un herpes de fuego. Y eso no lo dejaba respirar. Y eso lo conducía a los demonios, pero sus demonios eran demonios sobre demonios, demonios que no lo dejaban cavar en las honduras y abismos de su existencia. Yo sabía que cuando ese dolor que él larvaba en su interior se hiciera escritura, todos los diablos le saldrían a borbotones. Cuando se aplicara a eso, Francis sería único, magnífico. Cuando su ira tomase el camino de la escritura sin paliativos, Francis sería un Titán vuelto del infierno. En esas páginas amargas se concentraría el mejor Francis Vaz. El que pondría su ira en blanco sobre negro, el que sacaría su hígado apaleado a succionar tinta, el que no dejaría títere con cabeza en el papel pautado de la escritura, el que entregaría el puñal, el que llegaría perdido de sangre y de vísceras. En él vivía un poeta maldito, un poeta pirómano, un poeta áspero como un chupito de gasóil o un bombón de grava, y dios mío, cuánta falta nos hacen esos poetas que más que escribir escupen, que más que rimar disparan a todo lo que se menea. Poetas que vuelven cada día de las profundidades. 
Su problema consistía en querer ser maldito a tiempo completo, pero un maldito puro, un maldito con buena suerte a quien todos jalearan y eso era y es imposible, porque los malditos con buena suerte dejan de ser malditos de inmediato y se convierten en niñatos groseros e ineducados. La suerte es el sol que jamás alumbra a los malditos. Él no lo sabía. Los malditos caen mal mientras viven porque suelen ser piedras en el zapato del existir. Luego la muerte los redime y los desinfecta. Los reedita. Un maldito que vaya declamando sus versos al primero que se encuentra en la barra de un bar deja de inmediato de ser un maldito para convertirse en un mendigo que pide la limosna de la aprobación y del aplauso gratuito. Francis creía haber despertado con Dios cada tarde y simplemente venía de los infiernos personales, esos infiernos que llevaba grabados a fuego desde su infancia. Un hombre con falta insondable de cariño. Un hombre que se hubiera dejado flagelar por un aplauso. Recuerdo que andaba obsesionado con Céline y con Chukri, dos tipos que también habían vivido y perdido lo suyo. Escribió algunos libros tal vez memorables como Piedra y cielo o Artistas por supuesto, que prologué en su día, y al que luego añadió un poema, El Impostor, donde me atacaba por tierra mar y aire y que en honor a la verdad acaso sea el mejor poema del libro y de cuantos ha publicado. Me han dedicado decenas de poemas pero quizás ninguno me haya gustado tanto como ese donde me ponía a parir. Las cosas del querer, supongo. Como digo, escribió poemas memorables y algún cuento de mérito -sus novelas acaso sean más discutibles- y no estaría de más que los amigos le sacaran ese libro del padre y otro de amor dedicado a Ana, el amor de su vida, su eterna devoción, su talón de Aquiles, el paño de su ternura, porque ambos son libros magníficos, que en el fondo hablan del amor: uno del amor que no fue, del amor contrariado y agraz, y otro del amor claro y bondadoso de Ana y con Ana. No conozco su obra posterior a nuestra ruptura. Diez años dan para mucho y es posible que encontrara su expresión más cabal. No lo sé. El final de su vida estuvo presidida por la soledad. Aunque aún conservaba media docena de amigos, la gente fue dándole de lado y las últimas veces que lo vi estaba completamente solo, con su vaso en la mano, oscuro diamante brillando en la noche.
Sobre Ana podría escribir otro relato, de cómo lo quiso, de cómo fue para él la frontera y el espigón contra la aspereza del mundo, de cómo supo llevarlo y alargarle los años, de cómo pudo entenderlo, de cómo descansaba en ella y por ella. De lo que ella debió sufrir con sus arrebatos y sus fierezas. 

En fin, diremos como Bergamín: adversarios hasta la muerte, pero ni un paso más. Descansa en paz, amigo. Intentemos que tu obra no muera. Aquí me tienen para lo que sea.

Dejo aquí el segundo poema de Libro de familia,. Espero os guste.


PARRICIDIO


Ahora que el volcán se apagó ya para siempre
y su humo fue tragado por la tierra del descanso eterno.
Ahora ¿me pides palabras?, padre.
Furia es la primera que podría darte, aquella que sentí
al oír los golpes que soltabas en el rostro de mi madre.
Sigo oyendo los golpes aunque no estoy en la madriguera
en la que yo y mis hermanos nos refugiábamos.


