MIMOSAS

Lunes. La oscuridad vuelve a apoderarse de todo. Afuera y a lo lejos ya están floridas las mimosas. Recuerdo las mimosas de la plaza del Instituto de Aracena, donde cumplí los veinte años. Y no sé por qué razón, el recuerdo de las mimosas, me conduce a aquel ser extraño y fantástico que era Laureano, el secretario del Instituto y algo artista, investido de una irrealidad sana y flamígera. Laureano me tenía entre los suyos y eso constituía un privilegio para un chico perdido que se asomaba a la veintena con un puñado de inseguridades y sueños incumplidos. Corría el año 81 y yo albergaba ya todos los sueños que no podría cumplir en mi vida.
Hoy he leído en Los desorientados del escritor libanés Amin Maalouf algo que me ha llamado poderosamente al atención y es que tras el 68, todas las revoluciones que en el mundo han sido desde entonces, fueron conservadoras, es decir, que entre el 68 y el 69 asistimos a un cambio de paradigma político que lega hasta nuestros días. Habla de la revolución iraní, de la que protagonizaron la Thatcher, Reagan y Juan Pablo II y de todos esos giros históricos que nos instalaron en el neocapitalismo o el ultracapitalismo, que de las dos formas es posible llamarlos. Hasta la llamada revolución de los claveles en Portugal, añado yo, acabó con el signo conservador. Maalouf habla de inversión en la dinnámicas políticas. Sería bueno reflexionar sobre el caso.
Por otra parte, e libro del libanés,con ser interesante y didáctico sobre la fractura social y personal que siempre supone una guerra civil (esta es, naturalmente, la del Líbano), no me parece un libro redondo, pero aún es pronto para dar un veredicto: estoy a cien páginas de su final.






K12

De no ser por mi padre, hubiera muerto allí
Su carne me supo a gloria.



PERSISTENCIA DEL TIGRE

Los tigres no me gustan. De noche me arañan
las espaldas, me van persiguiendo un poco en cada sueño y al mirarme al espejo por la mañana siento como si hubiera escapado de chiripa una vez más.



ENTUSIASMO


Hitler aúnse pasó la lengua por los labios antes de subir al estrado y dirigirse a toda esa masa vociferante que nada más verlo comenzó a agitar banderas, presa del entusiasmo.