INVERSIÓN, NO SUBVENCIÓN

Parece que el empeño de este gobierno es acabar con toda la cultura viva y la educación de este país. Cualquiera podría entender que en tiempos de crisis, la inversión en cultura debiera sufrir un poquito los recortes. Nadie pone en duda eso. Lo que parece temerario e irresponsable es atacar o castigar a la cultura porque la cultura no le haga la ola al gobierno de turno. Nada tiene que ver la cultura con la propaganda, como dan en creer todos los fascismos. A los peperos no les mola nada pero que nada verse señalados ni juzgados ni fotografiados por los culturetas de este país. Ellos están mucho más acostumbrados a las reverencias que a los juicios. Cuarenta años de reverencias no se olvidan en dos legislaturas. A la derecha española no le mola nada que le recuerden la guerra civil, la dictadura y el pasado y el presente del franquismo. A la derecha española no le mola nada que en nuestras universidades se les cuelen pobretones, hijos de porteras y pescadores, gente que vista de baratillo, que venga del sudor y de las lentejas, tocapelotas y subversivos en suma. Ellos conciben la universidad y la educación como una pasarela fashion, con Borjitas, Jimenas y demás concurrencia de orden vistiendo polos de marca, zapatos castellanos y con cientos de litros de brillantina y perfumes parisíes por lo alto. Así es que da gusto estudiar. La derecha española preferiría no salir en la foto de la cultura española porque no sabemos cómo se las arregla pero siempre o casi siempre sale mal, con el rimmel corrido, con las botas de montar perdidas de sangre, con el rictus siempre un poco encabronado y con la sensación de que no dan una a derechas. Esas cosas.
Cuando un gobierno decide castigar al cine, a la literatura, a la música... lo que hace es castigar a sus ciudadanos y castigar su futuro. Sin cultura seríamos simplemente orangutanes. Sí, orangutanes. El cine español es un escaparate lejos de España. Almodóvar ha hecho más por la imagen de modernidad de España y por Iberia que decenas de ministros de Cultura y casi todos los de Hacienda juntos. Cuando pasen 50 años seguiremos hablando de Saura o de Cuerda, pero nadie se acordará del cafre de Montoro, pongo por caso o de la mala bestia de Wert, que, como diría mi padre, son de esas personas que se echan la tierra la lomo. Lo que sé de Hungría lo sé por sus escritores y sus músicos, lo que sé de Irlanda por sus poetas, lo que sé de USA lo sé por su cine y sus novelistas, lo que sé de Austria por sus músicos, lo que sé de Italia o de Francia... Lo que un país se gasta en cultura siempre acaba por recuperarlo con creces. A corto y largo plazo, eso sí. Cuántos extranjeros vienen a España cada año para escuchar o aprender flamenco, para ir al Museo del Prado, para encontrase con los paisajes lorquianos? Cuántos viajan y se gastan la pela en Barcelona para ver Gaudís? Imagino que muchos más que para escuchar los monólogos dramáticos de los montoros y werts de turno. Cuántos extranjeros deciden venir a España seducidos por la imagen del país que proponen las películas. La cultura es lo que los demás saben y perciben de nosotros. Lo que los demás esperan y conocen de nosotros. Cuando visito un país, visito su cultura. Pero por si la cultura no fuera un sector económico importante, que lo es, debiéramos saber que sin ella seríamos más fácilmente manipulables, amnésicos, acríticos, alienados etc...  Pero en fin, como esta derechona ágrafa y cainita, resentida y zafia no parece interesarle más que la economía, debiera saber que los países y las culturas que han ahogado o relegado a la cultura han sido inevitablemente las que menos se han desarrollado. Esto es una constante universal en la economía. ¿Hace falta poner ejemplos? La cultura y la educación son nuestros mejores pagadores porque siempre devuelven con creces lo que reciben. Reflexionen: si el 1% de lo que el país recibe por vía de la Cultura, fuese invertido en Cultura seguramente todos los que trabajamos en este sector viviríamos de puta madre. Nos conformamos con menos, con mucho menos. Con el respeto y con una parte, sólo una milésima parte de lo que contribuimos. Y, una cosa más: la cultura no se subvenciona, como cree la derecha, la cultura se invierte. Con la cultura o la educación no cabe hablar de subvención, sino de inversión. La subvención se conjuga en presente, la inversión en futuro/s. Además, la subvención siempre lleva aparejado un cierto prurito ideológico, la inversión no. Otra cosa es la propaganda. Esa es siempre pan para hoy y hambre para mañana. Por Snoopi.

FOTOS

Esta casa se me hace extraña. Los muebles, las ventanas, las cortinas. Todo. Como si hiciera mucho que me hubiese ido o al volver del trabajo me hubiera equivocado de casa. ¡Porque ésta no puede ser mi casa! Me siento frente a la chimenea a llorar en silencio. Hay un tipo a mi lado, sentado en el sofá, que de cuando en cuando alza los ojos del periódico deportivo y me mira con toda naturalidad, pero ¿lo conozco? En la repisa de la chimenea veo fotos: en una de ellas aparece un hombre de unos treinta y tantos años que le ofrece helado a un bebé; en otra, el mismo tipo va con un niño vestido de los Lakers ante un lejano campo de deporte; en otra observa a una niña rubia con trenzas enseñando sus manos sucias y en la siguiente otra niña (¿es la misma?) aparece con un vestido y una pelota en un jardín con palmeras (ah, palmeras); junto a ella, una más reciente donde el mismo niño de antes sonríe a la cámara vestido con la gorra y la capa azul de la graduación; en otra una mujer sentada en el jardín con una blusa roja y, por fin, en la última, el hombre del sofá y la mujer del jardín vistos en la distancia, muy muy pequeñitos... Quiero gritar, quiero arrancarle el periódico al tipo que está a mi lado y decirle que quite de una vez las fotos de la chimenea, que no soporto las sonrisas congeladas, porque lo sé, lo sé, todos ésos hace tiempo que están muertos.