AYER estuve almorzando en casa de unos amigos. Les habían regalado
los poemas del reciente premio Nobel de Literatura. Un libro muy bien
editado, muy bonito. Tomé el libro porque confieso no haber leído
nada de ese tal Fosse y pretendía vislumbrar la grandeza del
escritor galardonado. El tipo, ya lo sé, es dramaturgo más que otra
cosa. Como siempre que comienzo con un poeta, busco una primera
puerta en sus poemas breves, esos que yo pueda ver y leer al mismo
tiempo, para hacerme una idea vaga, pero consistente, de lo que voy a
encontrar, de su musculatura, de su fronda. Comencé, pues a leer.
Leí un poema, dos, tres, cuatro, me pasé al formato un poco más
largo y es que no daba crédito. ¿Me estaban dando con un martillo
de goma en la cabeza? Encontré paja, farfolla de la mala, balbuceo
inconexo, una utilización de la página sin el menor sentido. Y no
se trataba del traductor, no. Si uno pone en la página "alegría
piedra espacio, notorio gorrión" -cito sin citar- el trabajo o
las decisiones del traductor -y yo he traducido bastante poesía- se
reducen notablemente, pues donde el traductor se la juega es en la
complejidad retórica, en el fraseo, en la ambigüedad de ciertas
frases o enunciados. Aquí, en estos textos de Fosse, el traductor
hace lo que se le manda con el texto y punto. En fin, lo que leía
ultrapasaba mis mayores reticencias, me colocaba ante la
estupefacción más alta y más brava. Pura farfolla, nada en estado
de ruina. NADA. Entonces me pregunté: cómo es posible conceder el
Nobel no a un escritor mediocre, no, pues me faltan elementos, sino a
un escritor que no sabe podar su escritura hasta el punto que acepta
como obra propia algo tan demencialmente malo y abstruso, tan
absolutamente inane, donde ni siquiera entre palabra y palabra
intuyamos la grieta o el misterio. No es Celan, pongo por caso ni
Trakl, ni Holan, ni Benn. ¿Quién carajo le ha dado el nobel a este
tío?, me preguntaba y os pregunto ¿Dónde coño estamos? ¿Dónde
está el criterio? ¿Por qué coño no se denuncia semejante
disparate? Leí, sí, algún que otro poema que parecía tener su
sentido, que se acercaba a un cierto sentido, pero el 80% de lo que
leí era pura purísima farfolla. Luego, ya en casa, veo la bromita
de El País y ya saco bandera blanca y me digo, ante tanto disparate
es necesario salir de la trinchera con las manos en alto. Hasta aquí
hemos llegado. Porque es lícito preguntarse: ¿en manos de quiénes
estamos?, ¿Quiénes espurgan lo bueno de lo malo, oficio de la
crítica desde que lo es?
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