COPLAS FLAMENCAS

Esteban de Marmolejo
El utrerano Esteban Marmolejo Jiménez (1952) es conocido en el mundo del flamenco por Jerrerito de la María. Como cantaó ha recorrido el mundo entero acompañando a notables bailaoras. Desde 1975 vivió en Castedefell donde regentó un tablao flamenco. Ha sido letrista de destacadas voces del flamenco, así como un abanderado de su renovación de las letras. Junto a Juan El Camas ha publicado un librito no venal de letrillas flamencas, Cabales (Imprenta Dolmen, Estepona, 1987) con prólogo de Carlos Lencero, hoy inencontrable. Junto al propio Carlos Lencero, su compadre, ha firmado numerosas letras flamencas.

Advertencia importante: después de innumerables prevenciones es posible que alguna composición de las que incluimos pudiera deberse en su origen a Juan El Camas o al propio Lencero. Esta advertencia va especialmente dirigida a los aficionados del flamenco a quienes pedimos nos corrijan, si fuera el caso, de lo cual quedaremos muy agradecidos



COPLILLAS

Herrero no,
que quiero ser relojero
de tu estación.


En la nevera
te dejo explicaciones,
que te diviertas.


Que te diviertas,
si quiere explicaciones,
la enciclopedia.


Hoy no te tardes
que adentro tengo al diablo
con siete llaves.


En la ventana
te he dejao er corazón
y esta navaja.


    Haz como quieras
    mi corazón es tuyo
    de toas maneras.

    Haz lo que debas
    mi corazón es tuyo,
    quiera o no quiera.


Tengo resaca,
cuando me bebía yo er ma,
tú dónde estabas.

Casi me ajogo
me he tragao er río
con sus recodos.


Que vengo de casa er Vara
de beberme tres viñas
y seis tinajas.

Venga otra ronda,
comadre, venga otra ronda,
que aluego ya habrá tiempo
de maniobras.

Por si me ajogo
te dejo el corazón,
échale un ojo.


    Ay primo, que no te entera,
    que er que tiene la vara,
    pone la era.

    De qué te extrañas,
    el que pone la era,
    lleva la vara.

    Que no hay enmienda,
    que er que trinca la olla
    ya no la suerta.

    Y al de la olla,
    por mucho que el sol apriete
    duerme a la sombra.


Abre esa puerta, prima,
abre esa puerta,
que hoy quiero enseñarte
toas mis revueltas.

Tan morecío, prima,
vengo a tu huerto...
Echale a esa candela
dos buenos leños.



Comadre, te farta argo,
que eres mu poca luna
pa tanto charco.

Hasta los chopos
a mí me cuentan
tos tus sofocos.



Herrero no
que quiero ser la lana
de tu colchón,

y si quisieras
con la lana que sobre
yo te vistiera.


Si de la fragua vengo
tú ni me miras,
que negra traigo la cara
de carbonilla.



Mira si es cabá la luna
que se mira por iguá
en un charco der camino
que en la grandeza del mar.


No te fíes del caballo,
que al soltarlo por el prao
busca la sombra del amo.










FANDANGOS

Del mismo vaso bebimos
y fuimos la misma sal,
pero los ríos son los ríos
y van cada cual por su sitio
a la querencia del mar
arrastrando cada cual
hojas y piedras y olvío.


Que el cielo a ti se te caiga
si no entiendes el porqué,
que el cielo a ti se te caiga
que ves lo que quieres ver
y no lo que en verdad pasa
más allá de tu paré.


Que tú a mí dame libertad,
que a mí no me des dinero,
que a mí dame libertad,
paque quiero yo er dinero
si con él no pueo comprar
el daño que yo te he hecho.


Pa que me das ilusiones
que luego no pueas cumplí
pa que me das ilusiones
si luego llegas a mí
dándome sofocaciones
que no me dejan viví.


Antes de morir mi padre
plantó en su huerto un nogal,
antes de morir mi padre,
tan sólo y tan triste está,
que sus ramas por el cielo
no lo dejan de buscar.





