SI PUTA ES ENERO...

Ya anochece mucho más temprano. Hace ya un par de horas que lo ha hecho. Veo la farola de la esquina iluminar las primeras fachadas de la calle Sola. Antes, envueltos en las sombras, aparecen los corrales, una especie de laberinto de tapias y corrales. Me quedo absorto en la oscuridad, como si algo debiera surgir de ahí. Pero de la oscuridad no sale más que oscuridad. Helena llama para decir que no le ha llegado la bici que le compramos, Julio, nuestro cónsul, se queda a dormir en Aracena. Hoy, por la tarde, los niños jugaban a voces en la calle, ajenos a las sombras del mundo. Más allá de nuestras preocupaciones objetivas, el mundo sigue adelante. Ahora, por ejemplo, suena un cárabo a lo lejos, de la parte de los olivos y una campana añade vida a este silencio donde sólo se escucha el frufrú del ordenador. Sí, la vida continúa, se hace audible y visible en las cosas más pequeñas, esas que tenemos olvidadas. Ya sé que no es ningún consuelo esta descripción para quien se encuentra sin trabajo, para quien no sabe cómo ha de llegar hasta fin de mes (y faltan todavía 13 días). No quiero que lo sea. Sepa que yo tampoco tengo un trabajo, que hace diez años que decidí abandonar mi trabajo y ponerme a teclear un ordenador. Yo quise renunciar en su día a tener un sueldo fijo a finales de mes, tuve que resistir, tuve que renunciar a compromisos que no me podía permitir. Jamás he pedido un préstamo, por ejemplo. He nacido en una familia de labradores que vivían de lo que les daba la tierra y el cielo. Miraban al cielo cada día y no sabían lo que pudiera depararles. Nunca pudieron pedir préstamos, nunca vivieron con lo que no sabían si podrían pagar. Apegados a la tierra, desConfiaban de todo lo demás. Si puta es enero, decían, puta es febrero. Y yo he seguido ese ejemplo. Y no me he hipotecado. Puedo ser más pobre que una rata, vale, pero esa pobreza es mía, esa pobreza no es deudora de nadie. Me alegro de haber nacido en una familia así, que cada año se las veía y se las deseaba para llegar a finales de agosto, que esperábamos a las cosechas para saber de cuánto disponíamos. En una ocasión mi padre tuvo que vender la única vaca que teníamos para poder pasar las fiestas de agosto. Yo lo supe años más tarde. Por eso ahora miro la oscuridad de la ventana y me digo que hay demasiadas cosas por las que merece la pena vivir y resistir.


 

INTRUSA

(I)
a María y David, a Rosi y a Juan Antonio
Es raro que llamen a la puerta a las cinco de la mañana. Más raro aún que pronuncien mi nombre y profieran amenazas. Pero, hablando de rarezas, más raro es que le contestes tú, que no estás, que no has existido... que eres fruto de mi invención, que sólo existes en el papel y, coño, que sin consultar con nadie, le digas que vuelva más tarde, que el autor está escribiendo.

 

2 comentarios:

¡Gracias por la parte que me toca, donMa! Y puta marzo... y puta abril... Y asín till the end of the days!

MANUEL MOYA dijo...

David, tronco, ha llegado ya nuestra top de los madriles?
A ver si me mandas afiticos pal blog. Molaría y pico.