LA DEUDA GRIEGA: SEGUNDA ENTREGA



LA DEUDA GRIEGA: SEGUNDA ENTREGA

 











LO QUE SEA

    No podremos soportar sobrios esta guardia
        Arquíloco de Paros

Creo que todo esto es cosa de esa maldita leyenda, pues llevo años fatigando estos caminos y aún no lo he encontrado, pero en cuanto cae el sol, me cuelgo la escopeta al hombro y me pongo a andar por esas trochas hasta el alba, donde a veces me parapeto tras un árbol y otras me da por buscar huellas en el polvo, pero jamás he visto sus huellas, si bien los árboles crecen tan sin ganas y los vientos los castigan con tan mala voluntad, que apenas si son un montón de ramas secas pegadas a la tierra, por lo que algunas veces me da la ventolera de seguir el ejemplo de los árboles, y esperar la aparición del toro y que todo esto se acabe de una vez, la vida o lo que fuera, quiero decir, porque muy bien no sé qué estoy haciendo aquí, si no es servir de burla a los contadores de leyendas y a las estrellas, pero otras veces me digo que no pasará del día siguiente sin que me arme de valor y vuelva en busca del amo, aunque en verdad ya no sé qué tengo que preguntarle, y no quiero que en mis preguntas advierta cobardía o indolencia, pues he llegado a cavilar que si yo a ese toro u hombre con cabeza de toro o vaya usted a saber, no lo veo, es seguro que no exista, pero el rey Minos me paga por buscarlo y yo soy un hombre cumplidor, de forma que aquí me veo de nuevo, por este laberinto polvoriento, con la escopeta al hombro, pendiente de todo lo que verdeguea y temiendo que una noche como tantas encuentre lo que busco, porque entonces tendré que cumplir con mi trabajo y arrastrar hasta la ciudad a ese enemigo o lo que quiera que sea, aunque por más que lo pienso, lo mejor será que las cosas sigan como están, total, ya medio me he acostumbrado y en nada es diferente caminar por la confusión del laberinto, que hacerlo por las calles empedradas de la razón, porque, a decir verdad, yo creo que es Minos, el rey que me paga, el que se ha sacado de la manga el mito del Minotauro, pues quien teme al monstruo, da por bueno el dudoso gobierno del rey.

PENÉLOPE (I)
Deshago la maraña en cuanto anochece. Luego tengo toda la jornada para ir complicándome la vida.



TEORÍA DE LA CULPA (BY ZENON)
 No se te ocurra disparar contra la liebre. Si lo haces, una tortuga del tamaño del universo te perseguirá durante toda la eternidad.







TEMA DEL LABERINTO (II)
(Reflexión)

Toda mi vida es un sueño en el que cada día me levanto temiendo al Minotauro y me acuesto penetrando en el laberinto.

(continuará...)


LA AVENTURA

Una vez alcanzado su objetivo, se verá usted en una especie de catedral oscura en la que, sin embargo, todo le parecerá iluminado por una sensación extraña que a falta de otra palabra más precisa denominaremos amor, de manera que a usted le parecerá flotar sobre sí mismo, pero no nos engañemos, pronto advertirá que la reluctante catedral se irá cerrando a su alrededor como una concha marina, hasta casi asfixiarlo, de forma que usted se pasará las horas y los días buscando una salida y esa salida dará directamente a unos bellos jardines a los que yo prefiero llamar del laberinto y otros del Edén, y de cuyos árboles cuelga, generosa, la fruta de la inmortalidad, y puedo asegurarle que allí caminará libre, espontáneo, como un príncipe, hasta que acuciado por hermosos, casi insufribles cantos, usted irá dejando atrás ese jardín, y, pronto, casi sin advertirlo, atisbará en el horizonte un coro de hermosísimas y sibilantes sirenas (otros le hablarán de manzanas y serpientes enroscadas en los árboles) que entretendrán y darán fulgor a sus horas, pero advirtiendo que las sirenas son tediosas y absorbentes, usted querrá alejarse unos metros para descansar junto a un tronco de bellísimo y acolchado musgo, si bien su descanso pronto se verá interrumpido por algo así como mugidos lejanos, a los que su curiosidad y su hastío irán acercando, aunque ya se lo advierto, cuando por fin usted sepa de dónde provienen, daría mil vidas por regresar a las sirenas, puesto que si algo queda claro en este laberinto es el hecho de que en él no se contempla la posibilidad de un regreso, pues en el fondo, todo en él está concebido para que por fin, entre el polvo que levantan sus pezuñas, se encuentre usted ante el rugiente y grande Minotauro, al que todos hasta hoy se han rendido, pero yo sé que, aun sabiéndolo de mis labios, no querrá rendirse, en la esperanza de que usted sí logrará liberarse, de modo que es esta la razón por la que me he dirigido expresamente a usted, con el propósito de que corra más que nadie y sea un canalla si es preciso, pero al final sea aquel que dé alcance a ese óvulo.


ORIGEN DEL MUNDO



 Desde la expulsión, Ida buscó su origen en los códices sacros pero en su interior sólo encontró un enorme cíclope de un ojo tornasolado que no sólo acechaba, sino que dirigía sus movimientos. Asustada, detuvo la yema de sus dedos sobre el ojo pintado en la piel de vaca y cerró su ojos, sobrecogida. Después temblaron los álamos que seguían al río y ella sintió una descarga de luz en sus entrañas, a lo que le siguió un dulce, liberador escalofrío.


