PROGRESO

PROGRESO

Ayer, en un programa de la 2, escuché una reflexión que me impactó por lo que tiene de lúcida, pero también por lo que tiene de inquietante. La sociedad en la que vivimos se ha venido sosteniendo sobre el mantra del progreso. Ciertamente, cuando el hombre necesitaba alcanzar métodos tecnológicos para hacer un puente o alzar un rascacielos, cuando debía afrontar una enfermedad y combatirla por medios científicos, cuando para alcanzar cotas de identidad y de igualdad en la sociedad o entre las sociedades, la palabra progreso tenía aún sentido, era un norte. El progreso se blandía como el espíritu que nos habría de conducir hacia la consecución de esos logros tecnológicos, científicos, sociales y culturales que acabara con las enfermedades, lacras e injusticias de todo tipo. Pero la absorción por parte del capitalismo del concepto no sólo lo ha desvirtuado, sino que, con frecuencia, ha colocado el viejo concepto decimonónico frente a los intereses del hombre como especie y frente a la naturaleza como marco donde habremos de desarrollarnos como especie. El caso es que el concepto progreso, como tantos otros conceptos no sólo ha sido banalizado, sino colonizado por el capitalismo, esa concepción infantil, irresponsable y meramente gerencial del mundo. En nombre del progreso -de un progreso de cuño consumista, economicista y materialista- conducimos el planeta a una situación insostenible y, lo que es peor, sin un posible punto de retorno. Y es que no sólo estamos esquilmando frívolamente recursos limitados, sino que estamos poniendo en peligro la vida en el planeta. Y lo hacemos por estupideces. Estamos vendiendo el mundo de nuestros hijos y nietos, por perfectas tonterías de niños consentidos y alocados. ¿Hacia dónde progresamos, pues?, cabría preguntarse. ¿Hacia la extinción, hacia el caos? Hoy el progreso es un término equívoco, cuando no claramente malévolo y suicida.
El progreso está en cuestión. Somos la primera generación "de progreso" que entregaremos un mundo peor del que encontreamos y sólo este hecho nos debía hacer reflexionar. Pero no reflexionaremos. También nosotros somos una especie en obsolescencia.