VEÑEZUELA

Últimamente escucho hablar mucho de Venezuela y es tanto lo que escucho hablar de Venezuela que cada vez estoy más convencido de que hace rato que vivo en ese santo país. Y si no, díganme dónde vivo porque yo ya no sé, como diría el poeta. Verán: en el país donde vivo pueden mandar a los maderos para sacarte a hostias de tu queli porque no te llega para pagar la hipoteca de un piso que acabas de entregar al banco y que seguirás pagando de por vida; en el país donde vivo te enchironan por reunirte con 25 personas en mitad de la calle; en el país donde vivo no puedes filmar a un madero repartiendo mamporros o exigirle, tronco, que te muestre la plaquita con la matrícula; en el país donde vivo más de trescientos huelguistas están siendo condenados a penas de prisión por formar parte de piquetes; en el país donde vivo miles de manifestantes están siendo primero identificados y luego enjuiciados por desórdenes; en el país donde vivo la muerte de decenas de ciudadanos en un metro se cierra de mala manera para que no caiga ninguno de los arriba; en el país donde vivo se repatría o se rechaza a los ciudadanos sin las más mínimas garantías legales; en el país donde vivo no se le da comida a niños necesitados porque eso sería como admitir la pobreza y ya bastante tienen las criaturitas con ser pobres para encima parecerlo; en el país donde vivo los alcaldes se gastan una pasta en poner pinchos a los mendigos para que dejen de incordiar en los barrios turísticos o céntricos y no los vean la gente de orden, tan susceptibles ellos; en el país donde vivo el parlamento es un engorro y se legisla a golpe de decreto, más que nada para evitarle a sus señorías trabajeras y discusiones; en el país donde vivo los fiscales echan una mano a los corruptos y la televisión pública es el principal órgano de propaganda del gobierno a la limón con las cadenas ultracatólicas; en el país donde vivo se cierran periódicos o las bocas de sus directores por publicar según qué cosas contra según qué peña; en el país donde vivo se echa a un periodista por el simple carraspeo de un ministro; en el país donde vivo las mujeres necesitan de dos informes médicos para hacer con su cuerpo lo que les sale del mismísimo; en el país donde vivo no dimite ni dios, así lo cojan con la mano en la caja y con un fajo de billetes entre los dientes; en el país donde vivo a la iglesia, cuidado cuidado con tocarle un pelo; en el país donde vivo se hereda por sangre el puesto de mayor dignidad nacional; en el país donde vivo el rey puede gasear Sevilla y violar media Murcia que el pavo no tiene responsabilidad judicial o penal alguna; en el país donde vivo la peña se contrata por dos horas a la semana y es tan fácil despedir a un trabajador que no hacerlo es casi un acto de soberbia empresarial y hasta antipatriótica; en el país donde vivo se privatizan los hospitales y se nacionalizan las deudas y los manguerazos de los bancos y las autopistas En fin, por las descripciones, yo creo que el país donde vivo es Venezuela, si no fuera porque en Venezuela se está atajando la pobreza severa y en el país donde vivo, la pobreza severa va en aumento.


PARADOJA

Chacha, no dejes que lo hagan. Mira, mírate con esos repulsivos calcetines, con esa ridícula diadema, con esos zapatitos blancos y con ese vestido de organdí. Puaffff. Chacha, no dejes que lo hagan: cuando el cura te ponga la hostia en la lengua, escúpela. ¡Escúpela! Huye después y no dejes, por lo que más quieras, que te alcancen. Tienes que saber que todos los que hoy te miran con cara de corderos degollados y te hacen fotos y no hacen más que suspirar y decirte lo bonita que estás, conspiran contra ti. ¡Huye, chacha, huye! Piensa que todos esos que hoy te han vestido de princesa, mañana, mañana mismo, harán lo imposible para convertirte en una maldita esclava.