ESTADO DE LA FICCIÓN

Debate sobre el estado de la ficción. ¿Juego de palabras? Desde hace bastante tiempo los partidos políticos con voluntad de poder en España han sido empresas autorreferenciales que cotizaban a bolsa una vez cada cuatro años. Madrigueras donde se ocultaban los tesoros de Alí Babá y triunfaban los instintos más básicos. Poco a poco los políticos se han circunscrito al tremor de las urnas y se han ido alejando de las aceras. Papeletas por ideas. Votos por visión de futuro. Cortoplacismo absoluto. Intereses propios juzgados como ajenos y bienes ajenos juzgados como propios. Todos queriendo hacerse el mausoleo de Keops, el  puente más alto, el museo masmasmás y ya de paso sacarse para los jaguar y los viajitos y las cosas. Ficción total. Coño, hasta los que han sido cogidos in fraganti creen que sus corrupciones es cosa de ficción. Por qué carajo han de pagar ellos por todos los demás, parecen decir. Maricón el último. Si hice lo que todos, dónde cojones está la infracción. Ficción pura y dura. Metaficción porque todo era y es muy autorreferencial: hablar para el telediario, sonreír para la foto, trincar lo que se pueda. Ficción. Demasiados coches oficiales, opinarán algunos. Demasiadas nubes y cápsulas protectoras, dirán otros. Supermanes vestiditos de armani. Superarmanis. Vivir por encima de las posibilidades es exactamente vivir en la inopia o vivir en las nubes. Vivir en la ficción. El que muchos ciudadanos, es cierto, se hayan decantado por la ficción ha sido un error garrafal, pero el que lo hayan hecho todos los políticos -todos casi sin excepción- nos ha llevado a una realidad que es mucho más sucia de lo que pudimos imaginar. Hoy estos adictos a la ficción discuten en el congreso. Sobre qué. ¡Sobre ficciones! Y mientras, los demás tenemos que echarnos a vivir, a fajarnos en este realismo sucio, que tiene nombres pérfidos y protagonistas reales. Supearmani, sálvanos.





ENTUSIASMO


Hitler aún se pasó la lengua por los labios antes de subir al estrado y dirigirse a toda esa masa vociferante que nada más verlo comenzó a agitar banderas, presa del entusiasmo.