VENTANILLA Nº 9

POEMA PARA LA CHICA DE LA
VENTANILLA NÚMERO NUEVE

 

 
Tal vez usted no sepa quién soy. No importa.
¿Es esta la ventanilla número nueve?
Si fuera así, yo soy quien usted andaba esperando.
Si no lo es, perdone, quizás me haya equivocado
de lugar. Tenga un buen día.
Mire, puedo decirle que por aquí ya está atardeciendo,
que el disco del sol se ha escurrido por los tejados,
que hemos tenido un buen día, que su cara me recuerda la cara
de alguien que he conocido o he amado.
Sus pecas o su pelo, por ejemplo.
Mire, suena un gallo, lo escucho aquí a mi lado, tan tan cerca...
La vida suena alrededor, las cosas vivas me refiero,
como el ladrar de un perro, como el cantar último del gallo...
No sé quién me he dicho que usted está hoy triste,
que hoy no le consuela la dulce voz
de la chica noruega, ni estas largas explicaciones
acerca de la caída del sol. Bueno, no siempre la poesía es infalible.
Si lo fuera, yo sería hoy un hombre contento
que se calentaría los huesos con la descripción del crepúsculo,
pero a veces la poesía no consuela, sino que muerde y muerde
y no suelta su presa. Y, mire, tal vez sea bueno que así sea.
Pero cae el sol, señora, cae el sol,
el mismo sol que ahora dora sus mejillas y quiero decirle
que alce esos ojos, que vuelva sus ojos al crepúsculo,
que muerda una manzana. Ya, ya sé que eso
no le ahorrará el dolor que ahora siente,
pero quiero decirle que ahora yo moriría por usted.

E. Manet. Joven pensativa.