Ya sé que el mundo espera una elegía cuando el poeta
habla de su padre, pero suplico al lector que me comprenda.
Mi padre no estuvo en la cárcel por ser un héroe clandestino
en tiempos de injusta dictadura. No sufrió explotación
ni fue víctima de la política. Fue un preso común, un desalmado.
El ser más despiadado que jamás he conocido. Sobre una silla de ruedas
quizás viva aún la prostituta de la que un día creyó enamorarse.


¿La cultura para qué te sirve? niño, me decía. ¿Para qué vas al colegio?
Si aún no sabes que hay que respetar a un padre. Que te di la vida
y por tus venas fluye mi sangre. Que los dos somos el mismo fuego.
La misma raíz del árbol milenario tras el que se ocultan los depredadores.
No padre, no. Tú escogiste el camino del machete y de la piedra. Apresar el río,
obligarle a desviarse. Yo me zambullí en el agua surcando nuevos horizontes,
amaneceres donde las manos sólo recuerden cómo acariciar la piel desamparada.


No te echo de menos padre, en absoluto, y nada te perdono.
Aprendí a odiarte cada día. Y ahora, después de tanto tiempo
ni sé qué siento. Te recuerdo como un dolor de muelas, como la extracción
de un diente sin anestesia, pero olvidé ya, posiblemente, odiarte.
A veces, en la penumbra de la rabia, deseé asesinarte. Confieso
que mil veces troceé tu cuerpo y alimenté con tu carne a los cerdos.
Y los vi tan felices que, antes de huir, les prometí no volver jamás.


Hoy en día, padre, ni sé dónde yaces enterrado.
Espero que en las tierras más profundas del olvido.










IN MEMORIAM CARLOS MUÑIZ ROMERO


Vitolas de colección: 3 VITOLAS - SERIE LITERATOS Nº 152 BARTOLOME SOLER 183 VICENTE AILEXANDRE 184 CARLOS MUÑIZ ROMERO. Lote 40075340Carlos Muñiz Romero, narraluz de pro y acaso uno de nuestros mejores cuentistas acaba de fallecer. Ochenta y ocho años de vellón diseminados por Rosal de la Fra., donde nació, Galaroza, de donde era originario, Jabugo, donde había echado la infancia, Fuenteheridos donde jugó al fútbol, Sevilla donde tantísimas cosas vivió, Málaga, que lo acogió en la muerte, Granada, Almería, Las Palmas, Perú... El primer libro libro que compré en mi vida fue El llanto de los buitres, una novela excepcional que encontré de saldo en el Corte-Inglés del Duque, ustedes ya me entienden. La compré por la sencilla razón de que su autor era, según decía la capa, de Jabugo, y yo, que en esos días de 1975, experimentaba por primera vez el exilio, me agarré a aquella extraña novela como el náufrago a un trozo de madera. Por supuesto que no entendí nada y pasaba por sus páginas como un Tuareg por la Quinta Avenida. Tal combinación de escrituras, tal profusión de voces y de tempos amenazaba con volverme majara. Lo dejé tras uno de aquellos monólogos imposibles. Un poco más tarde, acometido ya de la enfermedad de Rayuela, que en mí produjo un duro acné literario, regresé al Llanto y descubrí en él un libro fascinante, caleidoscópico, de una lectura ágil e intensa. Por Ángel, el cura de mi pueblo, supe que Carlos Muñiz era un tipo real, que andaba por los jesuitas de Sevilla y que había sido medio capitán general de los Narraluces (él puso nombre al movimiento), aquel experimento literario de mediados de los setenta que duró unos cuatro o cinco años pero que dio luz a autores tan dispersos y lustrosos como José María Requena, Alfonso Grosso, Aquilino Duque, Vaz de Soto, Pérez Estrada, Manuel Ferrand, José Luis de Lanzagorta, Asenjo Sedano, Quiñones, Caballero Bonald... y a otros autores aún más meritorios y desconocidos que por extrañas circunstancias quedaron preteridos en el canon de la novela española del siglo XX, aún cuando entre sus títulos se encuentran obras como El cuajarón, La zanja, Los cónsules del más allá, La canción del Pirata, Ágata, ojo de gato, Con la noche a cuestas o Relatos vandaluces, por no ser exhaustivo. Carlos, a quien conocí en la Maestranza de Sevilla en los primeros ochenta, con Ángel y su hermana María José (cuya tesis doctoral versa precisamente sobre la literatura de Muñiz) en una representación de Carmen de Bizet, era un tipo cordial al que le gustaba contar anécdotas y charadas de curas y deanes, pero nada había en él que delatase su adscripción a la cosa jesuítica. Siempre pensé que con Carlos Muñiz de jesuita, el sagrado oficio de la barbería había perdido al mejor de sus acólitos. Cuánto lustre no hubiera dado un Carlos Muñiz Romero dado a un oficio que pierde alma y colorido un día tras otro. Leí entonces sus Relatos vandaluces con absoluta delectación y me gustó tanto el relato de La blanca doble, que el propio Carlos me tenía que recordar que tenía otros relatos comparables o superiores a ése, aunque sigo pensando que es uno de los mejores que he leído jamás, junto a El girasol rebelde, de la misma y hoy inencontrable colección de relatos. Luego publicó otros libros, como El sacamuelas en el dolmen, Abderramán aupado a un dromedario, o El contrabandista de Jabugo, que tuve el honor de publicar, todos adscritos a ese cierto realismo mágico andaluz que está tan a flor de piel y que él había escuchado según referencia propia, de su abuela, un poco parienta de José Nogales, que de casta le viene al galgo. Pocos autores he leído con el oído y la penetración psicológica en el imaginario andaluz de Carlos que a falta de mejor definición, definiremos como el Cunquiero onubense, porque entre puta y puta, san pedro es calvo, como diría Muñiz. Aparte de sus cuentos, es autor de dos novelas, Los caballeros del hacha, premio Ángel Ganivet, ambientada en Perú, y El llanto de los buitres, ambientada en Las Palmas, dos obras redondas, imbricadas -sobre todo la última -en las corrientes narrativas de los 70. Había una mítica tercera novela, El Gurumelo, comenzada también por los años 70, pero, muerto su artífice, quedará para esos laboriosos anales de novelas inacabadas que jamás vieron ni verán la luz. Su obra se completa con media docena de libros de relatos, género en el que debe ser considerado como uno de los grandes. De él escribí cierta vez: “Conocedor exhaustivo de Andalucía, ha conseguido transmitir en sus cuentos y en sus novelas el pálpito, la atmósfera vital de esta tierra. Cultivador de un estilo rico y de muy singular viveza, minucioso y siempre lleno de tensión narrativa, que combina con rara habilidad el humor con la tragedia, la obra de este singularísimo escritor de cuño y retranca cervantina, entronca, como le he escuchado alguna vez a él mismo, con el ingente caudal de la literatura oral, un caudal que él conoce y cultiva como nadie”. Se trata, pues, de un escritor pegado a la tierra, con un sentido del humor muy sutil que entronca, junto a cierto sentido de la dignidad, con los mundos cervantinos y chejovianos, por donde tan bien transita el alma humana. En fin, uno de mis maestros, uno de esos autores a los que siempre he leído con interés y al que regreso con frecuencia. Carlos entregó ayer la cuchara en Málaga, donde había pasado los últimos años. Allí descansará junto a sus gratos Rafael Pérez Estrada, Alfonso Canales y Ángel Caffarena. Que descanse en paz.

