SOBRE POESÍA FEMENINA

SOBRE POESÍA FEMENINA


Perdonadme. Una vez más seré incorrecto y me lanzaré a una piscina donde no sé si saldré con vida. Yo tengo estas cosas. Me va la marcha. Mirad: estoy un poco hasta el gorro del monográfico que sobre el valor y la presencia de la poesía femenina en España está estos días invadiendo las redes. He leído sesudos alegatos, que, la verdad, me han dejado impávido, pues apelan a ciertos lugares comunes del feminismo más acrítico. Y todo por unas acaso intrascendentes palabras de Chus Visor. Tal vez Chus Visor no haya estado fino en sus explicaciones al medio, pero tampoco ha negado el holocausto, la marcha forzosa de los andalusíes o las cunetas palpitantes de la Guerra Civil. Como decía Gloria Fuertes, una magnífica poeta del 50, cada cosa tiene su cada cosa. Creo que actualmente hay mayores conflictos que el de dirimir cuál es la proyección de la poesía femenina en España. Podría describir algunos.


He escrito por activa y por pasiva que la mayor aportación a la poesía española de las últimas generaciones la han hecho mujeres: poetas como A. Figuera-Americh, Pilar Paz Pasamar, Mª Victoria Atencia, A. Rosettti o Blanca Andreu (la lista posterior se haría interminable) nos han abierto un horizonte y a una sensibilidad inéditos. En una antología de poetas gaditanas (Reinas de Tairfa) explico esto con suficiente espacio y claridad. Dicho esto, uno tiene también la impresión de que hay mucha e incluso demasiada poeta sobrevalorada y, con toda honestidad, no sé si el hecho de ser mujer tiene que ver en esa sobrevaloración. En algún caso creo que es así. Por favor, que nadie me acuse de lo que no soy. También, es obvio, hay muchos poetas hipervalorados y cuya obra queda muy por debajo de su interés literario y no sé si el hecho de ser hombres.... Con esto trato de decir que en realidad no hay un estricto problema de género. Verlo así es, honestamente, un error de perspectiva. Por tanto, estimo que más que enfocar el problema al ámbito de género, habría que enfocarlo en otros sentidos, como en el papel de la crítica de poesía (tan discutible, voluble, y con tantas derivas espúreas) o el papel demasiado protagónico de ciertas editoriales.

A partir de todo lo dicho propongo una antología personal de poesía femenina escrita en España en las últimas generaciones. No aparecen todas las poetas que me interesan pero sí que las incluidas son especialmente interesantes para mí.

Esta muestra no se rige por ningún criterio taxonómico, de manera que aparecen mezcladas poetas de la última generación, con poetas del 50, etc...:


BLANCA ANDREU
A Coruña, 1959


MANTUA


Qué bandada de horas hacia nunca más aprovecha el viento
a favor,
qué brusco aleteo cuando todas las aves han callado,
cuando de las acacias risas secas escapan huyendo hacia el final
o ese hombre entre las estatuas entristecidas y las fuentes que
vigilan su honra

mientras el agua desenreda su elocuencia
y la luna quebrada juzga tu quehacer.
Cuando callaron los vencejos
un ladrón volvió al cruce de calles dirigiendo a la luna
inéditas súplicas,
llamándola hoja de olivo y sal de la noche,
extrañas invocaciones que ignora el poeta,
entre piedras, sobre el pavimento, caído
al costado del hotel Wellington
donde declina su porvenir asombrado por la luna
bajo un pálido claro de letra. Esta era la escena.
Y vio cómo la flota de las horas naufragaba en la noche,
en el agua oscura, entre las estrellas,
con todas las velas sueltas se hundía entre las sábanas,
negaba hasta tu lecho.

