PIJOS Y ÁCRATAS

Este es el panorama que se ve desde mi ventana
y del que tanto os hablo. Por fin.
Hoy las nubes parecieran que corren hacia atrás. Lo hacen lenta, casi imperceptiblemente mientras se desangra la tarde. Está abierto el balcón de la calle Sola. La cortina es mecida blandamente por el viento. Ese balcón. Ya los pájaros comienzan a madurar su otoño. Hoy, que he estado en Riotinto con mi padre, he visto muchas hojas por el suelo, rompiendo el negro de la carretera. A su lado, los árboles mostraban su corazón ocre, su lenta muerte definitiva. Me niego a ver el telediario. Cuánto se ha deteriorado y en qué poco tiempo. Ahora más bien parece un folletín gubernamental. Lo que más rabia me da es ese sí pero no, no pero sí, esa pura indefinición del futuro. Lo que hoy parece blanco, mañana ya es ocre y pasado negro. No hemos dejado de padecer. Lo seguiremos haciendo. Quienes dijeron tener la solución a la crisis, van a acabar por embarrancar la nave. No saben a dónde coño van o lo saben muy bien, pero no nos lo quieren contar. Y no sé qué me produce más horror. Y sí, como dice no sé qué juez (ese pijo-ácrata), la profesión política no es que produzca hoy náuseas, es que produce horror. En los partidos de poder, sobre todo. Una casta de sinvergüenzas y de mafiosos (con sus excepciones, como no), capaces de venderse al primer postor, capaces de llevarnos al matadero con tal de mantener "todo lo suyo". Confunden intereses de partido con democracia. O simplemente partido con democracia. No, no hay que ser ácrata ni pijorro para entender eso. La gente sale a la calle encendida e incendiada por dos cosas/causas: por ética y por desesperación. Ninguna de las dos causas están en el imaginario de ningún político del momento. No hay que asaltar el congreso, hay que asaltar el sistema corrupto de partidos. ¿Pero dónde carajo se hace eso?
 
Oslo. Las islas que rodean Oslo, la noche de Oslo, esas agujas que hoy pinchan el cielo de Oslo. La dulce noche de oslo.

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