CEGUERA


Miedo me da que gente con una supuesta formación "humanística", con un cierto sentido del humanitarismo y con algunas luces compre estos discursos que incitan a diferenciar entre los hombres, que sean tan ciegos que no lean lo que se esconde detrás de ese escenario de luces de colores. Yo lo diré: auschwitz. Miedo me da que gente cuyo cerebro debiera estar al servicio de los demás hombres -de todos los demás hombres y no de unos pocos hombres- se escoren con discursos tan fácilmente incontrolables, tan fácilmente manipuladores, tan fácilmente consumibles y tan fácilmente terroríficos para los demás. No es cuestión de izquierdas ni de derechas sino de hombres y de lobos. De hombres que compran y se convierten al discurso de los lobos. ¿Buenismo lo mío? Digamos que sí. Claro que sí. Lo otro lo conocemos: Hanna Arend lo denominó la banalidad del mal. Y se escucha ya el rum rum de la grava, y si no ponemos cordura en esto, pronto veremos los primeros cristales rotos. Así comenzó todo.
Os dejo con un poema último de mi autoría. 






CEGUERA


todos acabamos saturados ebrios
como animales enjaulados
todos caminamos en la más pura ceguera
sobre ascuas vivas sobre un fondo
de negra lava de inmunda arcilla plantamos nuestras casas
y confiamos en que no partirán más barcos hasta el lejano otoño
pero a algún ciego a algún iluminado
tal vez le urja cruzar hoy mismo a la otra banda
y al barquero llamará a voces
y ay de nosotros si lo posee la elocuencia
y ay de nosotros si la persuasión es su fuerte
y ay de nosotros si el resplandor es tan grande
si el odio y el salitre ya nos han tomado
pues otra vez a su grito partirán nuestros vástagos
y enarbolarán insensatas enseñas
y aprenderán el oficio del furor y lo tatuarán en sus ojos
y los veremos con una aguja de pino olvidada en los dientes
y acaso una flor de pirita hincada en sus pechos
qué terrible es a veces el mundo
dirán que hay que acorralar y quemar vivo al culpable
pero cuál es su culpa os preguntaréis
y ésta será su culpa: su lasitud sin tregua
su alicaído espíritu su indestructible fracaso
su vana terquedad frente a la vida
os dirán será que su culpa es ser ellos
ellos en su repugnante oscuridad
en su callado encono en su lascivia
todos ellos serán culpables por la sólida causa
de existir quién puede mezclar sin repugnancia
su sangre con la suya puafff puafff quién querría
caminar con ellos apretarles la mano mostrarles el pan
compartir el paso en las aceras?
id a buscarlos enseguida antes de que sepan
quemad sus chabolas empujadlos al mar sacrificadlos
borrad de vuestros labios sus palabras
encerradlos confinadlos destruidlos