 ******

AMALIA IGLESIAS

Ameno, 1962

TUMBA DE PÁJARO

   
La hierba fulgura más verde que anteayer
y me he acercado.
Al abrigo de los matorrales
un pequeño jardín se sabe dulce alegoría de la muerte.
Como entonces se escucha
un sonido encandilado de élitros
y el viento norte pasa diciendo que no hay nadie.
Veo ahora una niña antigua,
me reconozco en sus dos manos lentas
mientras pliegan las alas mudas en un hueco de tierra
y se inventa una oración
que habla de libertad y cielo azul para mañana
y dice algo de volar muy alto
mientras pasan las yemas de sus dedos
modelando una tumba.
Las mismas yemas de mis dedos
después de veinte años,
húmedas entre la hierba certifican:
no hay cicatriz ni sombra cíe la herida.
Cuando levanto la vista
la niña se ha marchado.

***

JULIA UCEDA

Sevilla, 1925

PORTA FRAXEIRAS


Perdida en un café de esta ciudad de niebla
y de soslayo, oyendo una música vieja que no sé dónde
oí, respondo a esa canción, a ese olvidado
lugar, que no envolvieron, respondo, no,
que no envolvieron las sombras a la vida. Más diré
quienes fueron llegando por la senda
de los últimos pasos: sembrador de ceniza,
pasó primero el tiempo: la ciudad de la nieve,
la del helecho ensangrentado, la de la piedra temblorosa.
(Una bombilla
cuelga de su cordón. Nunca vestida,
es siempre la señal para salir.)
Vinieron los anuncios, las voces divergentes,
más pares de zapatos cada año,
más blusas, más abrigos: la montaña
difusa que me hizo y destruí.
Dejé mi taza a un lado,
mis sombras, mis cepillos, todo eso
que se fue amontonando a mis espaldas
y quedarme en la luz bajo la luz
¿esa que cuelga del cordón desnudo?,
del sitio en que no cae la ceniza
y se reparte
lo igual, que luego iría a repetirse
y a ser gemelo en todo los reflejos:
cajas y cajas con lo mismo, dentro
una de otra hasta el color menudo
que no se puede abrir y queda en montoncito
sin misterio, del lado en que no cae ni se vierte
el agua. Besa el arco
bilabial del cristal y su sonido
lo mismo que la lluvia besa el borde
y el liquen de estas piedras en que ahora
los que vienen de paso...
Sobre estas piedras que rezuman agua,
en estos campos que rezuman
agua: agua que de ellos viene
y sube al agua
del cielo en el que el agua llueve.
Dejé mi taza a un lado:
de la casa los sitios que no usé
¿sillas, ángulos, huecos
vertidos a la luz, a la ondulada
mansedumbre del verde y su cautela;
piedad de las esquinas, ausencia de los pasos
que nunca di por el paciente suelo.
La casa y su silencio con el sol de otra parte
rasgando esta penumbra; los dragones
dormidos en los signos de las páginas;
la ausencia de los ojos
que el tiempo ha desprendido de las cosas, vigilia
serena de la luna en el cristal. La casa
y su lenta ascensión? vienen en ahora,
con las blusas que fui y sus roces pretéritos
que no envolvieron, no, respondo ahora,
las sombras, sino el tiempo
y su lento capullo de certeza.
Sí, rezuman agua
las ventanas de mis dedos.


****

AURORA LUQUE
Almería, 1962

SÍNDROME DE ABSTINENCIA

No es tan tóxico ya: también caduca
el amor en la fecha señalada en su dorso.
Ya no es ese veneno
tan eficaz, ni acaso necesaria
la urgente sobredosis. Qué cualidad letal
la del amor filtrado en la memoria.
Regreso a las palabras y compruebo que nunca
se contagian o enferman con las fases
de mi intoxicación o mi delirio.
Siempre más sanas, siempre
a punto de ser dadas de alta y de dejarme
un poco más enferma. Y nunca simultánea
he sentido la fiebre en mi otro cuerpo,
el que tiene por vísceras palabras.