SOLEARES


1
Se ma perdío er reló,
mira si lo habré buscao,
estaba en tu corazón.

3
Que yo no te pío favores,
yo lo que te pío es que me dejes
llevarte pa los rincones.


11
De tu mala voluntá
luego, cuando pase er tiempo
te vas a vení a acordá.

12
No quiero la oscuriá
pues pa mirarse pa dentro
conmigo tengo de más.

15
Con los celos no me vengas,
que en escuchando los truenos
ya no tarda la tormenta.

16
Padre, cuando te has ido
qué solos se quean los campos,
que poco cantan los ríos.

17
Se ma parao er reló,
si ayé le daba yo cuerda,
hoy la cuerda soy yo.

18
Mi hermano se fue a Sevilla,
mi mare queó esperando,
con ér se le fue la vía.

19
Te quise tanto que ahora,
si yo para tras mirara
no viera más que tu sombra.

20
Y allá donde sarga er só,
yo seguiré tus pasos
para perdernos los dos.

21
Mira si te habré querío,
que por seguir tus pasos,
he perdío yo los míos.

23
Tengo que buscarme la vía,
no tengo pare ni mare,
ni cristo que a mí me asista.

24
Tú vete por derechura,
que er que da mucha vuerta
no llega a parte ninguna.

25
Quién me iba a decí a mí,
que de tan malos principios
vendría yo a presumí.

27
Cuídate cómo lo dices,
que no por hablar muy alto,
lo que dices es más firme.

29
Tan jecho estoy a las penas
que cuando ellas no vienen
yo mismo me voy con ellas.

33
A mí no me hable de cielo
porque estando contigo
el cielo parece infierno.

34
Mintió quien dijo que er sielo
era azú por las mañana
que por la noche era negro.

37
Porque a buenas tú me engañas
y a malas no me conoces,
persona de mala entraña.

40
Están doblando campanas.
Que la muerte venga a verme,
le guardo cuatro palabras.

44
Que males todos tenemos,
unos los van pregonando,
yo me los voy escondiendo.

46
Soy más duro que la piedra
más flexible soy que el junco,
al que me farta le muerdo
al que me quiere le ayuo.

47
Yo te firmo de palabra,
no me hace farta er papé
que lo que aquí se acordara
mi sangre lo hará valé.

48
Más firme que la muralla
y más flexible que el saúco,
tierra quiere el olivo,
agüita quieren los juncos.

49
Por caminar no me canso,
que to los caminos tienen
cuesta arriba y cuesta abajo.

50
Que lo di todo por ti
y lo volviera yo a da,
mil veces que se partiera
yo lo volviera arreglá.

59
Yo no me fío de tu sombra
que ahora me dices que es una
y aluego me dices que es otra.

60
Que en viendo yo tu carita
yo sé si la luna sale
por Portugá o por Sevilla.

70
Cuando te digo que vengas
y tú, primita, no vienes,
se me cae el arma ar suelo,
las piernas no me sostienen.

71
Yo a la carce por ti fuera,
si a mí me pide robá,
robara yo las estrellas.

72
No tiene er Guadarquiví,
más agüita en su orillas
que lágrimas yo por ti.

73
Mañana me llevan preso,
qué importa donde me lleven
la vía sin ti e un tormento.

74
Que vengan a mí los guardia
que me lleven a presidio,
contigo venga la carse,
sin ti la vía un martirio.

75
Me lo tienes que explicá
que el só que mustia la rosa,
le sienta bien ar perá/ /
ar pero color le da.

76
Sin ti qué me importa er mundo,
lo que jaya por la tierra
vaya sin ti dando tumbos.

77
El agüita de la fuente
cuando a ti te ve la cara
no deja de estremecerse.

78
Las cerezas se pusieron
coloraítas de verte,
que si no te hubieran visto
nunca pasaran de verdes.

79
Azules como tus ojos,
como tus besos azules,
cuánto corrieran los ríos
por alcanzar a las nubes.

81
Que no te acerques al poso,
que toer que ar poso se acerca,
acaba viendo sus ojos.

82
Penas tengo pa aburrirme,