pero os estáis oyendo, de veras escucháis
vuestras palabras? acaso sabéis el recorrido
que ya han hecho esas palabras conocéis acaso la fuente
el mar el lodazal donde nacen y desaguan?
pues así diréis y así sucederá cada vez
que hayamos dejado en el olvido quiénes somos
y cabalguemos por el hielo a través del odio y la ceguera
y así sucederá y nunca nunca habrá escarmiento ni reposo
para el hijo del lobo para el rey que se sabe destronado
y así será lástima del hombre lástima lástima
yo no sabía nada del engaño yo tuve miedo yo preferí
pasar de puntillas diréis pero bien que estaba escrito
pero bien que os preparasteis para el errado festín
pero bien que calentasteis vuestras voces
pero bien que ensayasteis vuestros himnos frente a las hogueras

LA POSESIÓN DEL HUMO VIOLETA C. RANGEL





la posesión del humo

violeta c. rangel




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Premio cuidad de Córdoba, Ricardo Molina 1997

Ed. Hiperión, nª 314, Madrid, 1997




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Ed. Baile del Sol, 2014





la posesión del humo







días de garrafa










VIOLETA. Violeta la del Born,
oficio sus labores,
carrer de Regomir, antes Comerç, antes Aldana
(así hasta doce), antecedentes tiene,
estado civil charnega (aunque no es cierto
y puedo hasta probarlo), valor tres mil,
pensión aparte.










PIDO al cielo que la casa donde vives
caiga sobre ti, ¡rata piojosa!
que un matón te abra la cabeza y que tus hijos,
te coman las entrañas,
e incluso así no pagarías, ¡hiena inmunda!
Me queda ese consuelo de saber que eres escoria,
pura escoria, negra escoria, sólo escoria
y que a tu muerte hace tiempo que asistí.

Brindo por ella.








PASIONES COMPARTIDAS



Es verdad, quisiera desclavarte,
descansar, hacer de tonta,
tomarme un tripi a tu salud
y luego descorchar una granada.

Volar ha sido siempre
una pasión que compartimos.














ECHA el resto en los bujíos,
pon a cien a esos pringaos.

Arranca bocas, pendonea,
hazte virgen, lola, dales gusto,

sácales luego la guita y piérdete,
corazón mío.












DÍA DEL LIBRO


¡Maldita sea, acaba ya! ¡Muévete, vamos!
Enciendo un cigarrillo,
me acerco a la ventana.
¿Oye tía, no tendrás
una papela, algo de goma?
En la calle la cosa está animada:
el mismo frío, el mismo personal
buscándose los cuartos,
unos maderos tronchados con un paisa
al que obligan, pipa en ristre,
a tirarse a la farola.

La pava de la tele
tranquiliza. Libros, rosas,
la importancia de cervantes
(este año se lo han dado a una cubana),
el rey sonriendo, como siempre,
a la parroquia...

Un charnego se acerca a preguntar
por el pescado
y la Palmira, con el cuento,
se lo sube a la pensión. Escucho aplausos.

Noches como esta te abren el estómago.





POÉTICA


un poema es una sepultura,
y, cielo, tú debes caber dentro.


* los poemas en color no fueron publicados en la primera edición, sino en la segunda, la de Baile del Sol.





CAL VIVA



Nadie repara un corazón,
nadie devuelve una memoria ni un castigo,
la casa de tu padre no está en venta
y en tus entrañas nace un árbol viejo.











LOS cisnes no funcionan esta noche.
Pompeya, la gachí que escupe por sus mellas
la leche de cien cristos, me pide cinco trompos
para un chute. El cajero se hace el duro
cuando metes la tarjeta.
Conoce los tatuajes, los pinchazos, estos morros
y no afloja ¡el muy pendón! ¿Le meto fuego?

















a josemari, triste y fino, con coraje.



UNA no sabe a qué carajo juega,
ni cuál es la maldita utilidad de esta partida.
Tranquila, me dice Josemari, el Cubatriste,
cuando esos hijoputas te muelan las ventrechas,
lo sabrás.
Ahora a lo nuestro.












