VENDRÁ LA MUERTE...

Todos andamos un poco descentrados y aturdidos por el accidente de Santiago. No nos acostumbramos a este tipo de sucesos. De pronto todo es frágil,todo es difuso. La vida se escapa por los quebraderos de la sangre, la vida se va como se va el agua por las toperas. Y queda en el aire un olor a flores muertas, a cicatriz de cieno. La suspensión del ánima. Y las palabras se quedan quietas en el hondón del cuerpo y el aire parece atestado de arena del desierto. Hasta los ojos se quedan sin oxígeno en sus cuencas y los dedos pasan por el teclado como por un campo anegado y donde es fácil quedar atrapado.
Así las cosas, y como personal homenaje a los fallecidos de Santiago, os dejo con un poema de mi querido Cesare Pavese, un poeta y novelista que, no sé por qué razón, releo con frecuencia. Hay dolor en cada una de sus palabras, pero su dolor es un dolor que ni siquiera parece dolor. Sólo cuando te vas alejando, cuando vas dejando atrás su lectura resulta que el dolor te anega. Creo que lo descubrí en Almería, mientras hacía la mili. Leía un libro suyo a la sombra de unas pitas, en una rambla de naciente. Enseguida algo en él me alumbró. Nunca he sabido qué es, pero Pavese es uno de esas escasas lecturas que cada cierto tiempo me llaman, no sé si para medirme conmigo mismo. Un vizio absurdo. Novelas como Il compagno, La luna e i falò, La bella estate, Il diavolo sulle colline, Tra donne sole, Casa in collina, o Paese tuoi, sin olvidar, claro, su poesía o su diario, las habré leído cinco o seis veces, sin que jamás me canse de ellas. Claro que leer a Pevese, como a Dostoyevski o Hemingway, sus padres, no es fácil. Se necesita, no sé, algo más que ganas de leer.
La traducción es mía. Otro día os traeré Los mares del sur, un poema que también me fascina tanto en su letra como en su música. Siempre he querido traducir a Pavese, como lo he hecho con Pessoa. Un día comenzaré por su poesía. Tiempo al tiempo.

[VERRÀ LA MORTE E AVRRÀ I TUOI OCCHI]

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Cosí li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.


Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.


 [VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS]

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos sigue
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Serán tus ojos
una palabra inútil, un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
ante el espejo. Oh, querida esperanza,
aquel día sabremos, también,
que tanto eres la vida como la nada.

Para todos guarda la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver asomar en el espejo
un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.