HARAQUIRI

Valdez Leal, detalle de angelote
Cosas veredes. Lo expuse en mi anterior entrada. Al psoe se le había presentado la virgen en la forma de la abdicación del rey. Traicionados sus vínculos obreros, abdicado de su socialismo, sólo le quedaba su impronta republicana y esta ha saltado por los aires apenas el primer borbón la ha puesto a prueba. Cuestión de estado, lo llaman, sin percatarse de que todo en un partido político debiera ser cuestión de estado, incluido naturalmente el proponer otro modelo de estado. En la derecha, obviamente se frotan las manos ante el haraquiri de un viejo competidor que se traiciona a sí mismo y a su historia. Qué le queda, pues, al psoe. Su instinto gobernante, unos pocos nostálgicos del viejo Pablo Iglesias, una cierta clase media que ha vivido de las siglas y sus alrededores y que hace tiempo que dejó atrás el sindiós de las ideologías y los pantalones de campana y finalmente un puñado de votos andaluces que jamás entregarán la vara a los señoritos. El psoe se ha convertido en un partido de gobierno, es decir en un partido sin un proyecto ideológico, sin una estrategia social, sin una sola alternativa obrera, un partido al que le hacen llagas las ideas y que cuando no gobierna, sin sustancia ideológica que lo sustente, no es nada.  Siendo así, a quién le sorprende su acelerada erosión, su descenso a los abismos, su cada vez mayor identidad con los de la gaviota. Los nuevos nombres no le durarán ni dos semanas, porque tras ellos no hay más que un enorme bluff, un cartel sin huesos, una mirada enajenada y huidera, un puñado de niñatos que confunden la política con la esgrima o el toreo de salón. Su única esperanza es que la derechona acceda a una alianza con ellos, ponerse a su disposición, dejarse perdonar las veleidades socialdemócratas y luego desaparecer. Sin una idea esperanzadora y visible que sostenga ese edificio al que FG, en un alarde de arquitectura política, sustrajo sus cimientos ideológicos, sin unas líneas claras y concisas que delimiten su terreno de juego (por ejemplo, el republicanismo, el socialismo), sin un sustrato social donde proyectarse y al que ilusionar, los nuevos caretos del psoe se quedarán en simples afiches que quedan muy bien en la portada de El País pero que no serán capaces de relanzar a un partido desnortado al que últimamente le están saliendo demasiados competidores a derecha y a izquierda. El verlos votar como ovejitas luceras en la abdicación del rey, será como asistir hoy día a un concierto de los Rollings, algo entre lo patético y lo nauseabundo. D.E.P.



Os dejo ahora con un relato de Ningún espejo titulado Teseo.