****

ANA ROSSETTI
San Fernando, 1950

NIGHTINGALE

Noche, palabra mía henchida de sucesos
La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla
avivan en tus sílabas sus temores y ansias.
Extenuado nombre, fatigada corola,
para caer de ti como cansino pétalo,
o hundirse en tus confines, abiertos, afilados,
beso ardiente, última sensación,
locura extrema.
Noche, noche, amor mío,
¿es que acaso me atreveré a saltar
traspasada de ti hasta la muerte?
Lengua: nupcial espada.
Apenas te mencione, convocadas estrellas
insistirán solícitas mostrando el desvarío
de tus ojos vibrátiles.
Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres;
madre devoradora, acercas tu regazo,
y cómo quiero huir, cómo desertar quiero
de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme
de tus manos, oh noche, mi tristeza.
Y quizás seas la única, la palabra final
que todo amor explique. Y el estremecimiento.
Y el magnífico instante que ni aún la memoria
más fiel y enamorada consiente en repetir.
Noche, tristeza mía, todavía es posible
que te llame, y me abreve en el láudano amargo
que destilan tus letras. Que a tu herida entregue
y a tu abismo, mi tristeza, mi noche,
todavía es posible.
Oh noche mía, acaso... acaso te amaría.
A James Forestal, que se arrojó al
vacío antes de terminar de escribir
la palabra ?ruiseñor?, es decir,?NIGHTingale?

***

JOSEFA PARRA

Jerez de la Fra. 1963

CASTOR Y PÓLUX

Como bellas estatuas gemelas.
Los nombres se entrelazan sin recato.
Desnudos,
bien sé que la locura os posee igualmente,
que las mismas salvajes laderas os recorren
los cuerpos adorables, oscurísimos cuerpos
donde el rizado vello se vuelve en contra mía
con el olor del ámbar y del lirio silente.
Os amo desde el borde del miedo.

***

ESPERANZA LÓPEZ PARADA
Madrid 1962.

DIES IRAE

El pueblo entero se congregó en su agonía. La vida la pasó guardando secreto muy oscuro.
Sus labios se veían difíciles, hermosos para tomar agua.
No vas a tener otra heredad que la que con tu peso, desalojes.
Pronuncia lo que ocultas.
Pluma y papel preparados, siete testigos expectantes la miran. Ella
mueve la lengua. Se rompe el sello.
La ciudad hállase gris, la magnolia dispuesta.


 *****

ESPERANZA ORTEGA
Palencia, 1955

EN LA HORA DESNUDA


En la hora desnuda
sólo eso
un segundo de luz y paraíso
de aquellos que la amaron
sabe los rostros mudos y su temblor de ala
todos
juntos
abran el cofre y vea ella
esos diamantes escondidos

libres
al fin del cepo las palabras
que mansamente caigan esos copos
de nieve
sin red
en un segundo blanco
sobre el regazo de su mirada cobijados
de par en par
las dos puertas abiertas
sólo
un paso
decir adiós así
que el saco no se cierre
sin librarle a la voz de sus cadenas
tacto
y aire
encuentre allí esa voz
sus zapatos perdidos
al fin cerrado el círculo del mundo
en la hora desnuda
sólo
eso
un segundo de luz
y paraíso


***

MERCEDES ESCOLANO
Cádiz, 1965


JUEGO DE NIÑOS

No difiere mucho el arte de amar del de la pesca,
en aguardar un desliz consiste en ambos casos.
Hay presas que en seguida pican el señuelo
alborozadas por tanto olor a hombre. La caña de otros,
sin embargo, va a dar en el mar, que es el morir.
Rezaron sin fortuna a un dios de tierra adentro,
víctimas de un estimo cruel e inexorable.
Antiguamente las hembras confiaban más en la carnada
respondiendo al instinto o al simple aperitivo.
En colegio de monjas ya no se educan los peces
ni Cupido tensa su arco con el sedal más fino.
Cansado de no dar nunca en el blanco, miope del esfuerzo,
el pérfido ha tornado sus flechas por arpones.
Cambiemos de técnica y aparejo aunque el juego sea el mismo
y, en vez de darme un pez, enséñame a pescarlo.