en llamando tú a la puerta
la alegría corre a abrirte.


87
No tengo arrepentimiento,
lo que yo hise contigo
lo hiciera también despierto.

88
Por ti robo yo la plata,
el oro por ti robara,
que en viéndote de vení
mi voluntad se apaga.

89
Por la cuesta la Caná
er corasón pongo a tiro,
me tiras tú puñalá.

92
Si yo contigo me viera
en medio de una tormenta
no cuente conmigo, prima,
habría perdío la cabeza.

93
Si en medio de la tormenta
tú te echara ar má
contigo yo me jundiera.

94
Si yo contigo me viera
en mitá de un ancho río
las aguas yo me bebiera.

100
Viví sin ti es una carse,
contigo viví un presidio,
por más cuentas que me hago
no sé que hacé yo contigo.

108
Ener mercao de Triana
prima, tiene tú er puesto,
voy a comprarte limone
que a solitas voy mordiendo.


114
A mí lleve la muerte,
le digo no quiró í
pero quiera yo o no quiera
a ella me he de rendí.

115
La muerte sa presentao,
yo le disho que mañana,
pero mañana, ma dicho,
mañana voy a otro lao.

117
Mira si te nombraré
que tengo aburría' las calles
de pregoná tu queré.

118
Por la boca muere er pé
y yo muero por tus güesos,
mira si habré muerto veces
que ni de viví ya me acuerdo.

119
Se me apagó er corasón,
me lo pusieron de jiero
y luego se me oxidó.

120
Se nos fundió er corasón,
nos lo pusieron de oro
cuarquiera vino y compró.

122
To lo que le diga es poco,
los pájaros en su puerta
ar verla se vuerven loco'.

123
Que amí me trague la má
si lo que yo te he contao
no fuera toíto verdá.

124
Se ma licuao l' amó
ayé lo corgaba de un gancho,
corre hoy por el salón.

125
No me merezco estos tratos,
ahí tienes el mercao
si quieres comprá barato.

129
Por las malas o las buenas,
el sol sale por levante
y por poniente se acuesta.




CANTES DE TRILLA

Un homenaje a los mundos de mi padre. La foto toma una de las últimas trillas no sólo de Fuenteheridos sino de toda la Sierra Morena. Puede datarse entre 1980 a 1991 (a ver si logro datarla mejor), que fue la última vez que mi padre trilló en la era de la Carrera. Mi padre trilla junto a la Española, que va por delante y la Roja. Dos mulas de bandera. Con la horquilla -que no bieldo- mi tío Salvador. Es posible que el fotógrafo, el mal fotógrafo, sea yo.



Sudan los segaores
de muy temprano,
muchas son sus fatigas,
ninguna el amo.


Mi padre, de trilla, con la Española y la Roja. Mi tío Salvador al bieldo.

Y vienen ya de vuerta
los segaores,
con la jo en la mano,
con sus suores.

De vuerta de la siega
vienen los mozos,
con las joces ar cinto
por los rastrojos.




Ayer te esperé en la greña
y no venías,
sostuve con la luna
larga porfia.

Suena mulilla Roja,
tu campanilla,
que sepan los labraores
que andas de trilla.

Que la greña está seca,
vamos mulilla,
que cuanto más seca
menos fatiga.

Vamos, mulilla torda,
pisa con tiento,
los cielos de Portugá,
traigan el viento.

Que el trigo ya está en la era,
tu padre en casa,
vente corriendo ar trigo
que haremos parva.

Las mareas de Santigo
limpian el aire,
que el viento sople,
y la paja baile.

De Portugal el viento,
de Güerva el vino,
pa mi la briega
pal amo er trigo.

Que yo te llevé a la era
tú me porfías,
sea la luna testigo
de tus mentiras.

A mi mulilla Roja
yo no la vendo,
que ha de morí conmigo,
bajo el almendro.






PETENERAS

Tú que has perdío a los hombres,
mírame bien, Petenera,
no me perdió a mí er quererte,
sino er que no me quisiera.


No quieras tú castigarme,
déjame en paz, Petenera,
porque después de los truenos
sé que viene la tormenta.