TESEO



Lo primero que hice nada más bajarme del bus fue leer todos los cartelitos que ofrecían trabajo y correr de aquí para allá pero me dijeron que no me lo podían dar porque no me había empadronado y las cosas estaban delicadas con la policía, de modo que en cuanto pude conseguir un cuartito de mala muerte con otros ocho compatriotas, corrí a empadronarme pero no había hecho más que sentarme ante aquella señorita que olía a lavanda, cuando me pidió el contrato de trabajo, de modo que volví sobre mis pasos y fui a pedir el trabajo, pero cuando ya tenía a tiro el puesto, la chica de la empresa que no hacía más que mascar chicle y mirarme con un infinito cansancio, alargó la mano y me preguntó que a ver dónde estaba el certificado de empadronamiento, que no lo veía, a lo que aduje que venía del ayuntamiento donde me dijeron que no me lo darían si antes no podía probar que tenía un puesto de trabajo de verdad, pero la chica que no olía a nada y mascaba chicle sin parar, me sonrió y entregándome todo me aconsejó que fuera de inmediato al ayuntamiento para conseguir la ficha de empadronamiento, lo cual hice sin chistar, pero luego que me senté frente a otra señorita que olía como a rosas muertas, ésta me informó que lo sentía muchísimo pero que era completamente imposible que sin un mísero certificado de trabajo pudiera empadronarme, con lo que me levanté, me lavé la cara en una fuente y me fui en busca de trabajo, y ahí sí que tuve suerte porque al preguntar en una obra me soltaron un mono y una pala y me dijeron que no querían verme dejar de palear arena hasta que reventara, así que me puse a palear arena como un loco durante días hasta que, ya con más confianza, creyendo que me había ganado el derecho a comentar, le comenté al encargado que para empadronarme y tener todas las cosas en regla necesitaba un contrato y que a ver si me podía hacer ese favor, pero su reacción fue rascarse la cabeza, mirarme con infinito asco, preguntarme si le parecía un imbécil o un meapilas, pedirme la pala y, volviendo en sí, pedirme, que por favor dejase el mono y pidiera la cuenta que gente desagradecida como yo las había a miles y que siempre era igual cuando le cogía cariño a las personas y éstas se le devolvían con exigencias y malas maneras, por lo que tuve que patear otra vez media ciudad para tratar de encontrar un trabajo con contrato y todo, y lo hubiera conseguido en quince días, lo juro, de no ser porque al entregar mis papeles todos echaban en falta el certificado de empadronamiento y se encogían de hombros y me señalaban la puerta, así que mientras arreglaba unas cosas y otras terminé por aceptar el primer trabajo que me ofrecieron, que fue como repartidor en una pizzería, y allí estuve dando vueltas, jugándome la vida por esos barrios de dios donde no llegaba ni la policía, pero cuando a las dos semanas pedí un permiso de dos horas, corrí a suplicarle a la señorita que olía a lavanda que me expediera el maldito certificado municipal porque tenía un trabajo irregular y quería regularizarlo, y la chica, cada vez más cordial, muchísimo más comprensiva, me escribió un papel de su puño y letra y me sugirió que fuese a hablar con el patrón para poner las cosas en orden y, con muchas vacilaciones eso fue lo que hice, pero el patrón, un chico joven y cordial, me dijo que por él no había ningún problema en firmar nada, que él se había hecho a sí mismo, que había estado en la India de mochilero y que entendía las cosas del mundo, así que me preguntó si ya había solucionado lo del empadronamiento, pero al contestarle que con eso estaba, me dijo que en cuanto hubiera conseguido el dichoso papelito del ayuntamiento firmábamos un contrato como dios manda y que mientras, qué se le iba a hacer, tendríamos que seguir tal cual, así lo dijo, tal cual, tal cual, de manera que en cuanto tuve un día libre volví a las colas del ayuntamiento y esperé durante dos horas hasta que me volvieron a decir que sin trabajo no habría carta de empadronamiento que me valiera y ya, lo juro, no me quedaba aliento, de modo que regresé adonde el patrón y con lágrimas en los ojos le supliqué que me firmara el contrato y él sonriente me ofreció una Coca-cola y cuando todavía no le había dado el primer trago me dijo que las cosas estaban difíciles y que debía escoger si seguir trabajando como hasta entonces o dejarme de pamplinas, así lo dijo, pamplinas y obtener de una vez y por mi cuenta el papel del ayuntamiento, de modo que ahí me tenías, dudando una vez más qué paso dar, de modo que no me quedó otra que plantarme de nuevo en la cola del dichoso certificado de empadronamiento y la chica que olía a lavanda, nada más verme, se encoge de hombros, me lo explica todo de nuevo, me lleva a una especie de despacho y allí me pregunta si cuento al menos con un contrato de alquiler, a lo que le pregunté que de qué contrato me hablaba y me explica que con un contrato de alquiler ella podría facilitarme el certificado de empadronamiento por lo bajini, de modo que, pletórico, intuyendo al fin la salida, corrí a mi casero a pedirle el contrato de alquiler pero mi casero me miró como si se las viera con un extraterrestre, y me preguntó que de qué contrato le estaba hablando, muchacho, que no me conocía de nada, y yo le dije que de cuál iba a ser, pues el del de alquiler y él me examinó como se hace con un perro sarnoso, se echó a reír y me preguntó si es que ya tenía contrato laboral y yo le tuve que contestar que no, que todavía no y entonces él me soltó que a ver para qué quería un contrato de alquiler y le expliqué que para qué iba a ser, para empadronarme y él soltó la carcajada, pero muchacho, es que ni siquiera estás empadronado, preguntó, y yo le dije que no, pero entonces, muchacho, cómo quieres que firmemos el contrato, tú lo que quieres es meterme en un lío con hacienda y su puta madre, me soltó y me fui como perro apaleado al ayuntamiento a decir lo que me había dicho mi casero y la chica que se llama Ariadna y cada vez era más amable, me pregunta si ya traigo el contrato de alquiler y entonces le dije que primero necesitaba el certificado de empadronamiento y entonces ella me mira comprensivamente y me sugiere que trate de conseguir un contrato laboral aunque sea por unos días, y me fui a mi jefe y le pido que por dios, que estoy desesperado y él, poniéndose muy serio, me dice que ni loco, que quién coño creo que es él, que si es que había pensado que era el imbécil de Papá Noel, que si no estaba conforme que volviera a mi país, que en el negocio las cosas iban regular y que no estaba dispuesto a contravenir la ley por hacerle un favor a un desconocido porque ahí afuera, dijo señalando la calle, había otros cien mil candidatos para hacer mi trabajo, conque lo dejara en paz de una vez, de modo que me metí en un locutorio y llamé a mi mujer, porque, se lo juro, necesitaba escuchar a alguien que me levantara el ánimo, pero nada más escuchar mi voz mi mujer me preguntó si le había conseguido ya el billete, así que tuve que hacerle entender que para sacarle el billete antes me tenía que hacer con una cuenta bancaria y ella me preguntó que qué hacía que no la tenía ya y le expliqué que para abrir una cuenta me hacía falta un domicilio y el certificado de empadronamiento y me preguntó que qué era eso y le dije que un documento que te dan cuando obtienes un trabajo y ella, muy susceptible, me preguntó si entonces no estaba trabajando y yo le dije que sí, que trabajaba doce horas en una pizzería, que estaba ahorrando para su billete pero que no tenía papeles y ella me dijo que por favor le hiciera el favor de no marearla más y que le dijese con claridad para cuándo pensaba sacarle el billete y yo le contesté que para muy pronto, en cuanto solucionase lo del empadronamiento y ella, medio llorando, me preguntó si todavía la quería o no y le dije que qué pregunta era esa, que sí que la quería pero que antes debía solucionar un par de cosas legales y ella me preguntó a bocajarro si es que estaba liado con alguna y desesperado le dije que no, que cómo iba a estarlo y me espetó entonces que si la seguía queriendo, que corriera ya a empadronarme o lo que fuera y yo le objeté que no era tan fácil, mi amor, pues necesitaba el contrato laboral y entonces me dijo, oye Teseo, mi amor, hacemos una cosa, me vuelves a llamar cuando tengas firmadito el certificado ese de empadronamiento y me hayas sacado el billete, ¿me oyes?, y mientras ya veremos si podemos seguir o no y yo le iba a decir que las cosas no eran fáciles pero ella ya me había colgado, de modo que a eso estoy aquí, a ver qué es lo que tengo que hacer para que usted me haga el favor o lo que sea.




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