EL OTRO IMPERIO




Ladra un perro. la oscuridad todo lo vence, incluso ese ladrar que se pierde en la luz, en la ausencia de luz más bien. A lo lejos parece vibrar la luz de un coche. Son las pequeñas cosas las que nos hacen despertar. Nos queda el imperio de las pequeñas cosas, el universo de las cosas que no tiene importancia y que vienen a nosotras como hace un millón de años. Las nubes dejarán paso a la oscuridad y en la oscuridad, como soldados perdidos en las batallas del mundo, aparecerán las estrellas. Y no será el mundo mejor ni las penas y pesares dejarán de hostigarnos, pero uno quisiera apelar a eso, a lo pequeño, a lo pequeño misterioso, a esas cosas que son verdaderamente universales, que nos comunican entre sí, que nos proporcionan una conexión con lo más profundo de nosotros mismos. Yo pelo a esas pequeñas cosas que nada cuestan y todo lo significan, que no piden nada y lo dan todo.
Hoy os propongo un poema que escribí no hace tanto y que se titula A salvo. Habla de esos días oscuros, del plomo fundido que se introduce en nosotros y de la fortaleza y de la esperanza y de la creencia en uno mismo.




A SALVO


Se hizo de noche. Nada hubo.
Hoy estuve todo el día en mi sitio

Dios, me siento bien.
He luchado hasta partirme el cuello...
Mas cuando logro enlazar con esa sangre mía

cuando llamo a mi puerta y allí estoy
vestido de mí mismo, acabado de ser
logrado en mi estatura, en mi quererme,
me siento cómodo conmigo, contigo, con todo.
Bien. He pasado algunos días difíciles
Ya sabes, nubes, caminos embarrados,
trazos que uno no sabe cómo continuar
y en tanto vas girando, girando en torno a un mismo punto,
sin avanzar un paso, sin salir de ese torbellino.
Es la vida, piensas, que a veces llega
con un sabor a almendras amargas
y el cuerpo tira para abajo
y la tierra se abre y el cielo te sepulta.
Pero así, me dije,

no puedo proseguir,
debo romper ese girar y ese girar
sobre el que parecía estancado,
y apreté los muslos y alcé el cuello
y escupí
sobre mi propia compasión
como quien escupe una bandera o una razón podrida.
y Ahí naciste tú: oh luz.
ahí estabas tú, camino, forma,
esperanza, voz que vibraba en mi pecho,
que saltaba a mi nuca,
que bombeaba sangre a mi corazón acorralado

, lo sé, algunas veces
toma uno la dirección del trueno
y sin saber cómo
sin entender por qué
aparece tu cuerpo flotando en esas playas
del duelo y la amargura  

y durante das no haces sino lamentarte,
vivir en las escorias, mendigar un poco de indulgencia
a ese dolor que nace de lo adentro,
pero otras, como hoy mismo,
uno se levanta y pone rumbo al sol,
y entonces ya puede nevar, ya puede hacer frío,
ya puede caer la noche con su telón de hierro
y su lenta amapola de cianuro, 
tú quiebras la luz y haces el día,
porque estás a salvo de ti mismo,
porque la palabra azul o la palabra brizna
vuelve a cubrir tus ojos, la tierra, el cielo,
y eso ya es salvarte,
eso es ya quererte, quererme, quererte,
luz que se derrama por los campos,
sol que nace de lo adentro.