LA REINA DEL MAMBO

María Alcantarilla
Hoy hace calor. Mucho calor. Cae la tarde. Es una tarde como tantas. Una tarde de verano. Suena a lo lejos una radio, los chicos divirtiéndose en la piscina de algún vecino, suena un martillo que golpea sobre la madera, los pájaros que al caer la tarde se vuelven dicharacheros. La vida cobra a estas horas del fusco lusco un aire de urgencia. El día acaba, y todo regresa a ese lugar quieto que es la noche. María Alcantarilla me llama a media tarde y me dice que ha ganado un premio, su primer premio. No sabes cómo me alegro, niña. Que no sea el último, guapa. Ojalá ganes muchos.
Antonio Saura
Los premios en este país son algo controvertido, de lo que uno, al parecer, debiera avergonzarse. Nadie te perdona que los ganes. Ni siquiera los amigos. Ganas un premio e inevitableemnte te conviertes en sospechoso. Algo habrá hecho, se dicen. No me gusta nada, dirán otros. Si ganas un premio puede ocurrir dos cosas, que alguien comience a sospechar de ti, o que alguien comience a sospechar de tu obra. Una obra no puede ser muy buena si gana algún premio. Yo, que he debido ganar docena y media de premios, soy un sospechoso de tomo y lomo. Lo mío, ya digo, no debe valer un pimiento porque casi todo cuanto he publicado ha sido merecedor de un premio. Uno es un ganapremios apenas ha alcanzado los cinco premios. Yo lo soy, qué le vamos a hacer. Pero me gustan los premios.

Me gusta presentarme a ellos, emboscado en el anonimato, sabiendo que igual sí que no, indiferente al éxito o al fracaso, porque ninguno de ellos es un metro que mida quién es uno y que relación guarda con el mundo. Yo me presento a premios porque he decidido ser un hombre libre, porque he decidido no darle la vara a ningún editor, porque he querido no parecerle gracioso o inteligente a ningún colega con más galones que yo, porque no me gusta reír gracias ni aplaudir por aplaudir. Yo he decidido presentarme a premios porque siendo así, la única manera de conseguir que publiquen un libro mío, es que lo premien. Porque me he ganado la vida con esto, con la escritura y a nadie robo por presentarme y ganar un premio. Me presento a un premio porque me sale de los mismísimos, que es una razón tan convincente o más que cualquier otra. Me presento a premios y me alegra un montón que mis amigos, hoy le ha tocado a María, sean premiados. Hoy María está  exultante, hoy María ha abandonado las dudas que siempre y a todas horas mantiene con su obra, hoy María es la reina del mambo y eso no se lo va a quitar nadie. Un abrazo, niña. No sabes lo que me alegro. Papá Manué se alegra un montón de que su niña se eche al hombro las botas de pisar caracoles y se decida de una vez a comerse el mundo. Que te aproveche, nena.



Hoy os dejo con un poema de Luis Rosales, acaso uno de los poetas más altos del siglo XX español. A él y a Claudio Rodríguez hay que volver siempre. En fin, a Claudio lo traeré uno de estos días. Hoy quédense con Luis. Una fiesta, vamos.

[PORQUE TODO ES IGUAL Y TÚ LO SABES]
Luis Rosales, de La casa encendida

Has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.