LA Guanchi es la que vino de Canarias.
Jodida y bien jodida, se quiere abrir las venas
con un simple abrelatas. Hace meses que se mete
optalidones y basura que encuentra en los derribos.
Como loca se harta de insultar a los maderos
-está en busca y captura- y al padre de una hija
que no ve desde hace cuánto.

Por los clavos de Cristo, le grito,
compórtate y olvida.












HACEDME un último favor:
firmad donde os indiquen.
Yo el cuerpo no lo quiero para nada,
mejor que lo aprovechen.
Para algo servirá,
si acaso vigilad que me haya ido
cuando abran, retacen y congelen.












DÍA DE GARRAFA


Días, como todos,
de garrafa.







la posesión del humo











HOLLY, LA DE LAS HORAS NEGRAS



Hoy, querido, me rozan los tacones
y la luz se va en lo mejor del polvo.
La lluvia muerde un corazón.
Mi coño admite tus tarjetas.









LAS camisas no te caben en el cuerpo
la bandera te desuella (¡duérmase!),
nieva plomo y despiertas al clap-clap
de este lolailo. La vida, cada poco,
te sube sus impuestos, ¿qué creías?;
el precio del amor manda cojones
aunque siempre te puedes apañar
(y aquí estoy yo) con algo menos;

Está nevando estiércol y un fulano
va y te dice, oye nena, a ver, a ver
mueve ese culo.










SUPÓN por un momento que tu vieja por cien pavos
se lo hace en los camiones con cualquiera,
que la bofia por dos gramos te manda pal talego,
que el cabrón de tu vecino le ha metido
por dos veces fuego a tu garito,
y ese menda te ha dejado un marrón en las entrañas,

que estás viva,

tan completamente viva, que qué importa
ponerles por delante el pastelito envenenado
que guardas en los muslos,
mar adentro.












SAVOIR FAIRE

a manolo alosno pazos, que
una vez me salvó la vida.



Crees que ir de pavo en pavo es estupendo,
pero ¿qué me dices de bregar con esos bestias
que acaban poniéndote la pipa entre las piernas
cuando les hablas del condón?
¿soportar las babas de un fulano
que se apaña con la jefa
pa meterla caliente en tu trasero
por un maldito paquete de gauloise
y veinte francos?












EN enero borrachos marineros y en febrero
mi primo el almirante: Onofre en el café,
como una reina. Poesía, dices, y eres tú
orgásmica y venal. Rompecojones.



















CABALLO DE PICAS



Oye, vida, ven aquí
necesito un poco más de ambiente y unos tragos
de carne en las entrañas, más luna
en estos brazos.
Deséame
lejana y sin conciencia,
subida al último espolón, como en la inopia.
No te tardes, ¡llévame!, jaco de Mierda.















PARA no caer desde el tercero
me agarro como puedo a las barandas
Muerta, muerta, muerta, más que muerta,
me dices, ¡fantasmón!,
con estas ojerazas, echa un asco,
y tú mientras corriendo
como pernod por mis huesos.



















¿QUÉ les hago?
me flipan los vecinos: mato a sus perros,
ardo en sus pensiones y pago los recibos
de la luz y del descaro.

¿Qué les da?
Eran fiambres cuando vine:
muchos pasaron por aquí,
llegué a sus huesos. Les dejé,
¿quién se arrepiente?
la rosa negra y el reloj, este reloj:

por cien francos de placer,
mon cher, nadie da más.
Déjalos ir, tú déjalos:
ya estaban muertos.











TE siguen los maderos, ¿dónde ir?,
corre si quieres (y ¿qué es,
dime qué es lo que te tiene entre las cuerdas?).
Mañana volverás para pedirme que te cruce
en este jaco y que te ofrezca
un billete directo a las tinieblas.



















PORQUE vivir no es atarse la mollera con alambres
ni volar cuando más turbia está la noche,
sino mirar al cielo, desnudarse, ponerse a andar
pa cualquier sitio y calladito estás mejor,
corazón mío.

Vivir... vivir ¿es que estás ciego?











ME he pasado muchas horas
doblada como un perro,
agarrada a los lavabos.
Ellos, mientras, miraban hacia arriba
pa darle precio a este mihura.
Es barato, ¿por qué no?
¿Dónde está el truco?

Irme de aquí, bah, ¡qué bobada!,
¿es que puedes elegir
con qué te acuestas?
















Y si lo ves venir con tantos humos,
olvidada de ti misma, no nubles tu placer
con tontos miramientos ni blandas maniobras.
En su perra suerte hazte con él. Luego,
déjalo marchar como llegó,
que más tarde han de venir
noches sin nadie, barcos que te alejen
aún más del puerto.












