IMAGINO

Chema Madoz
Suenan las campanas. La nieve nos ha rondado hoy pero no ha llegado. La nieve aquí llega muy pocas veces. Casi nunca, vaya. Cuando llueve, naturalmente es una fiesta. Los niños alen a la calle a tirar bolas y la gente baja ala plaza donde siempre, no se cómo, se adviene algunra raeza;: un tipo con unos esquís, alguien en bañador, pequeñas cosas de esas. Yo suelo subir hasta lo alto de Puerto Ciervo y hago fotos. Cada año son las mismas fotos, pero me es igual. Es bonito subir por esos caminos no hollados y perdere entre los castaños y los pinos. A veces bajo hasta El Rodeo porque allí la nieve sube a los bardales y a los pereros. Hoy el día no ha sido de fiesta. Todo está como acoquinado hoy. Las calles húmedas, el cielo gris. Ni los pájaros se han escuchado. Los aviones pasan en silencio, como escondiéndose. Imagino cuánta nieve quedará todavía en los bosques suecos y noruegos. Imagino la sombra de los aviones en la nieve. Imagino, imagino, imagino.






VUELOS


Chema Madoz
Cada día ella me esperaba muy al otro lado del mar, en un bosquecillo de alisos, junto a unas cuevas. Yo procuraba llevarle dulce de cerezas, gotitas de rocío, lágrimas de drago y a cambio ella me entregaba frufrús de colibrí, polen de hinojo, hojas dulces de su librito secreto... Yo la quería a rabiar y ella se apretaba a mí como si siempre en los alisos hiciera mucho frío. Y al llegar la noche cada uno volaba hacia su árbol y a su orilla del mar. Yo me pasaba el resto del día buscando la manera de perfeccionar mis vuelos, y ella se lo pasaba acechando a los colibríes o recogiendo polen de hinojo. Aquella última vez ambos nos quedamos dormidos uno dentro del otro y desde entonces (sin decirnos nada) nos pasamos el rato tratando de buscar una salida, porque yo echo de menos volar a su encuentro, y ella planear sobre el bosquecillo imaginando mi cara cuando saborease fresquito fresquito el frufrú de sus colibríes.