JACARANDAS

Ayer volví a Sevilla. Dios, cómo estaban las jacarandás y las acacias de El Prado. Recuerdo que era allí, donde hoy queda el parque de El Prado, donde tomaba el bus para la Universidad Laboral en mis años mozos. Había por allí una pista de coches locos y otra de ponis. No sé qué carajo hacían allí los ponis, pero mis recuerdos los pintan como ponis tristes. Comparados con las mulas de mi padre, por ejemplo, aquellos animales resultaban muy muy tristes y estaban sucios y se pasaban la noche escuchando a los Chichos. Pero ayer Sevilla volvía a estar exultante. Como casi siempre. Me acordaba de Vos, de tantas y tantas cosas que siempre me han regalado sus calles y sus gentes. Nunca naufragar me fue tan dulce, como diría G. Leopardi.




HOTEL
 una bicicleta en AmsterdamCon frecuencia él y yo nos vemos en un hotel. Sé que después se pasa días torturándose y me llama a mitad de la noche para pedirme que lo dejemos, que nos vemos una vez más y que después lo dejamos. En cuanto cuelgo, corro a su encuentro en mitad de la noche, exhausta, le vuelvo a decir que sí, que esta vez, lo juro, será la última.