PUERTAS PUERTAS

Los dos Antonios: Campos y Dechent en La Sala del Mercado de Triana.
Una nubes color cobalto ensucian el horizonte. El sol, detrás, se cuela por las rendijas e ilumina breve, cándidamente los corrales. Tristes, ensimismadas, las fachadas blancas, las oscuras ventanas cerradas a cal y canto. No se escucha hoy a los pájaros. Ayer estuvimos en Sevilla viendo la voz humana de Cocteau, interpretada por Antonio Dechent y dirigida por Antonio Campos. Un monólogo estremecedor sobre ese galeón semihundido que es el hombre contemporáneo. Narra la historia de un hombre (en la versión matriz, el monólogo lo protagoniza una mujer) al que su pareja acaba de dejar para casarse con otro. Durante más de una hora, la voz grave de Dechent, ahogado en un espacio mínimo, pero que confiere a la obra un mayor dramatismo si cabe, trata de hacerse a la idea del final de esa relación a través de una última conversación teléfonica con ella. Asistimos a un mundo que se viene abajo, a un pobre hombre enamorado y perdido que bordea las simas del suicidio. Antonio Dechent está fantástico en lo que parece un leopardo dando vueltas y más vueltas alrededor de su jaula. Su cercanía física e interpretativa consigue que el drama, ese dibujo del desconsuelo que traza su personaje, nos deje un poco tocados. Pero se trata de eso, de dejarnos con una puñalada en el estómago. Al teatro (y al arte en general) se ha de entrar por una puerta y se ha de salir por otra distinta. Si salimos igual que entramos, algo ha fallado. Yo no sé por dónde carajo salí, pero os juro que no por el mismo lugar que por donde entré.
La sala donde se representa la obra no ocupa más que un par de puestos del viejo mercado de Triana. Veintiocho butacas, un mínimo escenario, una breve puerta y nada más. Treinta metros cuadrados. El teatro, siempre herido de muerte, siempre al borde del colapso, consigue siempre dar con la solución. Durante los años de las vacas gordas, se abrían grandilocuentes teatros y salas escénicas por doquier, se llevaba el teatro visual, el espectáculo-teatral con grandes recursos técnicos y grandes presupuestos. Hoy, con la que cae, con la animadversión que el poder tiene a la cultura, el teatro vuelve al ghetto, a sus viejos garajes, a sus pequeños formatos, a sus viejos incordios, y, dios, es bonito que así sea, es grande ver a un gran actor como Antonio Dechent en una sala de treinta metros cuadrados, vendiéndonos su alma al peso, como si fuese un repollo o un trozo de corazón. Hay días en que la vida se hace grande.




PUENTE AÉREO
 

Nos conocimos en el puente aéreo.

Vlaminck
Ella trabajaba para nosotros y al principio nos veíamos dos o tres veces en semana. Quedábamos en la cafetería y así, con el roce y los e-mails, acabamos enamorándonos. Llevamos doce años felizmente casados. Desde el principio yo me quedé con Rafael y ella con Luna, y ni yo conozco nuestra casa de Barcelona ni ella la que Rafa y yo compartimos en Madrid. La empresa que dirijo siempre se mostró satisfecha con sus servicios, por eso esta mañana ha de ser dura, muy dura para mí. Su vuelo llega dentro de quince minutos y ensayo frente a la tacita de café, la que será la intervención acaso más dura de mi carrera:

—Lamento tener que informarle —le diré---, que obligados por los nuevos recortes producidos en la empresa, hemos decidido cancelar el contrato que nos unía con usted desde hace quince años. No le oculto que a partir de primeros de enero comenzaremos a trabajar con una joven empresa alemana, con la que ya tenemos muy avanzado un acuerdo.
Eso le diré.Y que puede venir a visitarnos cuando le apetezca, y que saldremos adelante.