**

VIOLETA C. RANGEL
Sevilla, 1968

PASIONES COMPARTIDAS

Es verdad, quisiera desclavarte,
descansar, hacer de tonta,
tomarme un tripi a tu salud
y luego descorchar una granada.
Volar ha sido siempre
una pasión que compartimos.


***

ELSA LÓPEZ
Fernando Poo, 1943

MADRE

Cuando murió la madre lo supo de una forma distinta,
poco clara quizás.
De herencia le dejó un álbum de serpientes,
una cómoda antigua con cristal de bohemia,
un cuadro con jardines y una calle de plomo.
No lloró casi nada,
¿o mucho? poco importa eso ahora,
pero hoy, al recordarla detrás de los cristales
de esa ciudad sin niños,
le ha venido a la pena la imagen de su cuerpo,
una ventana, la isla de colores,
el muelle de granito con sus prismas dorados,
la casa, los anones, el mar, las plataneras,
oscuros paraísos cubiertos de sal fina
y una muchacha absurda de mirtos al alféizar
viendo morirse el agua
por detrás de la línea que llaman horizonte.
(La madre le contaba que le gustaba verse,
agridulce y romántica,
mirar aquellos barcos hacerse diminutos
y quedar engullidos por azules praderas.)


****

JUANA CASTRO
Villanueva de Córdoba, 1945

PADRE

Esta tarde en el campo piafaban las bestias.
Y yo me quedé quieta, porque padre
roncaba como cuando,
zagal, dormíamos en la era.
Me tiró sobre el pasto
de un golpe, sin palabras. Y aunque hubiera podido
a sus brazos mi fuerza,
no quise retirarlo, porque padre
era padre: él sabría qué hiciera.
Tampoco duró mucho.
Y piafaban las bestias.

***

MARÍA VICTORIA ATENCIA
Málaga, 1931

EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

 Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.

    Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
-tal se entierra a un vencido al final del combate-,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

    Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
sabrás el estallido floral de primavera.

***

EVA VAZ
Huelva, 1971

EL CORAZÓN DE LÁZARO

Firme es esta voz que aúlla
con la ternura de los lobos.
Esto soy. Esto ofrezco.
No es poca cosa haber llegado a este poema.
Soy la que se levanta temprano
con el corazón de Lázaro entre las manos.
Yo soy la última canción.
Yo soy el acople.
Soy el tercer cigarro encendido con la misma cerilla.
La música sin el bar.
Soy el final.
Soy el diagnóstico.
Soy la que se levanta temprano
con el corazón de Lázaro entre las manos.
Firme es esta mirada de ojos enfangados
que sin querer tocar el cielo
llegaron a lo más alto:
llorarse con luto estético
la tragedia propia y la ajena.
Arrastrar todos los escombros.
Soy la siesta infinita de la suerte.
Soy la que se levanta temprano
con el corazón de Lázaro entre las manos.

Yo soy el libro empezado.
El último poema.
El primer verso.
La H muda.
El estertor.
Soy la que se levanta temprano
con el corazón de Lázaro entre las manos.
Soy el vértigo.

El ruido de los venenos, soy.
Soy un mapa sin leyenda.
La vértebra de menos.
La hoja roja.
Soy Eva Vaz, la pirueta de un nombre.
Soy la que se morirá aprendiendo
como se muere una.
Soy la que se levanta temprano
con el corazón de Lázaro entre las manos
y lo alimenta,
y lo envenena,
y lo consume.

Y lo ama.