PORQUE la noche, niña, tiene sus gorilas
sus putas, sus tarados,
y oigo el mar cercano y hueco
como aspas de un ventilador,
¡nena!, ¿a qué juegas?



















EL color del miedo y unos charcos,
la voz sesgada de un fulano
que promete sacarte de la calle
con fragatas y tanques y alguaciles.
Lo juro, jura, y se larga tan campante
como de niña yo, con los niños del biafra.















¿NO querrás que a estas alturas yo me trague
la labia aguardientosa de un pirado
que promete por sus muertos
presentarse con tanques
y fragatas al local
pa salvarte de esta vida
y estos mendas que se dejan
sus escombros y su hiel sobre tu colcha,
mientras largan de lugares
donde nadie te pondrá la mano encima?












LA noche, cada noche
se queda en la alfombrilla,
apuro otro gauloise, otro café,
me quedo como muerta y me disfruto.

Un rayo de sol frota mi espalda
como un chico trasnochado y rencoroso.
Esa es la luz que vuelve del festín,
la perra luz del día.











SIEMPRE he vivido en cuartuchos desalmados
y a mi padre lo vi tres, cuatro veces.
Tal vez me sobreviva el muy cabrón
sin hígado y sin sesos, desguazado.
Un cuarto así para soñar
con el hambre, cielo, de estar viva.


















POÉTICA



no, no es esta una poesía
sino la mala vida, ¡joder!,
esa costumbre de no llegar
hasta el final de nada













EN el calor de un brazo,
en la distancia entre dos calles,
en toda esa simiente, en mi salario
de brasas, en la arena
de esos espigones
que se ven desde mi cuarto
cuando abro al mar estos escombros.











EN fin, querida mía,
que empieza la calor
y huele a heno y a compresas.
Un poco, cómo no,
a pescado pudriéndose en el cubo.
Los días, sí, parecen calcos al trasluz...
porciones exactas de quincalla.















ESTÁS lista
¿y el amor, qué fue de aquello?
Una polla me tiene entre las cuerdas
la misma a la que amé más que a mí misma.
La vida fue, mientras, llegar,
correrse en serio
y consentir tu humor, tus vacilones.



















DESEOS PÍOS DE ACABAR EL AÑO

a lluis feliú, el menda de los musgos


Una lluvia bronca y desflorada. Morir muy joven
a manos de cualquiera. No eliges tú la vida
y cuando la vida es ya cuestión de casi nada
importa no dejarse empitonar por un pringao.










LA deja entre mis muslos,
como un sable. ¿Qué más da?
No queda tiempo. Lejos de la casa,
en sus ruinas, parece despertar.
Sentir cómo se atiesa,
cómo va juntándose a mi carne,
cómo gime y cómo empuja y me revienta
sin que pueda desprenderla
ni decirle, ¡lárgate, vamos, lárgate,
muerte de mierda!
















MENAJE A TROIS



Quedamos a las tres
y se presenta a media noche
con Mirelle, sí, sí, como lo oyes.
Solos los tres
me larga algunos de sus versos tan manidos.

Son de amor y los dedica
a su dulce espatarrada mariposa.












CON dientes de verdín le comí el rabo
que tenía un sabor a pollo frito, a cosa helada.
Le acepté la copa, la yesca, una rallita,
todo lo acepté con tal de que aflojase:
estaba en cuadros.

Pero no, no me aflojó
su duro mercader de las tinieblas.












TATUAJE



Lo miras divertida y te invitas a una copa.
Si su historia fuese buena,
si tratase de sucios tiparracos,
de drogas o de hoteles rojos como un cuerno,
de una muerte no explicada
o de una vida inexplicable
la cosa, cielo, cambiaría.
Pero no. El muy petardo raja y raja de Acapulco,
entona al Aznavour con voz de franciscano.
Yo soy géminis, te suelta, y tú,
espera nena, espera, tú eres tauro.

Así es como el gachó
se agencia un quiqui allá en su tribu.


A esto del amor, le digo por ponerme interesante,
le va el carmín resquebrajado,
los parques últimos, el cigarro a solas,
las lunas abolladas,
los coches estrellados.

Me levanto a por gauloises.
Lo dejo con los ojos
hundidos en la copa
aún más turbia que sus ojos.
Ya en la calle,
me cuelgo de un polaco
y tarareo esa canción de la Piquer:
Y él vinooo en un baaarco...







NO he perdido el tiempo
y aunque haya dejado la vida
en el peor de los muelles,
de algunas noches guardo
la impaciencia de un cuerpo,
la sagrada compaña de un amigo.
