DE FALSAS ATRIBUCIONES (II)

(Cantos pisanos, de Ezra Puond)

Durante el día escribía y escribía tremendos versos pero al llegar la noche los destruía. No te servirán tus tretas, le espetó una mañana el carcelero: Ulises ha muerto.


NARCISO (I)

Sí, la maté por una simple cuestión de celos: estaba tan enamorado de mí mismo, que no pude soportar un día más el desear a mi mujer como entonces la estaba deseando.


TEMA DEL LABERINTO (III)

(Amour fou)

Cuando por fin el Minotauro se plantó frente a mí, comprendí que ahora era yo su laberinto.
(continuará...)




DE FALSAS ATRIBUCIONES  (II)

(Prueba primera de que Jorge Luis Borges es el autor original de la Iliada*)

Señor Presidente. En fecha de hoy he puesto fin a La Iliada. Lamento finalmente no haber aceptado su sabio consejo, pero entiendo que el argumento es más plausible en una ciudad imaginada como Troya que en Buenos Aires, donde acaso el tema del rapto quedara fatalmente afeado por las suspicacias políticas.

(* Nota manuscrita de Jorge Luis Borges al Presidente de la República Argentina, fechada el 2/9/ 1956.



MEDUSA

    Largo tiempo tendremos para estar muertos
        Simónides de Amorgos




De la medusa refiere la leyenda que era un ser terrible que con su sola mirada convertía en piedra a quienes la miraban. Yo creo que eso fue lo que me pasó con Agustina en aquella maldita discoteca. Fue verla y quedarme rígido como una estaca. Yo, que había sido el vivalavirgen mayor de Derecho, acabé con la cara amarilla y 300 piedras en el riñón sacando el título de notario con el número tres. Pero ella seguía y seguía mirándome, como si no tuviera bastante con lo que había hecho conmigo y acabé como una estatua parlante en cuya base fornicaban los perros y cuya coronilla servía de cagadero a las palomas. Una tarde ella desapareció con un equívoco mercader, y lejos de deprimirme, de un día para otro mi cuerpo volvió a poseer cierta flexibilidad. Pasquale era un chico atractivo y vital que me condujo a una vida de extravío y exageraciones que casi acaba con mi salud y mis ahorros. Ahora vivo en una cabaña cerca del mar con una auténtica sirena.


LA MUERTE DE SÓCRATES
Sócrates, muy circunspecto, se despojó de su túnica, comprobó que el día era bueno y que la brisa mañanera no ocultaba el ágora donde tantas veces había paseado con sus discípulos. Después, sin afectación alguna, se tragó de un sorbo la copa de cicuta que le dieran y se tendió en el camastro. Durante un rato estuvo bromeando sobre qué postura sería la más digna para morir mientras los médicos enviados por el gobierno de Atenas le toqueteaban aquí y allá para establecer el avance de la cicuta. Pidió a sus acompañantes que no echaran a perder su túnica y sus sandalias y cerró los ojos, como si fuera a echar un sueñecillo. Parecía que la muerte ya lo había tomado cuando, abriendo de par en par los ojos, buscó a Critón, que se hallaba a su derecha y le dijo:
    –Critón, no se te olvide pagar el gallo que le debemos a Asclepio.
    Dicho esto volvió a cerrar los ojos, respiró hondo y ya no despertó.



METÁFORA
Quizás en las fábricas que veía desde mi ventana estuvieran haciendo estupendas lámparas de cristal o montando automóviles con los que la gente iría a la playa o al clandestino amor. Ah, era uno de esos días en los que parece que todo sea magnífico y que no hay que desaprovechar bajo ningún concepto, así que decidí dejar el trabajo sobre el escritorio, tomar la bicicleta y atravesar el bosque de Salem en dirección al mar, así que me calé el maillot y me dispuse a salir, pero, por no sé qué extraño embrollo, no había hecho más que sacar la bicicleta, la puerta se cerró a mis espaldas y, dios, supe que me había dejado la llave dentro. Fue cuestión de un instante. Estaba frente a la puerta cerrada de mi casa, agarrado a la bicicleta, como un pasmarote. Aturdido aún, comencé a escuchar mi corazón, pero su traqueteo se fue diluyendo en la oscuridad hasta que dejé de escucharlo. Y tuve miedo, miedo de haber muerto, de que el pasillo oscuro fuera exactamente la metáfora del Pasillo Oscuro y mi casa, todo eso que había quedado irremisiblemente atrás y que ya no volvería. Aturdido aún, dirigí toda mi voluntad hacia el interruptor que estaba justo en el recodo del pasillo, pero antes, un instante antes de posar el dedo sobre él, no pude evitar un agudo escalofrío... ¿Y si para entonces la metáfora ya hubiera usurpado el flujo de la realidad?


COSMOGINIA
–Mamá, no sé, estoy venga a darle vueltas y no me sale.
    –¿Qué es lo que no te sale, cariño?
    –Vamos a ver. Cuando hace mucho tiempo en el mundo no había nada, ni hombres ni gallinas, ni perejil, ni televisores ni nada de nada, de dónde salió esa mujer de la que luego nacieron las demás mujeres y hombres?
    –Mira, verás, es que, a ver cómo te lo cuento...
    –Ya sé lo que me vas a decir, pero yo ya sé eso, ahora quiero que me digas cómo fue de verdad.



TEMA DEL LABERINTO (IV)

(Salvación)

Cuando me supe irremediablemente perdido en el laberinto, fui consciente de que ya sólo el Minotauro podría salvarme.
(continuará...)