***

ANGELA FIGUERA-AYMERICH
A. Figuera-Aymerich, Bilbao, 1902

CUANDO NACE UN HOMBRE

Cuando nace un hombre
siempre es amanecer aunque en la alcoba
la noche pinte negros cristales.
Cuando nace un hombre
hay un olor a pan recién cocido
por los pasillos de la casa;
en las paredes, los paisajes
huelen a mar y a hierba fresca
y los abuelos del retrato
vuelven la cara y se sonríen.
Cuando nace un hombre
florecen rosas imprevistas
en el jarrón de la consola
y aquellos pájaros bordados
en los cojines de la sala
silban y cantan como locos.
Cuando nace un hombre
todos los muertos de su sangre
llegan a verle y se comprueban
en el contorno de su boca.
Cuando nace un hombre
hay una estrella detenida
al mismo borde del tejado
y en un lejano monte o risco
brota un hilillo de agua nueva.
Cuando nace un hombre
todas las madres de este mundo
sienten calor en su regazo
y hasta los labios de las vírgenes
llega un sabor a miel y a beso.
Cuando nace un hombre
de los varones brotan chispas,
los viejos ponen ojos graves
y los muchachos atestiguan
el fuego alegre de sus venas.
Cuando nace un hombre
todos tenemos un hermano.

***

ELENA MEDEL
Córdoba, 1985

IRÈNE NÉMIROVSKI

Yo soy Elisabeth Gille llorando tu marcha:
éstas son mis cartas de cumpleaños quemadas.
Yo soy tu hija pequeña sin regalos de Navidad.
Persiguiendo a los nazis, saltando la valla.
Yo soy David Golder arruinado tras tu muerte.
Yo soy un acorde de piano cualquiera
que, de repente, en Issy-L'Evêque suena.
Yo soy Danièle Darrieux tirándose a un ministro nazi.
Yo soy la familia Kampf en un baile malogrado.
Yo soy las lágrimas que derramaste
en una cámara de gas en Auschwitz.

Yo soy el espíritu de la mala suerte.
Yo soy, como tú, una judía atea.
Yo también me exilié por la guerra.
Y soy un susurro al oído y un cuento de Chejov
y las moscas del otoño en un suburbio de Moscú
y soy un perro y soy un lobo
y soy un trago de vino de soledad...
Y soy tu todo y soy tu nada.
Y soy el cabrón alemán que te mató.
Y el germen de la semilla de tu ser.
Yo también me marché de Kiev.
Yo soy tú y a la vez yo.
Yo soy un insecto que por noviembre
merodea en los crematorios.
Yo soy la elegancia, el clasicismo y la frescura
de la boca que Hitler mandó callar un día.
Yo soy Grasset quemando todos tus fonemas
cuando tus hijas aún duermen a tu sombra.
Soy tu mano que acaricia sus cabellos
y que, dedos traviesos, imagina un nuevo cuento.
Y digo que este poema es Irène Némirovsky
lo mismo que yo soy Finlandia en 1918
y tú eres un corazón más en un mundo vacío.

***

MARIA ALCANTARILLA
Sevilla, 1983

DECIR

Decir que nada valió la pena
Es entregarse, de una vez y para siempre,
Al deceso,
Las esquelas,
A lo injusto...

Y,
¿Por qué no?,
Contemplarse deformado en el espejo
Sin saber que el miedo acecha porque tiene
Suficiente potestad sobre estos ojos…
Decir que nada valió la pena
Es volver, sobre los pasos, al camino,
Desandar lo que, con gusto, ya avanzamos
Para obrar dejando a un lado lo hilarante

Y sentir que, de poder, nunca quisimos…
Decir que nada valió la pena
Es, -al fin-, cavar sin miedo nuestra tumba
O rezar porque el despecho ya no espera
Que la voz entienda ahora de albedrío
Cuando ayer, por necedad, sólo gemía.

****

ANA PÉREZ CAÑAMARES

Sta. Cruz de Tenerife, 1968

GENERACIONES

Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.
Cuando mama murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos  que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.