CON ARTURO

a uve berges de neu, de la misma calle


Llegué hasta aquí
en un tren que era una cobra.
Aquí encontré lo que pedía.
Palomas y gorriatos
disputándose el arroz de los domingos.
Como una sombra
espero el barco hacia el infierno
donde todos estos pajarracos
de cartón no me fastidien.













a tonino padovani, a quien conocí
en El Barcas hace ya muchos años

DEJABAN en el muelle los pesqueros
su carga de caballas. Sentada en aquel banco
lijaba mis morritos de pepona made in Usa.
No hablábamos de túneles entonces.
No hablábamos de impuestos.

Al bajar del autobús
en el cruce de Peligros y Marina
eché de menos a otra puta, a un marinero
rajándose hacia el muelle. Tan sólo a La Palerma
pidiendo para un jaco. A mi paso las gaviotas
buscaban las palmeras donde más triste es el vaivén
de los cacharros. En El Barcas por diez pavos
te ponen a Los Chichos..., ¿qué, te apuntas?

Aquí estoy,
girando en los carritos de una noria.
Es entonces, Tonino, cuando me pregunto
¿si la paz, lo que otros consiguen llamar paz,
puede ser esto?








a hilario algorta, frutalmente,
y con un palo de golf



CALLADOS, con la lluvia,
recorremos la alameda
rompiendo besos a pedazos
y calentándonos a conciencia.
Donde otros han follado
hemos follado, pero nada es hoy tan dulce
como el barro de tus muslos,
el chap chap de tu palomo trampeado.

Y sigue, sigue, sigue,

como si no ocurriera nada,
la lluvia en nuestros ojos.





BAJANDO por la rue dindon
hacia el embarcadero,
hoy, 23 de agosto de 1992,
me estremezco al pensar
en todos esos cuerpos que habité,
verdes tumbas saqueadas.











PERO no callo por miedo
a esos zumbaos
que se beben la sangre
de todos los caídos.
Callo (si es que callo)
porque no hay nada que decir,
nada que ocultar tras tanto tiempo
dando tumbos, tumbos, tumbos,
tantos tumbos.










SI en tu espalda corre el fuego
y en las plazas no encuentras tu salario,
ni la niebla ni este mar, aquellos tipos,
un tipejo, la tormenta, el mascarón,
ese mamón, sus gabardinas, la piedad,
tra-la-la-rá, el rey de picas, las pavesas,
oh tristeza, EZEQUIEL, abrázame,
¿por qué estos humos so cabrón?,
si a lo mejor, me moriré,
me moriré, me moriré, si no estoy ya
muerta y bien muerta.














ESTABA todo en paz,
el folio en blanco
y la lluvia triste
escupía en la ventana.
Había encendido un cigarrillo
me había tomado un buche,
sólo un buche de café.

¿A qué esperabas, te dije,
pa ponerme mirando pa gerona,
pa enterrar en mí tu savia negra?

He huido en otros trenes,
me he roto en otros cuerpos,
y es mentira el mundo.




razón de un cuerpo






¿A qué esos morros
de no estar donde debieras,
de apostar por lo perdido,
de dar lo que no tienes
ni tendrás por más que vivas?
¿Es que piensas que esos mendas
han llegado sin pagar,
sin venderse a un mal furrier
por un quiqui entre los sacos?








NO eres la mejor por haber perdido siempre
o por perderlo todo.
Ni más justa, ni más chachi ni más nada,
apréndelo.
Si acaso más estúpida y más mema
por dejar que esos pringaos
se vuelvan de rositas a sus nubes
después de ver multiplicado
tu coño en los espejos.











DESGRACIA

a Heladio, camellero en el desierto

Hacer las cosas mal, sin propósito de enmienda,
sin que te tiemble en pulso, vamos.
Todo mal.
Levantar una casa en un peñasco
para que no duermas tranquila en esa casa.
Que en cada tempestad algo se caiga,
no soporte, se destruya.
Hacer las cosas mal,
tener el valor de hacerlas mal.
Dejar clavos en el suelo y cristales en los ojos.

Pero que quepas, que quepas tú
aunque no duermas.
Que quepas, que no haya
día que no pienses
que estás a punto de palmar,
de irte al otro barrio,
que ya nadie te pueda librar de la desgracia.








IN MEMORIAM M. R.



¿Joderte? ¿Para qué? Eres ya un muerto,
una piltrafa y tú lo sabes. ¿Si quiero más?
No, no quiero más, estoy cascada.
Hablabas de la muerte
de los dos, pero cariño, yo estoy viva,
podrida pero viva,
el muerto lo eres tú
y así le sirvas de papeo
a sus caniches.













