ANTONIO VENTURA, UN POETA AL SOL

António Ventura en el Cantaloupe, Olhao, su patria.
DOS POEMAS DE ANTÓNIO JOSÉ VENTURA

















VIDA


Habitamos el lado más claro del sol.
A veces llueve dentro de nosotros
morimos mucho
o se nos apagan los cabellos
convirtiéndonos en señores del tiempo.
Siempre hay uno más que nos acompaña
(pasa el expreso de media noche)
no se puede comer chocolate todos los días.
Caminamos hacia la noche.
La sustancia de los sueños no es imprescindible
para que nuestro cuerpo no muera.
Descríbanme el arco de la memoria
para que yo pueda caminar.


VIDA

Habitamos o lado mais claro do sol.
Às vezes chove dentro de nós
morremos muito
ou então afagam-nos os cabelos
tornando-nos senhores do tempo.
Há sempre um mas que nos acompanha
(passa o expresso da meia-noite)
não podemos comer chocolates todos os dias.
Caminhamos em direcção à noite.
A substância dos sonhos é-nos imprescindível
para que o nosso corpo não morra.
Descrevam-me o arco da memória
para que eu possa caminhar.





LOS EJÉRCITOS DEL SOL

Los ejércitos del sol de regreso del norte
con sus relucientes armaduras
saquearon las tierras de los campesinos
pegaron fuego a un castillo del Loira
y ayudaron a conquistar una ciudad.
Fue la tierra pasada a hierro y fuego
los cadáveres  desparramados por el suelo
alimentaban a las aves de rapiña.
Esto sólo es un fragmento
de la historia de la humanidad.
Mientras, la naturaleza
sea indiferente a todo esto,
qué importa al ciclo de las estaciones
las batallas y la barbarie humana.

La playa en el verano olía a marejada,
Al abrir la puerta del armario del despacho
se veía el martes con todas sus gaviotas
y navíos.




OS EXÉRCITOS  DO SUL NO  REGRESO DO NORTE

Os exércitos do sul no regresso do norte
com as suas armaduras reluzentes
saquearam a terra dos camponeses
pegaram fogo a um castelo no Loire
e ajudaram a conquistar uma cidade.
A terra foi deixada a ferro e fogo
os cadáveres juncavam o solo
alimentando as aves de rapina.
Isto é apenas um fragmento
da história da humanidade.
No entanto a natureza
é indiferente a tudo isto,
que importa ao ciclo das estações
as batalhas e a barbárie humana.
A praia no verão
respirava o cheiro a maresia.
Abrindo a porta do armário do escritório
via-se o mar
com todas as suas gaivotas
e navios.