***

ISLA CORREYERO

Miajadas, 1957

COÑO AZUL

Mi coño es negro como carbón
evaporado. Pero se vuelve azul a la luz
de la tele y de la luna.
La característica más peculiar que
explica su color y su forma
es
que tiene circulación lenta y
estremecida que va navegando hacia la
tinta de las venas y se abre al desamparo
de mi dormitorio como si
comprendiese que un dedo impenetrable,
masculino,

no pasara por él ni por las sábanas.
Sería una esperanza considerar
que sobre mi coño solitario aún pueden
caber volúmenes remotos

o

un pañuelo azul que penetrase las dos
mitades húmedas y abiertas y así pasar
esta tela azul, ensangrentada,
quedándose,
rompiéndome
porque mi coño ya es invencible,
mi enemigo.
Aislado del amor
cualquier coño es violento.

***

MARIA ROSAL
Córdoba, 1961

TREGUA

 Tregua para bañar el pensamiento, para lavarlo y perfumarlo, para raspar
la rémora de sargazos.
Tregua para quien bebe un vaso de vino y la nostalgia le obtura la garganta.
Tregua para quien pide amor y le dan una piedra de sílex.
Para quien se acuesta solo y confunde su olor con el cuerpo de otro.
Tregua a los que han llevado a la plaza pública los diminutos goces del esclavo.
Para quien cabalga una jornada y encuentra una fuente y el agua es morada y sabe a besos.
Para quien tiene un arpa y la toca con los picos brunos de las golondrinas.
Tregua para la llave que intenta penetrar la alacena tapiada.
Para quien pide un beso y le dan un estuche de saliva.
Para quien abandona el hogar y sostiene su pie en páramos de viento.
Quien enciende una lumbre con los despojos del
amor que insiste.

Quien ha crecido entre rastrojos y planta un olivo y todavía
le asiste la esperanza.

Quien tiene la espalda plateada por el silicio amante de una lengua ausente.
Tregua para la noche abierta a la decepción y al tedio.
Tregua para dios,
mientras se cambia de disfraz y está desnudo.


***


ADA SALAS
Cáceres, 1965

SOLO EL AVE

Sólo el ave conoce
los exactos perfiles.
De sus ojos aprendo
el universo miniado
el eterno poniente que oscurece
las islas.
Puedo ver la verdad:
el lento claudicar del horizontes
y su amarga
caída.


***

MARIA SANZ
Sevilla, 1956

UN REMANSO DEL ARNO

Al llegar a Florencia, se entrelazan
luminosos recuerdos con vivencias
de cercana ebriedad. Transcurre el día
plasmado en asimétricos espejos
que un remanso del Arno desdibuja.
Al llegar o al partir, qué importa entonces
si atraviesan el tiempo las palomas
del alma... Quiero aquí bajar mis ojos
al húmedo cristal donde se funden
un escorzo, una cúpula, un ducado.

***

MIRIAM REYES
Ourense, 1974

SÓLO EL FRÍO

Sólo el frío respira en la sala.
Tu cuerpo es ahora una imagen que adoramos.
Frente a él nos persignamos bajamos la cabeza rezamos
con los brazos cruzados con la manos atadas detrás de la espalda
sujetándonos de alguna manera
para no caer contra el cristal
que ya empieza a empañarse por los bordes.
Algunos leen una y otra vez las inscripciones en los ramos:
tus hijos tus nietos tu hermana…
y los repasan pieza a pieza
como si en el código de color que siguen las flores clavadas en sus corchos]
o en la posición de una respecto a la otra
pudiera descodificarse un mensaje tuyo
ahora que tú eres una flor cortada.
Esperamos tu señal te hablamos todos a la vez te pedimos cosas parecidas.
Aquí estamos
queriéndote
deseándote con un deseo casi blasfemo:
el deseo de tenerte entre nosotros también en cuerpo palpitante
dulce carne y sangre nuestras.



foto para portada de Reinas de Tairfa.