EXTRANJERA, ya, como los cuervos,
como esos chuchos que duermen en los puentes.
Para follar cualquiera es buena, Mademoiselle,
con tener el culo a punto vas que flipas:
Lo dejas entallado entre las vías
y a esperar, esperar
que pasen talgos.















HAMLET



El menda venga a dar con la bocina,
la peña como loca por Las Ramblas.
Onofre viene a preguntar
si llevo encima. ¿Esa gente de qué va,
tanto trajín, tantas banderas?

¡Joder!, ¿es que alucinas?
Cinco, tronco, a dinamarca.










HOY parece usado el mar,
como la estampa
que guardo en el bolsillo,
usados esos buques que la bruma
vuelve muebles, ramas, cuerdas.
Mientras las barandas brillen
y los niños corran por sus tablas,
todo será bueno. Pero es mejor acostumbrarse
cuanto antes al vicio de la herrumbre,
a las jeringas, al vaivén del oleaje,
hasta ver aparecer al barrenero
y el mar recobre entonces
lo que es suyo.











TE quieren muerta, fiel, hecha unos zorros
y se acercan a ti para obtener consuelo
pasta o servidumbre.
Atraviesan los tabiques
y con humos te tantean.

Déjalos que paguen y se larguen,
que cuenten luego a los demás
lo bien que te lo montas.

En un negocio que comienza
es importante el boca a boca,
los detalles.







ESE rostro de luna espatarrada
me enganchó:
huí calle abajo vestida de lolita:
las bragas desde todos los balcones
me seguían como cepos o banderas
puestos a secar de los balcones.

El olor del muelle me cegó.

Lo seguí, dispuesta a todo,
leoparda detrás de una gacela.















SI al menos llegase cargado de promesas
diciendo que Dios lo ha tuteado,
que deja los pinchazos y a esa bruja brasileira,
igual me armo de coraje y no lo hago.
De momento,
y por si acaso, se lo he dicho
al colega de una agencia. Sin problemas.
Me ha contado que en Milán las españolas
son la hostia. Ya ves, amor, tengo mis planes.
















SÓLO quisiera que la vida
fuese tan justa con vosotros
como justos habéis sido conmigo,
pero no, el rencor mío
no es tan grande ni tan ciego:
me conformo, pues, con la mitad,
con la mitad, ¡mirad qué poco!











PUDO ser ayer o hace un verano,
en una tarde de esas tontas
cuando andaba a saltos de los trenes
o bebía ron con esos guiris.

Pero no, te empeñas en venir
justo a esta hora,
cuando no llueve ni hace frío,
y estoy triste, y ya no tengo
ganas de abrir mi sangre a nadie.

En fin, es justo ahora,
con la olla por los suelos,
y unas ganas de morirme
a cualquier precio, cuando escucho
tus pasos en la hierba,
y llamas, llamas... ¡dios!,

y corro a abrirte.








SUEÑO



Asoma la cabeza el pajarraco,
hace polvo los cristales
y se posa en la mesilla.
Te pide como siempre servidumbre
y tú, que temes perder todo
si no ofreces algo que lo calme hasta mañana,
le entregas tu parné, tus venas,
tus sostenes y a cambio deja en ti
todos sus huevos, el frío de una piedra
al despedirse.










ACABARÁS huyendo en un furgón
perseguida por perros y por moscas.
Seguirás el rastro que dejan los peleles
y a quien venga las sábanas lavadas,
los globos nuevecitos.






















HAY noches en que llaga la cosa esta del río,
lo sientes como sientes que eres joven,
te preparas un café y el río sigue y sigue.
La noche deja en la ventana una luz calva,
un olor a engrudo y sólo queda el río,
ese río de peces asustados.











TODO LO PERDÍ



Perdí una noche de amor en Casablanca,
un reino perdí y perdí el limbo,
la apuesta de nadar a corazón abierto,
perdí la noche, un autobús, perdí la vida
como se pierde un bolso en un atraco.
Perdí el gusto por el vómito y la luz,
perdí en la playa una estocada.
Perdí una guerra,
el alma, el número de un móvil,
la fe en las cosas que me importan.
Perdí los ojos, la juventud perdí
en un mal sueño.
Todo lo perdí. Lo que he ganado.







CUESTIÓN DE FE



Voy a Sans sólo por ver los galeones
que parten para Córdoba o Asturias.
Hoy no pudo ser, pero alguna vez me iré con ellos,
lo juro como hay Dios, me iré con ellos.


















CON un pie donde las malvas,
con la risa patizamba por los charcos,
en esta tarde tibia y verde
que amarga como un sueño en las encías,
sé que volveré. Cargada de legañas
y de vino, podrida como un perro en un pinar,
alumbrada por el asco y la desidia
volveré, quedad, quedad con dios.