EXCELENTES

De ellos quiero hablar. De esos 12 chicos que, contra todo pronóstico, le han negado el saludo al  ministro Wert. De ésos. La prensa de derecha no deja de lanzarles dardos y los acusa de mala educación y habla de niños politizados y todo eso (ellos, los no politizados, que tiene guasa la cosa). Mucho más no pueden achacarles, porque los niños son simplemente excelentes: lo mejor en lo suyo. Como a los actores en su día, la derecha se lanza a degüello contra todo aquel que desplante de palabra, obra u omisión (de saludo) al gobierno y sus tirillas. Bien. Nada nuevo bajo este sol de Flandes. Los pobres plumíferos no tienen mucho más achacarles, porque los chicos son estudiosos, inteligentes y tal, pero claro, se les ve una cierta pelusilla izquierdoide y eso no, hasta ahí pudiéramos llegar. A estos marhuendilhas de chichinabo les es mucho más rentable (des)calificar a estos chicos que hablar de una realidad tozuda, que se les escurre de las manos y de las ideas y de un (des) gobierno al que ni ellos saben ya cómo calificar, o se cuidan mucho de calificar. Ellos sabrán. A mí me dan pena estos pimpollos, de verdad. Se les ve tanto el plumero, se tienen tan bien aprendida la lección, son tan chafarderos y previsibles, tan pelotas y sinvergüenzas, que me producen un poco de pena. Esa es la palabra, pena. Pena porque actúan como los perritos falderos del poder, como los ladradores del gobierno, como aduladores sin más. Unos trocitos de pan y bailan una polka. Pobres. Pero de quienes quiero hablar es de esos chavalotes que le hacen la peineta al poder, que saben que se lo han currado y saben cuánto le deben a estos legisladores, que se ponen en el lugar de los chicos que están a punto de entrar en el sistema educativo o ya caminan por él con paso indeciso, que no les gusta lo que ven y que son libres de dar la mano a quienes quieran, faltara más. De ellos, que han sacado unas notazas sin tener que moverle el rabo a nadie, sin tener que hacer el camino fácil, sin ninguna vocación de perros falderos. Les molesta eso: precisamente eso. Por todo lo cual estos chicos debieran obtener el aplauso de todos, incluida esa gentucilla bien untada y ovejera, esos marhuendillas que ladran porque acaso no sepan ni tengan narices de hacer otra cosa, y porque la excelencia ni la comprenden ni la comprenderán jamás: a ellos les basta con hacer la pelota. De eso saben tela. Pobres.


Tres relatos de inspiración monterrosiana (aunque el primero tiene un cierto toque de Arreola, no?). Los ilustro con un cuadro de manuel Monedero, un pedazo de pintor a quien conocí y quise. Que se nos fue un día de diceimbre de hae ya algunos años. Un día de estos hablaré de él. Uno de los artistas más cabales, más humanos y más notables de cuantos me ha sido dado conocer. De la escuela de los Mourillo, Goya, Solana, Resendi... y Monedero, of cuorse.

 

FULGURACIÓN
Manuel Monedero.

Cuando ella comenzó a desabotonarse la camisa comprendí que debía emprender yo solito todito todo el largo camino de vuelta a casa.
 
 

 
MANTIS

lo cuando comenzó a devorarme, comprendí que me la habían jugado con la reencarnación.
 
 

TABULA RASA

Cuando por fin se desvaneció el dinosaurio, comprendí que tampoco yo había estado allí.